Capítulo 2
Las manos que ayudaban no pararon de agitarse alrededor de él hasta que Thomas
estuvo de pie y tenía el polvo sacudido de su camisa y pantalones. Aun
deslumbrado por la luz, el trastabilló un poco. Estaba consumido por la curiosidad
pero aun se sentía muy enfermo para mirar con detenimiento a sus alrededores.
Sus nuevos compañeros no dijeron nada mientras él giraba su cabeza alrededor,
tratando de incorporar todo.
Al tiempo que rotaba en un círculo lento, los otros chicos comentaban y miraban
fijamente; algunos se adelantaron y lo pinchaban con el dedo. Debía haber al menos
cincuenta de ellos, sus ropas sucias y sudadas como si hubieran estado trabajando
duro, de todas las formas, tamaños y razas, su cabello de distintos largos. Thomas
se sintió repentinamente mareado, sus ojos revoloteando de los chicos al bizarro
lugar en el cual se había encontrado a sí mismo.
Estaban de pie en un amplio patio varias veces el tamaño de un campo de futbol,
rodeado de enormes murallas hechas de piedra gris y cubiertas de manchones de
gruesa hiedra. Las murallas deberían ser de cientos de pies de alto y formaban un
cuadrado perfecto alrededor de ellos, cada lado estaba partido exactamente en la
mitad por una abertura del mismo alto de las paredes que, por lo que Thomas pudo
ver, llevaban a pasajes y corredores más allá.
—Mira al Greenbean —una voz chirriante dijo; Thomas no podía ver de quien
venía—. Se va a quebrar su jodido cuello checando los nuevos alojamientos. —
Varios chicos rieron.
—Cierra el pico, Gally —una voz más profunda respondió.
Thomas se focalizó de vuelta en las docenas de extraños a su alrededor. Sabía que
debía mirar fuera de eso, se sentía como si hubiera sido drogado. Un chico alto con
cabello rubio y mandíbula cuadrada lo olio, su rostro vacío de expresión. Un
pequeño y rechoncho niño se mecía adelante y atrás en sus pies, mirando a Thomas
con los ojos como platos. Un grueso y muy musculoso chico asiático se cruzo de
brazos mientras estudiaba a Thomas, sus apretadas mangas de la camisa enrolladas
para mostrar sus bíceps. Un chico de piel oscura frunció el ceño, el mismo que le
había dado la bienvenida. Otros incontables miraban fijamente.—¿Dónde estoy? —Thomas preguntó, sorprendido de escuchar su voz por primera
vez en su memoria rescatable. No sonaba exactamente bien, más alta de lo que él
hubiera imaginado.
—En ningún lado bueno —ésta vino del chico de piel oscura—. Sólo aliviánate
agradable y calmadamente.
—¿Cuál Guardián va a tener? —alguien gritó desde la parte de atrás de multitud.
—Te dije, shuck-face —una voz estridente respondió—. Es un idiota, así que será un
Slopper- sin duda alguna. —El chico soltó una risita como si justo hubiera dicho la
cosa más graciosa en la historia.
Thomas una vez más sintió un punzante dolor de confusión, escuchar tantas
palabras y frases que no tenían sentido. Shank. Shuck. Guardian. Slopper. Emergían
de las bocas de los chicos tan naturalmente que parecía extraño que él no
entendiera. Era como si su pérdida de memoria hubiera robado una pieza de su
lenguaje, era desorientador.
Diferentes emociones batallaban por dominar su mente y corazón. Confusión.
Curiosidad. Pánico. Miedo. Pero enlazada con todo eso estaba el oscuro
sentimiento de pura desesperanza, como si el mundo hubiera terminado para él,
hubiera sido borrado de su memoria y reemplazado por algo desagradable. Él
quería correr y esconderse de esta gente.
El chico de la voz chirriante estaba hablando. —Incluso hace mucho, apuesto mi
hígado a eso. —Thomas aun no podía ver su rostro.
—¡Dije cierren el pico! —el chico de piel oscura gritó—. ¡Continúen ladrando y el
próximo interruptor será partido por la mitad!
Ese debía ser el líder, Thomas se dio cuenta. Odiando como todos lo miraban con la
boca abierta, él se concentró en estudiar el lugar que el chico había llamado El
Claro.
El piso del campo se veía como si fuera hecho de enormes bloques de piedra,
muchos de ellos partidos y rellenos con largos pastos y hierbas. Un extraño y
dilapidado edificio de madera cerca de una de las esquinas del cuadrado
contrastaba enormemente con la piedra gris. Unos pocos árboles lo rodeaban, sus
raíces como manos retorcidas hundiéndose en el suelo de roca en busca de comida.
Otra esquina en el recinto tenía jardines, desde donde él estaba parado Thomas
reconoció maíz, plantas de tomates y árboles frutales.
Al otro lado del campo, había corrales de madera que contenían ovejas, cerdos yvacas. Una enorme arboleda llenaba la esquina final; los más cercanos se veían
dañados y cercanos a la muerte. El sol encima de ellos era azul y vacío de nubes,
pero Thomas no pudo ver ninguna señal del sol a pesar del brillante día. Las
rastreras sombras de las murallas no revelaban el tiempo ni la dirección, podía ser
temprano en la mañana o media tarde. Mientras respiraba profundo, tratando de
calmar sus nervios, una mezcla de olores lo bombardeó. Tierra fresca removida,
abono, pino, algo podrido y algo dulce. De alguna forma supo que estos eran los
aromas de una granja.
Thomas miró hacia sus captores, sintiéndose incómodo pero desesperado por hacer
preguntas.
Captores, pensó. Entonces, .Por que esa palabra emergio en mi mente?
Él escaneó sus rostros, absorbiendo cada expresión, juzgándolos. Uno de los ojos de
los chicos, quemado por el odio, lo detuvo en seco. Se veía tan enojado, que
Thomas no se hubiera sorprendido si el chico fuera hacia él con un cuchillo. Tenía el
cabello negro, y cuando hicieron contacto visual, el chico agitó su cabeza y se alejo,
caminando hacia el grasiento mástil de hierro con una banca de madera junto a él.
Una bandera multicolor colgaba flojamente en lo alto del mástil, pero no había
ningún viento que revelara su patrón.
Consternado, Thomas miró fijamente la espalda del chico hasta que él se giró y
tomó asiento. Thomas rápidamente desvió la mirada.
Repentinamente el líder del grupo —quizás tenía unos diecisiete años— dio un paso
adelante. Usaba ropas normales: una camiseta negra, jeans, zapatillas, un reloj
digital. Por alguna razón la ropa de aquí sorprendió a Thomas; parecía que todos
deberían estar usando ropa un poco más amenazadora, como trajes de prisión. El
chico de piel oscura tenía el cabello corto, su rostro, limpiamente afeitado. Pero
aparte del permanente gesto de ceño fruncido, no había nada terrorífico respecto a
él.
—Es una larga historia, shank —dijo el chico—. Pieza a pieza, lo aprenderás, te
llevare de tour mañana, hasta entonces… sólo… no rompas nada. —Él estiró una
mano—. Mi nombre es Alby. —Esperó, claramente esperando el saludo de manos.
Thomas se rehusó. Algo de instinto se sobrepuso a sus acciones y sin decir nada él
se alejó de Alby y caminó hacia el árbol más cercano, donde se lanzó al piso para
sentarse con su espalda contra la áspera corteza. El pánico se hincho dentro de él
nuevamente, casi demasiado como para aguantarlo. Pero tomó un aliento profundoy se forzó a sí mismo a tratar de aceptar la situación.
Solo aceptalo, pensó. No vas a entender nada si te rindes al miedo.
—Entonces dime —Thomas gritó, luchando por mantener su voz calmada—. Dime
la larga historia.
Alby miró a sus amigos más cercanos, haciendo rodar los ojos, y Thomas estudio a la
multitud de nuevo. Su estimación original había estado cercana, eran
probablemente cincuenta o sesenta de ellos, desde chicos en la mitad de la
adolescencia hasta adultos jóvenes como Alby, quien parecía ser el más viejo. En
ese momento, Thomas se dio cuenta con un retorcijón desagradable de que no
tenía idea de cuan viejo él era. Su corazón se hundió ante el pensamiento, estaba
tan perdido que ni siquiera sabía su propia edad.
—En serio —dijo él, rindiéndose en el espectáculo de coraje—. ¿Dónde estoy?
Alby caminó hacia él y se sentó cruzando las piernas; el grupo de chicos lo siguió y
se agrupó tras de él. Las cabezas emergieron aquí y allá, los chicos inclinándose en
todas direcciones para obtener una buena vista.
—Si no estás asustado —Alby dijo—. No eres humano. Actúa de alguna forma
diferente y te lanzaría desde El Acantilado porque significaría que eres un sicótico.
—¿El Acantilado? —Thomas preguntó, la sangre escapando de su rostro.
—Joder —Alby dijo, frotando sus ojos—. No hay ninguna forma de iniciar esta
conversación, ¿me entiendes? Nosotros no matamos a shanks como tú aquí, lo
prometo. Sólo trata y evita ser asesinado, sobrevive, como sea.
Él hizo una pausa, y Thomas se dio cuenta de que su rostro debería haberse
blanqueado aun más cuando él escuchó esa última parte.
—Hombre —Alby dijo, luego corrió sus manos sobre su corto cabello mientras
dejaba salir un largo suspiro—. No soy bueno en esto, eres el primer Greenbean
desde que Nick fue asesinado.
Los ojos de Thomas se abrieron como platos, y otro chico se adelantó y
juguetonamente golpeó a Alby en la cabeza. —Espera al Tour Sangriento, Alby —él
dijo, su voz gruesa con un extraño acento—. El chico va a tener un molesto ataque
al corazón, sin haber escuchado nada aun. —Él se dobló y extendió su mano hacia
Thomas—. Mi nombre es Newt, Greenie, y todos estaremos inmediatamente
alegres si te olvidaras de nuestro nuevo líder tengo-una-mierda-por-cerebro, aquí.
Thomas extendió su mano y agitó la del chico, él parecía mucho más simpático que
Alby. Newt era mucho más alto que Alby también, pero se veía como si fuera unaño o algo más joven. Su cabello era rubio y largo, cayendo en cascada sobre su
camiseta. Las venas emergían desde sus musculosos brazos.
—Encáñalo, shuck-face —Alby gruñó, tirando de Newt para que se sentara junto a
él—. Al menos él pude entender la mitad de mis palabras. —Hubo unas pocas risas
dispersas, y luego todos se agruparon tras Alby y Newt, apretándose aun más,
esperando a escuchar lo que iban a decir.
Alby extendió sus manos, las palmas arriba. —Este lugar es llamado El Claro,
¿cierto? Es donde vivimos, donde comemos, donde dormimos, nos llamamos a
nosotros mismos Los Habitantes del Claro. Eso es todo lo que tu…
—¿Quién me envió aquí? —Thomas demandó, el miedo finalmente dándole paso a
la rabia—. Como…
Pero la mano de Alby emergió antes de que él pudiera terminar, agarrando a
Thomas de la camiseta mientras se inclinaba hacia adelante en sus rodillas. —
¡Levántate, shank, levántate! —Alby se puso de pie, tirando a Thomas con él.
Thomas finalmente se puso en pie, asustado nuevamente. Él retrocedió contra el
árbol, tratando de alejarse de Alby, quien estaba de pie a centímetros de él.
—¡Sin interrupciones chico! —Alby gritó—. Whacker1, si nosotros te decimos todo,
morirías aquí mismo, justo después de que te hagas mierda en los pantalones. Los
Baggers te sacaran, y no nos servirás para nada, ¿cierto?
—Ni siquiera sé de lo que estás hablando —Thomas dijo lentamente,
conmocionado por cuan tranquila sonaba su voz.
Newt estiro su mano y tomó a Alby por los hombros. —Alby, relájate un poco. Estas
haciendo más daño que ayudando, ¿sabes?
Alby dejo ir la camiseta de Thomas y retrocedió, su pecho pesado con los jadeos. —
No es tiempo de ser agradable, Greenbean. La antigua vida se ha acabado, la nueva
vida comienza. Aprende las reglas rápido, escucha, no hables. ¿Me entiendes?
Thomas miró hacia Newt, esperando ayuda. Todo dentro de él estaba revuelto y
herido; las lágrimas que aun debían quedar quemaban sus ojos.
Newt asintió. —Greenie, lo entendiste, ¿cierto? —él asintió de nuevo.
Thomas echaba chispas, quería golpear a alguien. Pero simplemente dijo, —Sí.
—Eso es bueno —dijo Alby—. Primer día. Eso es lo que esto es para ti, shank. La
noche ya viene, los Corredores estarán de vuelta pronto. La Caja llegó tarde hoy, no
tenemos tiempo para el Tour. Mañana en la mañana, justo después de levantarnos.
—Él se giró hacia Newt—. Consíguele una cama, llévalo a dormir.—Eso es bueno —Newt dijo.
Los ojos de Alby retornaron a Thomas, estrechándose. —Unas pocas semanas,
estarás feliz, shank. Estarás feliz y será útil. Ninguno de nosotros conoció el boliche
el primer día, tu tampoco, la nueva vida comienza mañana.
1 Intenta ser un insulto. Referido probablemente a una persona que se queja demasiado.
Alby se giró y se abrió camino a través de la multitud, luego se encaminó hacia el
inclinado edificio de madera en la esquina. La mayoría de los chicos se dispersaron
luego de eso, cada uno dándole a Thomas una prolongada mirada antes de alejarse.
Thomas cruzo sus brazos, cerró sus ojos, y tomó un aliento profundo. El vacío se
dispersó en su interior, rápidamente siendo reemplazada por una tristeza que hería
su corazón. Todo era demasiado… ¿Dónde estaba? ¿Qué era este lugar? ¿Era alguna
clase de prisión? Si así era, ¿Por qué lo habían enviado aquí, y por cuánto tiempo? El
lenguaje era extraño, y ninguno de los chicos parecía preocuparse por si vivían o
morían. Las lágrimas amenazaron nuevamente con llenar sus ojos, pero él se rehusó
a dejarlas salir.
—¿Qué es lo que hice? —él susurró, sin intenciones de que alguien lo escuchara—.
¿Qué es lo que hice? ¿Por qué me enviaron aquí?
Newt lo golpeó en el hombro. —Greenie, lo que estas sintiendo, todos lo hemos
sentido. Todos hemos tenido nuestro primer día, salido desde esa caja oscura. Las
cosas son malas, lo son, y se pondrán mucho peor para ti pronto, esa es la verdad.
Pero con un poco de tiempo, estarás peleando bien y de verdad. Puedo darme
cuenta de que no eres un maldito marica.
—¿Es esto una prisión? —Thomas preguntó; él rebuscaba en la oscuridad de sus
pensamientos, tratando de encontrar una grieta a su pasado.
—Ya has hecho cuatro preguntas, ¿cierto? —Newt respondió—. No hay buenas
respuestas para ti, no todavía, de todas formas. Es mejor estar tranquilo ahora,
aceptar el cambio, la alborada llega mañana.
Thomas no dijo nada, su cabeza hundida, los ojos mirando fijamente la tierra de
roca agrietada. Una línea de hierbas con pequeñas hojas corrían por el borde de
uno de los bloques de piedra, pequeñas flores amarillas espiando por entremedio
como si estuvieran buscando el sol, que ya había desaparecido hace rato tras las
enormes paredes del Claro.
—Chuck será una buena pareja para ti —Newt dijo—. Es un shank pequeñito yregordete, pero es buena sabia cuando todo está dicho y hecho. Quédate aquí,
volveré pronto.
Newt casi no había terminado de irse cuando un repentino y agudo grito corto por
el aire, alto y estridente, el escasamente humano alarido hizo eco a través del
campo de piedra; cada chico a la vista se giró para mirar hacia la fuente. Thomas
sintió su sangre transformarse en hielo a medio derretir mientras se daba cuenta de
que ese horrible sonido había venido desde el edificio de madera.
Aun cuando Newt había saltado como si estuviera sorprendido, su frente
arrugándose en preocupación.
—Joder —él dijo—. ¿No puede el maldito medicucho manejar a ese chico por diez
minutos sin necesitar mi ayuda? —él negó con la cabeza y suavemente pateó a
Thomas en el pie—. Encuentra a Chuckie, dile que está a cargo de los arreglos para
que duermas. —Y luego se giró encaminándose en la dirección del edificio,
corriendo.
Thomas se deslizó por la áspera cara del árbol hasta que se sentó en la tierra de
nuevo; él se apretó contra la corteza y cerró sus ojos, deseando que pudiera
despertar de este terrible, terrible sueño.