domingo, 21 de diciembre de 2014

Capítulo 11 y 12

Capítulo 11
Parecía como si Ben se hubiera recuperado ligeramente desde que Thomas le había
visto en el Homestead. Vestía nada más que pantalones cortos, su blanca,
demasiado blanca, piel se extendía por sus huesos como una sábana envuelta
alrededor de un haz de varas. Venas como cuerdas corrían a lo largo de su cuerpo,
palpitantes y verdes, pero menos pronunciadas que el día anterior. Tenía sus ojos
inyectados en sangre cayendo sobre Thomas como si estuviera mirando a su
próxima comida.
Ben se agazapó, listo para hacer otro ataque. En algún momento un cuchillo había
hecho acto de presencia, sujetándolo con su mano derecha. Thomas se llenó de un
nauseabundo temor, incapaz de creer que esto estaba sucediendo en absoluto.
—¡Ben!
Thomas miró hacia la voz, se sorprendió al ver a Alby de pie al borde del
cementerio, un fantasma solo en la penumbra de la tarde. El alivio inundó el cuerpo
de Thomas. Alby sostenía un gran arco, con una flecha inclinada para matar,
señalando directamente a Ben.
—Ben —repitió Alby—. Detente ahora, o no vivirás para ver un mañana.
Thomas se volvió a mirar a Ben, el cual miraba ferozmente a Alby, pasando su
lengua entre los labios para humedecerlos. .Que podria estar mal con ese chico?
Pensó Thomas. El muchacho se había convertido en un monstruo. ¿Por qué?
—Si me matas —gritó Ben, la saliva voló de su boca, lo suficiente como para golpear
a Thomas en el rostro—, se lo estarás haciendo a la persona equivocada. —Él
rompió su mirada de nuevo a Thomas—. Él es el shank a quien quieres matar. —Su
voz estaba llena de locura.
—No seas estúpido, Ben —dijo Alby, su voz era tranquila mientras seguía el objetivo
de la flecha—. Thomas sólo está aquí… no hay de qué preocuparse. Todavía estás
enfermo por lo del Cambio. No debiste haber salido de tu cama.
—¡Él no es uno de nosotros! —gritó Ben—. Lo vi, él es... él es malo. ¡Tenemos que
matarlo! ¡Deja que lo destripe!
Thomas dio un paso involuntario hacia atrás, horrorizado por lo que Ben le había
dicho. ¿Qué quiso decir, con que lo había visto? ¿Por qué creía que Thomas eramalo?
Alby no había movido su arma ni una pulgada, siendo Ben el objetivo. —Deja que
los Guardianes y yo lo averigüemos, shuck-face. —Sus manos estaban
perfectamente estables, mientras sostenía el arco, casi como si lo hubiera apoyado
contra una rama de apoyo—. Ahora, da la vuelta a tu escuálido trasero hacia abajo y
vuelve al Homestead.
—Él nos quiere llevar a casa —dijo Ben—. Él nos quiere sacar del laberinto. ¡Sería
mejor que todos saltáramos del acantilado! ¡Sería mejor que nos arrancáramos los
unos a los otros las tripas!
—¿Qué estás diciendo…? —Thomas comenzó.
—¡Aparta la cara! —Gritó Ben—. ¡Aparta tú fea, cara traidora!
—Ben —dijo Alby con calma—. Voy a contar hasta tres.
—Es malo, es malo, es malo... —Estaba susurrando Ben ahora, casi cantando. Se
balanceaba adelante y atrás, cambiando el cuchillo de una mano a otra, con los ojos
fijos en Thomas.
—Uno.
—Malo, malo, malo, malo, malo... —Ben sonrió, sus dientes parecían brillar con un
color verdoso bajo la pálida luz.
Thomas quería mirar a otro lado, salir de allí. Pero no podía moverse, estaba
demasiado hipnotizado, tenía demasiado miedo.
—Dos. —Era la voz de Alby más fuerte, llena de advertencia.
—Ben —dijo Thomas, tratando de dar sentido a todo—. Yo no soy... no sé ni lo
que…
Ben gritó, un gorgoteo ahogado de locura, y saltó en el aire, acuchillando con su
hoja.
—Tres —gritó Alby.
Se oyó el ruido del chasquido de un alambre. El zumbido de un objeto surcando el
aire. La repugnante, húmeda sensación de ella encontrando un hogar.
La cabeza de Ben rompió violentamente a la izquierda, retorciendo su cuerpo hasta
que se posó en su estómago, con los pies apuntando hacia Thomas. No hizo ningún
sonido.
Thomas se puso en pie y se tambaleó hacia delante. El largo eje de la flecha estaba
pegado a la mejilla de Ben, era sorprendente que la sangre fuera menor que la que
Thomas había esperado, pero salía igual. Negra en la oscuridad, como el petróleo. Elúnico movimiento fue el del dedo meñique de Ben, temblando.
Thomas luchó contra el impulso de vomitar. ¿Había muerto Ben por su causa? ¿Fue
culpa suya?
—Vamos —dijo Alby—. Los Baggers cuidaran de él mañana.
.Que habia pasado aqui? Pensó Thomas, el mundo se inclinaba a su alrededor
mientras miraba el cuerpo sin vida. ¿Qué le he hecho a este chico?
Miró hacia arriba, queriendo respuestas, pero Alby ya se había ido, una rama
temblorosa era la única señal de que alguna vez había estado aquí en primer lugar.
Thomas entrecerró los ojos contra la cegadora luz del sol al salir del bosque.
Cojeaba, el tobillo gritaba de dolor, aunque no tenía recuerdo de habérselo
lastimado. Tenía una mano con cuidado sobre el área donde había sido mordido, y
la otra agarraba el estómago como si eso impidiera lo que Thomas sentía ahora
fueran unas ganas inevitables de vomitar. La imagen de la cabeza de Ben vino a la
cabeza, ladeada en un ángulo antinatural, la sangre corriendo por el eje de la flecha
hasta que lo completó, goteaba, salpicado en el suelo....
La imagen de ese chico fue el colmo.
Cayó de rodillas junto a uno de los escuálidos árboles en las afueras del bosque y
vomitó, teniendo arcadas mientras tosía y escupía cada bocado de la ácida bilis,
desagradable de su estómago. Todo su cuerpo temblaba y parecía que el vómito no
tendría fin.
Y luego, como si su cerebro se burlara de él, tratando de hacerlo peor, tuvo un
pensamiento. Había estado ya en el Claro aproximadamente unas veinticuatro
horas. Un día completo. Eso era todo. Y mira todo lo que había sucedido. Todas las
cosas terribles.
Sin duda, esto sólo podía mejorar.
Esa noche, Thomas estaba mirando el cielo estrellado, preguntándose si alguna vez
dormiría de nuevo. Cada vez que cerraba los ojos, veía la imagen monstruosa de
Ben saltando a él, la cara del niño envuelta en la locura, llenaba su mente. Con los
ojos abiertos o no, podía jurar que seguía escuchando el húmedo sonido de la
flecha golpeando en la mejilla de Ben.
Thomas sabía que nunca iba a olvidar esos terribles minutos en el cementerio.
—Di algo —dijo Chuck por quinta vez desde que se habían metido en sus sacos de
dormir.
—No —contestó Thomas, como lo había hecho antes.—Todo el mundo sabe lo que pasó. Ha sucedido una o dos veces, algunos Griever
shank enloquecen y atacan a alguien. No creas que eres especial.
Por primera vez, pensó Thomas la personalidad de Chuck había pasado de
ligeramente irritante a intolerable. —Chuck, tienes suerte de que no esté
sosteniendo el arco de Alby ahora.
—Estoy de broma.
—Cállate, Chuck. Vete a dormir. —Thomas no podía manejar eso en este momento.
Con el tiempo, su “amigo” se quedó dormido, y basándose en el ruido de ronquidos
a través del Claro, también lo hicieron todos los demás. Horas más tarde, bien
entrada la noche, Thomas todavía era el único despierto. Quería llorar, pero no lo
hizo. Quería encontrar a Alby y golpearlo, sin motivo alguno, pero no lo hizo. Quería
gritar y patear y escupir y abrir la Caja y saltar a la oscuridad de abajo. Pero no lo
hizo.
Cerró los ojos y obligó a los pensamientos y a las oscuras imágenes a alejarse y en
algún momento se quedó dormido.
Chuck tuvo que arrastrar a Thomas fuera de su saco de dormir por la mañana,
arrastrarlo con él a las duchas, y arrastrarlo con él a los vestuarios. Durante todo el
tiempo, Thomas se sintió fregado e indiferente, con la cabeza dolorida, con su
cuerpo queriendo dormir más. El desayuno fue un borrón, y una hora después de
haber terminado, Thomas no podía recordar lo que había comido. Estaba muy
cansado, su cerebro se sentía como si alguien hubiera entrado y grapado a su
cráneo en una docena de lugares. La acidez destrozaba su pecho.
Pero por lo que podía decir, las siestas eran mal vistas en el gigante trabajo de la
granja del Claro.
Se puso de pie con Newt delante del granero de la Blood House, preparándose para
su primera sesión de entrenamiento con un Guardián. A pesar de la mañana en
bruto, estaba realmente emocionado por aprender más, y por la oportunidad de
conseguir alejar de su mente a Ben y al cementerio. Las vacas mugían, las ovejas
balaban, los cerdos chillaban a su alrededor. En algún lugar cerca, un perro ladró,
Thomas esperaba que Frypan no trajera un nuevo significado a la palabra perrito
caliente. Perrito Caliente, pensó. .Cuando fue la ultima vez que obtuve un perrito
caliente? .Con quien me lo comi?
—Tommy, ¿me estás escuchando siquiera?
Thomas salió de su aturdimiento y se centró en Newt, que había estado hablandopor quién sabía cuánto tiempo, Thomas no había oído una sola palabra. —Sí, lo
siento. No pude dormir anoche.
Newt intentó una sonrisa patética. —No te puedo culpar. Fue a través del molesto
timbre, lo hiciste. Probablemente soy un slinthead shank por hacer trabajar a tu
trasero hoy después de un episodio como ese.
Thomas se encogió de hombros. —El trabajo es probablemente la mejor cosa que
podía hacer. Cualquier cosa para que mi mente esté despejada.
Newt asintió con la cabeza, y su sonrisa se hizo más real. —Eres tan inteligente
como pareces Tommy. Esa es una de las razones de por qué nos encontramos este
agradable y atareado lugar. Si eres perezoso, si estás triste. Empieza a ir para arriba.
Así de simple.
Thomas asintió, pateando ausentemente una piedra suelta en el polvoriento suelo,
una agrietada piedra del Claro. —Entonces, ¿qué es de esa última chica de ayer? —
Si algo había penetrado en la bruma de su larga mañana, habían sido sus
pensamientos sobre ella. Quería saber más, comprender la extraña conexión que
sentía con ella.
—Aún está en estado de coma, durmiendo. Le están dando de comer sopa con una
cuchara de lo que Frypan puede cocinar, comprobando sus entrañas y eso. Ella
parece estar bien, sólo muerta para el mundo por ahora.
—Eso fue simplemente extraño. —Si no hubiera sido por el incidente de Ben en el
cementerio, Thomas estaba seguro de que ella habría sido todo en lo que habría
pensado la noche anterior. Tal vez no habría sido capaz de dormir por una razón
completamente diferente. Quería saber quién era y si de verdad la conocía de
alguna manera.
—Sí —dijo Newt—. Extraño es una palabra tan buena como cualquier otra,
supongo.
Thomas miró por encima del hombro de Newt en el granero de color rojo
desteñido, dejando los pensamientos sobre la chica a un lado. —Entonces, ¿qué es
primero? ¿Ordeñar las vacas o masacrar a algunos pobres cerdos?
Newt se rió, un sonido que Thomas se dio cuenta que no había oído mucho desde
que había llegado. —Siempre hacemos que los Newbies comiencen con los
sangrientos Slicers. No te preocupes, cortar viandas para Frypan, es sólo el
comienzo. Los Slicers hacen todos y cada una de las negociaciones con las bestias.
—Lástima que no pueda recordar mi vida entera. Tal vez me gustaba mataranimales. —Era una broma, pero no parecía que Newt la hubiera entendido.
Newt asintió con la cabeza hacia el establo. —Oh, lo sabrás en cuanto el sol se
ponga esta noche. Vamos a conocer a Winston… él es el Guardián. —Winston era
un niño cubierto de acné, bajo pero musculoso, y le pareció a Thomas que al
Guardián le gustaba demasiado su forma de trabajo. Tal vez fue enviado aqui por
ser un asesino en serie, pensó.
Winston le demostró a Thomas alrededor de la primera hora, señalando qué plumas
sujetar en qué animales, donde estaba el gallinero de las gallinas y el pavo, dónde
iba cada cosa en el granero. El perro, un labrador negro llamado Lab, cogió
rápidamente a Thomas, colgando de sus pies todo el recorrido.
Preguntándose de donde vino el perro, Thomas se lo preguntó a Winston, quien
dijo que Lab siempre había estado ahí. Por suerte, parecía haber recibido su nombre
como una broma, porque era bastante tranquilo. La segunda hora se la pasó
realmente trabajando con la granja de animales; alimentándoles, limpiando, fijando
una valla, raspando mierda. Mierda5. Thomas se encontraba con los términos del
Claro cada vez más y más.
La tercera hora fue la más difícil para Thomas. Él tuvo que ver como Winston
sacrificaba un cerdo y comenzaba la preparación de sus muchas partes para
comerlas en el futuro. Thomas se juró dos cosas a sí mismo mientras se alejaba para
la hora del almuerzo. En primer lugar, su carrera no estaría con los animales, en
segundo lugar, nunca más podría comer algo que hubiera salido de un cerdo.
Winston le había dicho que fuera él, solo, que él permanecería en la Blood House,
eso estaba muy bien con Thomas. Mientras caminaba hacia la puerta del Este, sin
poder dejar de imaginarse a Winston en un oscuro rincón del establo, royendo
patas de cerdo crudas. El tipo le daba esa impresión.
Thomas estaba pasando por la Caja cuando se sorprendió al ver a alguien entrar en
el laberinto del Claro, a través de la Puerta del Oeste, a su izquierda; un muchacho
asiático con brazos fuertes y el pelo corto y negro, que parecía un poco mayor que
Thomas. El Corredor se detuvo a tres pasos, después se inclinó y puso las manos
sobre las rodillas, jadeando. Parecía como si acabara de correr veinte millas, con la
cara roja, la piel cubierta de sudor, la ropa empapada.
Thomas le miró, vencido por la curiosidad, todavía no había visto a un Corredor de
cerca o hablado con uno.
5 Se refiere al término Klunk, un término propio de los habitantes del Claro que
significa Mierda. La frase original es: The second hour was spent actually workingwith the farm animals—feeding, cleaning, fixing a fence, scraping up klunk. Klunk.
Además, con base al último par de días, el Corredor estaba en casa temprano.
Thomas dio un paso adelante, ansioso por encontrarse con él y hacerle preguntas.
Pero antes de que pudiera formar una frase, el muchacho se desplomó al suelo.Capítulo 12
Thomas no se movió durante unos segundos. El chico se colocó en posición fetal, sin
apenas moverse, pero Thomas estaba detenido por la indecisión, con miedo de
involucrarse. ¿Qué pasaba si algo estaba realmente mal con este chico? ¿Qué
pasaba si había sido… ofendido? Que pasaba si…
Thomas se espabiló, el Corredor obviamente necesitaba ayuda.
—¡Alby! —chilló—. ¡Newt! ¡Que alguien lo coja!
Thomas se acercó esprintando, al chico más mayor y se arrodilló a su lado.
—Hey, ¿estás bien? —La cabeza del Corredor descansaba en los extendidos brazos
mientras jadeaba, su pecho alzándose. Estaba inconsciente, pero Thomas nunca
había visto alguien tan exhausto.
—Estoy… bien, —dijo entre respiraciones, entonces miró hacia arriba—. ¿Quién
demonios eres tú?
—Soy nuevo aquí. —Entonces Thomas entendió que los Corredores estaban fuera
en el Laberinto durante el día y no habían presenciado ninguno de los eventos de
primera mano. ¿Este chico sabría lo de la chica? Lo más probable, seguramente
alguien se lo habría dicho—. Soy Thomas, estoy aquí sólo desde hace un par de días.
El Corredor se incorporó sentándose, su pelo negro pegado a su cabeza por el
sudor. —Oh, sí, Thomas —dijo respirando con dificultad—. Novato. Tú y la chica.
Alby se incorporó de un salto, claramente molesto. —¿Qué estás haciendo aquí de
regreso ya, Minho? ¿Qué ha pasado?
—Cálmate, Alby —le contestó el Corredor, pareció que recobraba energías durante
unos segundos—. Haz algo útil y tráeme agua, dejé mi mochila fuera en algún sitio.
Pero Alby no se movió. Pateó la pierna de Minho, demasiado fuerte como para ser
en broma. —¿Qué ha pasado?
—¡Apenas puedo hablar, shuk-face! —le gritó Minho, con voz tosca—. ¡Tráeme algo
de agua!
Alby miró hacia Thomas, que se asombró de ver la más mínima sonrisa atravesar su
cara antes de desaparecer frunciendo el ceño. —Minho es el único Shank que me
puede hablar así sin que le patee el culo en el Acantilado.
Entonces, sorprendiendo aún más a Thomas, Alby se giró y corrió, probablementepor el agua de Minho.
Thomas se giró hacia Minho. —¿Él te deja que le des órdenes?
Minho se encogió de hombros, entonces se limpió unas gotas de sudor de su frente.
—¿Te has asustado de ese don nadie? Hombre, tienes mucho que aprender.
Jodidos novatos.
A Thomas le dolió la reprimenda más de lo que debería, considerando que conocía
ese chico desde hace un total de tres minutos. —¿Él no es el líder?
—¿Líder? —Minho soltó un gruñido que probablemente pretendía ser una risa—.
Sí, llámale líder tanto como quieras. Quizá deberíamos llamarle El Presidente. Nah,
nah. Almirante Alby. No te fastidia. —Se frotó los ojos, riéndose disimuladamente
mientras lo hacía.
Thomas no sabía que pensar de la conversación, era difícil decir cuando Minho
estaba bromeando. —¿Entonces quién es el líder si él no lo es?
—Greenie, simplemente cállate antes de que te confundas aún más. —Minho
suspiró aburrido, entonces murmuró, más para sí mismo—. ¿Por qué ustedes los
shanks siempre vienen preguntado cosas estúpidas? Es realmente molesto.
—¿Qué esperas que hagamos? —Thomas sintió un arrebato de ira. Como si tu
hubieras sido diferente cuando llegaste aqui, le hubiera gustado decirle.
—Haz lo que se te diga, mantén la boca cerrada. Eso es lo que espero.
Minho le miró por primera vez con dureza en la cara con la última frase, y Thomas
se movió hacia atrás unos cuantos pasos antes de que pudiera detenerse. Se dio
cuenta de inmediato de que había cometido un error, no podía permitir que este
chico pensara que podía hablarle así a él.
Se obligó a colocarse de rodillas para mirar mejor al chico mayor. —Sí, estoy seguro
que hiciste exactamente eso cuando eras un Novato.
Minho miro cuidadosamente a Thomas. Entonces, otra vez mirándole fijamente a
los ojos, dijo: —Fui uno de los primeros Habitantes del Claro, cabeza de chorlito.
Cállate la puta boca hasta que sepas de lo que estás hablando.
Thomas, ahora un poco asustado del chico, pero en mayor parte harto de su
actitud, se movió para incorporarse. Bruscamente la mano de Minho agarró su
brazo.
—Amigo, siéntate. Simplemente estoy jugando contigo. Es demasiado divertido, ya
verás cuando el próximo novato… —dejándolo en el aire, arrugando las cejas—.
¿Supongo que no habrá otro novato, huh?Thomas se relajó, volviendo a sentarse, sorprendido de lo rápido que había podido
aliviarle. Pensó en la chica y el tono con el que indicaba que ella era la última. —
Supongo que no.
Minho entrecerró los ojos ligeramente, como si estuviera estudiando a Thomas. —
¿Tú has visto a la chica, verdad? Todo el mundo dice que tú probablemente sepas
quién es o algo así.
Thomas empezó a sentir que se ponía a la defensiva. —La he visto. No me parece
familiar en absoluto. —Se sintió de inmediato culpable por mentir, incluso si era
una pequeña mentira.
—¿Está buena?
Thomas se pausó, sin haber pensado en ella de esa forma después de que se
pusiera histérica y diera la nota con una única línea: Todo va a cambiar. Pero
entonces recordó lo hermosa que era. —Sí, supongo que está buena.
Minho se recostó hasta quedar estirado en el suelo, con los ojos cerrados. —Sí, tú lo
supones. ¿Si te van las tías en coma, verdad? —se volvió a reír con disimulo.
—Verdad. —Thomas estaba teniendo problemas preguntándose si Minho le
gustaba o no, su personalidad parecía cambiar a cada minuto. Después de una larga
pausa, Thomas decidió que debería aprovechar la oportunidad—Así que… —
preguntó con cuidado—, ¿has encontrado algo hoy?
Minho abrió los ojos de par en par; clavados en Thomas. —¿Qué sabes, Greenie?
Esa es la cosa más jodida que le podías preguntar a un Corredor. —Volvió a cerrar
los ojos—. Pero no hoy.
—¿Qué quieres decir? —Thomas se atrevió a esperar información. Una respuesta,
pensó. !Por favor solo dame una respuesta!
—Simplemente espera a que el elegante Almirante regrese. No me gusta decir las
cosas dos veces. Además, puede que él no quiera que lo escuches de todas formas.
Thomas suspiró. No estaba para nada sorprendido con la no-respuesta. —Bueno,
al menos dime porque pareces tan cansado. ¿No corres por ahí fuera todos los días?
Minho gimió al incorporarse y cruzó las piernas por debajo suyo. —Sí, Greenie.
Corro por ahí fuera todos los días. Simplemente digamos que me excité un poco y
corrí de más para traer de vuelta mi culo hasta aquí.
—¿Por qué? —Thomas desesperadamente quería saber que había ocurrido en el
Laberinto.
Minho estiró los brazos hacia arriba. —Hombre, te lo he dicho. Paciencia. Espera alGeneral Alby.
Algo en su voz disminuyó el golpe, y Thomas tomó una decisión. Le gustaba Minho.
—Está bien, me callaré. Pero asegúrate de que Alby me deja escuchar las noticias,
también.
Minho lo estudió durante un segundo. —Okay, Greenie. Tú eres el jefe.
Alby llegó un momento después con una gran taza de plástico llena de agua y se la
dio a Minho, que se tragó todo sin apenas un respiro.
—Bien —dijo Alby—, suéltalo ya. ¿Qué ha pasado?
Minho alzó las cejas y asintió hacia Thomas.
—Él está bien —respondió Alby—. No me importa lo que este shank oiga.
¡Simplemente habla!
Thomas se sentó con anticipación a la vez que Minho se esforzaba en ponerse de
pie, haciendo gestos de dolor con cada movimiento, todo su comportamiento solo
gritaba cansancio. El Corredor se balanceó hasta la pared, le dedicó una mirada fría
a los dos. —He encontrado a uno muerto.
—¿Huh? —preguntó Alby—. ¿Un qué muerto?
Minho sonrió. —Un Griever.