Thomas casi estaba triste cuando la Asamblea finalmente terminó. Cuando Newt
salió del Homestead supo que el tiempo para descansar se había terminado.
El Guardián los vio y se acercó con una carrera floja. Thomas se dio cuenta de que
había soltado la mano de Teresa sin pensar en ello. Newt finalmente se detuvo y
cruzó sus brazos sobre su pecho mientras miraba hacia abajo donde ellos estaban
sentados en el banco. —Esto es una maldita locura, sabes eso, ¿no? —Su rostro era
imposible de leer, pero parecía haber un indicio de victoria en sus ojos.
Thomas se puso de pie, sintiendo una oleada de emoción inundando su cuerpo. —
¿Así que aceptaron irse?
Newt asintió con la cabeza. —Todos ellos. No fue tan duro como pensé que sería.
Esos shanks han visto lo que sucede de noche con esas malditas Puertas abiertas.
No podemos salir del estúpido Laberinto. Tenemos que intentar algo. —Se volvió y
miró a los Guardianes, quienes habían comenzado a reunir sus respectivos grupos
de trabajo—. Ahora sólo tenemos que convencer a los habitantes del Claro.
Thomas sabía que sería aún más difícil que convencer a los Guardianes que sí
habían sido.
—¿Crees que se decidirán por eso? —Teresa preguntó, finalmente poniéndose de
pie para unirse a ellos.
—No todos ellos. —dijo Newt, y Tomás pudo ver la frustración en sus ojos—.
Algunos se quedaran y correrán sus riesgos, lo garantizo.
Thomas no dudaba de que la gente palideciera ante la idea de hacer una carrera por
eso. Pedirles que luchen contra los Grievers era mucho pedir. —¿Qué hay de Alby?
—¿Quién sabe? —Newt respondió, mirando alrededor del Claro, observando a los
Guardianes y a sus grupos—. Estoy convencido de que el homosexual está
realmente más asustado de volver a casa que de lo que lo está de los Grievers. Pero
conseguiré que vaya con nosotros, no te preocupes.
Thomas deseó que pudiera traer de vuelta los recuerdos de esas cosas que estaban
atormentando a Alby, pero no había nada. —¿Cómo vas a convencerlo?
Newt se rió. —Haré algún golpe. Dile que todos encontraremos una nueva vida en
otra parte del mundo, y viviremos felizmente desde entonces.Thomas se encogió de hombros. —Bueno, tal vez podamos. Le prometí a Chuck que
le llevaría a casa, sabes. O al menos encontrarle un hogar.
—Sí, bueno —murmuró Teresa—, cualquier cosa es mejor que este lugar.
Thomas miró alrededor a las discusiones que se desataban a través del Claro, los
Guardianes haciendo su mejor persuasión a la gente que debería arriesgarse y
luchar en su camino a través del agujero de Griever. Algunos habitantes del Claro
andaban lejos, pero la mayoría parecía escuchar y al menos considerarlo.
—Entonces, ¿Qué es lo siguiente? —Preguntó Teresa.
Newt respiró hondo. —Averiguar quién va, quién se queda. Prepararse. Alimentos,
armas, todo eso. A continuación, nos vamos. Thomas, te pondría a cargo ya que fue
tu idea, pero va a ser lo suficientemente duro para poner a la gente de nuestro lado
sin hacer al Greenie nuestro líder, sin ánimo de ofender. Así que sólo mantente al
margen, ¿De acuerdo? Dejaremos el asunto del código para ti y Teresa, puedes
manejar eso desde el fondo.
Thomas estaba más que bien con eso de mantenerse al margen, (encontrando esa
estación informática y sacando el código era más que suficiente responsabilidad
para él). Incluso con ese montón sobre sus hombros tenía que luchar contra el
creciente torrente de pánico que sentía. —Seguro que lo haces sonar fácil —dijo
finalmente, intentando su mejor esfuerzo para alegrar la situación. O por lo menos
sonar como él.
Newt cruzó sus brazos otra vez, lo miró de cerca. —Como dijiste, al quedarnos aquí,
un shank morirá esta noche. Vaya, un shank morirá. ¿Cuál es la diferencia? —señaló
a Thomas—. Si estás en lo cierto.
—Lo estoy —Thomas sabía que tenía razón sobre el Agujero, el código, la puerta, la
necesidad de luchar. Pero si una persona o muchas morirían, no tenía ni idea. Sin
embargo, si había una cosa que su estómago le decía, no tenía que aceptar
cualquier duda.
Newt le dio una palmada en la espalda. —Bien eso. Vamos a trabajar.
Las siguientes horas fueron frenéticas. La mayoría de los habitantes del Claro
terminaron por aceptar el irse, incluso más de lo que Thomas hubiera adivinado.
Incluso Alby decidió hacer la carrera. Aunque nadie lo admitió, Thomas apostó que
la mayoría de ellos estaba teniendo en cuenta la teoría de que sólo una persona
sería asesinada por los Grievers, y calculó que sus posibilidades de no ser el
estúpido desafortunado eran aceptables. Los que decidieron quedarse en el Claroeran unos pocos pero tenaces y fuertes. Principalmente anduvieron alrededor de
mal humor, tratando de decirles a los otros como de estúpidos eran. Finalmente, se
dieron por vencidos y mantuvieron la distancia.
En cuanto a Thomas y al resto de los comprometidos en la fuga, había un montón
de trabajo para ser hecho. Las mochilas fueron repartidas y rellenadas de
suministros. Frypan, (Newt le dijo a Thomas que el cocinero había sido uno de los
últimos Guardianes en aceptar el irse), estaba a cargo de reunir toda la comida y
averiguar una manera para distribuirla equitativamente entre los paquetes. Las
jeringas con el suero del dolor estaban incluidas, aunque Thomas no creyó que los
Grievers les picaran. Chuck estaba a cargo de llenar las botellas de agua y sacarlos a
todos. Teresa le ayudó, y Thomas le pidió que endulzara el viaje tanto como
pudiera, aunque tuviera que mentir totalmente, que era mayormente el caso.
Chuck había intentado actuar valiente desde la primera vez que se enteró que se
estaban yendo, pero su piel sudorosa y sus ojos aturdidos revelaban la verdad.
Minho fue al Acantilado con un grupo de Corredores, llevando cuerdas de hiedra y
rocas para probar la invisibilidad del agujero Griever por última vez. Tenían la
esperanza de que las criaturas siguieran su calendario normal y no salieran durante
las horas diurnas. Thomas había contemplado apenas el asalto al Agujero en ese
instante y trato de sacar el código rápidamente, pero no tenía ni idea de qué
esperar o lo que se podría estar esperando de él. Newt tenía razón, sería mejor
esperar hasta la noche y esperar que la mayoría de los Grievers estuvieran en el
Laberinto, no dentro de su Agujero. Cuando regresó Minho, sano y salvo, Thomas
pensó que parecía muy optimista de que realmente era una salida. O entrada.
Dependiendo de cómo lo miraras.
Thomas ayudó a Newt a distribuir las armas, e incluso las más innovadoras fueron
usadas en su desesperación para estar preparados contra los Grievers. Las pértigas
de madera fueron esculpidas en lanzas o envueltas en alambre de espinas; los
cuchillos estaban afilados y sujetos con hilos a los extremos de robustas ramas
cortadas de los árboles del bosque; los trozos de vidrios rotos estaban pegados a un
conducto hecho por palas. Al final del día, los habitantes del Claro se habían
convertido en un pequeño ejército. Uno muy patético, un ejército mal preparado,
Thomas pensó, pero un ejército de todos modos. Una vez que él y Teresa
terminaron de ayudar, fueron al lugar secreto de Deadheads para elaborar una
estrategia sobre la estación de adentro del Agujero Griever y como planeaban sacarel código.
—Tenemos que ser los que lo harán —dijo Thomas mientras apoyaban su espalda
contra los escarpados árboles, las hojas que una vez fueron verdes estaban ya
empezando a tornarse gris por la falta de luz solar artificial—. De esa manera si
llegamos a separarnos, podemos estar en contacto y seguir ayudando al otro.
Teresa había cogido un palo y estaba despegando la corteza. —Pero necesitamos un
respaldo en caso de que nos suceda algo.
—Definitivamente. Minho y Newt conocen las palabras del código, les diremos que
tienen que conseguir sacarlo del ordenador si nosotros... bueno, ya sabes… —
Thomas no quería pensar en todas las cosas malas que podían ocurrir.
—No mucho del plan, entonces —Teresa bostezo, como si la vida fuera
completamente normal.
—No mucho en absoluto. Luchar contra los Grievers, sacar el código, escapar a
través de la puerta. Luego tratamos con los Creadores, sin importar lo que cueste.
—Seis palabras del código, quien sabe cuántos Grievers —Teresa rompió el palo por
la mitad—. ¿Qué crees que WICKED (malvado) simboliza, de todos modos?
Thomas sintió como si hubiera sido golpeado en el estómago. Por alguna razón, al
oír la palabra en ese momento, por alguien más, golpeó algo suelto en su mente e
hizo clic. Estaba sorprendido de que no hubiera hecho la conexión antes.
—Ese signo que vi fuera del Laberinto, ¿Recuerdas? ¿El metal con palabras grabadas
en él? —El corazón de Thomas había comenzado a correr con excitación.
Teresa arrugó su frente con confusión durante un segundo, pero luego una luz
pareció encenderse detrás de sus ojos. —Whoa. Mundo en Catástrofe:
Departamento de Experimentos en la Zona Muerta. Malvado. Malvado es bueno, lo
que escribí en mi brazo. ¿Qué quiere decir eso?
—Ni idea. Por lo que estoy muerto de miedo es que lo que estemos a punto de
hacer sea un montón de estupideces. Podría ser un baño de sangre.
—Todo el mundo sabe en lo que se está metiendo —Teresa se acercó y tomó su
mano—. Nada que perder, ¿Recuerdas?
Thomas lo recordó, pero por alguna razón las palabras de Teresa fracasaron por
completo, no tenían mucha esperanza en ellos. —Nada que perder —Repitió.
Capítulo 54
Justo antes de la hora normal de cierre-de-puertas, Frypan preparó una última
comida para llevarlas durante la noche. El ánimo que pesaba sobre los Habitantes
del Claro mientras comían no podía ser más sombrío o empapado de miedo.
Thomas se encontraba sentado al lado de Chuck, ausentemente picoteando su
comida.
—Así que… Thomas —el chico dijo a través de un gran mordisco de puré de
patatas—, ¿Por quién me han puesto este apodo?
Thomas no pudo evitar sacudir su cabeza, ahí estaban, a punto de embarcarse
probablemente en la tarea más peligrosa de sus vidas, y Chuck sentía curiosidad de
donde había salido su apodo. —No lo sé, Darwin, ¿quizás? El tipo que explicó la
evolución.
—Apuesto a que nadie le había llamado antes “tipo” —Chuck tomó otro gran
bocado, y parecía estar pensando que ese era el mejor momento para hablar, con la
boca llena y todo—. Sabes, realmente no estoy tan asustado. Quiero decir, hace tan
solo unas noches, sentado en Homestead, solo esperando a que viniera un Griever y
que nos robara a uno de nosotros fue la peor cosa que había hecho nunca. Al
menos ahora nosotros estamos tomándolos a ellos, intentando algo. Y al menos…
—¿Al menos qué? —preguntó Thomas. No se creía ni por un segundo que Chuck no
estuviera asustado; casi dolía verle actuar tan valiente.
—Bueno, todo el mundo está especulando que ellos sólo pueden matar a uno de
nosotros. Sueno como un shuck, pero me da algo de esperanza. Al menos la
mayoría de nosotros lo conseguirá, solo dejando morir a un pobre bobo. Mejor que
todos nosotros.
Hizo enfermar a Thomas pensar que la gente se aferraba a esa esperanza de solo
una persona muriendo; mientras más pensaba en ello, menos creía que era cierto.
Los Creadores conocían el plan, ellos podían reprogramar a los Grievers. Pero
incluso falsas esperanzas eran mejor que nada. —Quizás todos podamos
conseguirlo. Siempre y cuando todos luchen.
Chuck paró de atestar su cara durante un segundo y miro a Thomas con cuidado. —
¿Realmente piensas eso, o solo intentas animarme?—Podemos hacerlo —Thomas se comió su ultimo bocado, y tomo un gran trago de
agua. Nunca se había sentido tan mentiroso en su vida. Gente iba a morir. Pero él
iba a hacer todo lo posible para conseguir que Chuck no fuera uno de ellos. Y
Teresa—. No olvides mi promesa. Todavía puedes seguir planeándolo.
Chuck frunció el ceño. —Vaya cosa, sigo escuchando que el mundo está en un
estado lamentable.
—Hey, quizás, pero encontraremos a las personas que se preocupan por nosotros,
ya verás.
Chuck se puso de pie. —Bueno, no quiero pensar en ello —anunció—. Solo sácame
del Laberinto, y seré feliz.
—Bien —Estuvo de acuerdo Thomas.
Una conmoción de otra de las mesas llamó su atención. Newt y Alby estaban
agrupando a los Habitantes del Claro, diciéndoles a todos que era hora de irse. Alby
parecía sobre todo él mismo, pero Thomas todavía estaba preocupado sobre el
estado mental del chico. En la mente de Thomas, Newt estaba a cargo, pero
también podía ser una bala perdida a veces.
El helado miedo y pánico que había experimentado Thomas tan a menudo los
últimos días se apoderó de él de nuevo con plena potencia. Eso era. Se iban.
Intentando no pensar en ello, solo actuar, cogió su mochila. Chuck hizo lo mismo, y
se dirigieron hacia la Puerta Oeste, la que se dirigía al Acantilado.
Thomas encontró a Minho y Teresa hablando entre ellos cerca del lado izquierdo de
la Puerta, revisando los apresurados planes de introducir el código de escape
cuando entraran en el Agujero.
—¿Shanks están preparados? —preguntó Minho cuando se acercaron—. Thomas,
esto fue todo idea tuya, así que mejor que funcione. Si no, te mataré antes de que
los Grievers puedan.
—Gracias —dijo Thomas. Pero no pudo sacudirse la sensación de mareo de su
estómago. ¿Qué pasaba si de alguna forma él estaba equivocado? ¿Qué pasaba si
los recuerdos que tenía eran falsos? ¿Plantados de alguna forma? El pensamiento le
aterrorizo, y lo aparto a un lado. No había vuelta atrás.
Miró a Teresa, que cambiaba el peso de un pie a otro, retorciéndose las manos. —
¿Estás bien? —Preguntó él.
—Estoy bien —contestó con una pequeña sonrisa, nada bien en absoluto— Solo
ansiosa de terminar con esto.—Amen, hermana —dijo Minho. Para Thomas era el que más calmado se veía, el
más seguro, el menos asustado. Thomas le envidiaba.
Cuando Newt finalmente hubo reunido a todos, pidió silencio, y Thomas se giró
para oír lo que tenía que decir. —Estamos cuarenta y uno de nosotros —colocó su
mochila sobre sus hombros, y levantó un grueso poste de madera con alambre de
púas gruesas envuelta alrededor de su punta. Esa cosa parecía mortal—.
Asegúrense de que tienen sus armas. Aparte de eso, no hay nada más que decir a
todos se les ha contado el plan. Vamos a abrirnos camino a través del Agujero de
Griever peleando, y Tommy va a meter de un puñetazo el código mágico y entonces
nos vamos a tomar venganza con los Creadores. Tan simple como eso.
Thomas apenas escuchaba a Newt, habiendo visto a Alby en el otro lado, apartado
del grupo principal de los Habitantes del Claro, solo. Alby comprobó la cuerda de su
arco mientras miraba el suelo. Un carcaj de flechas colgaba de su hombro. Thomas
sintió una creciente ola de preocupación de que de alguna forma Alby era inestable,
de que de alguna forma él lo estropearía todo. Decidió vigilarlo cuidadosamente si
podía.
—¿No debería alguien decir unas palabras de motivación o algo así? —
preguntó Minho, apartando la atención de Thomas lejos de Alby.
—Adelante —contestó Newt.
Minho asintió y encaró a la multitud. —Tengan cuidado —dijo con sequedad—. No
mueran.
Thomas se habría reído si pudiera, pero estaba demasiado asustado como para que
le saliera.
—Genial. Ahora estamos jodidamente inspirados —contestó Newt, entonces
apuntó por encima de su hombro, hacia el Laberinto—. Todos conocen el plan.
Después de dos años de ser tratados como ratones, esta noche vamos a
levantarnos. Esta noche vamos a luchar contra los Creadores, sin importar por lo
que tengamos que pasar para llegar hasta allí. Esta noche será mejor que los
Grievers estén asustados.
Alguien empezó a aplaudir, y entonces alguien más. Pronto chillidos y gritos de
batalla estallaron, aumentado de volumen, llenando el aire como truenos. Thomas
sintió una pequeña carga de valor en su interior, se agarró a ella, se abalanzó sobre
ella, instándole a crecer. Newt tenía razón. Esta noche, ellos lucharían. Esta noche,
expondrían su postura, de una vez por todas. Thomas estaba preparado. Gritó conlos otros Habitantes del Claro. Sabía que probablemente deberían estar callados, sin
atraer más atención hacia ellos, pero no le importó. El juego había empezado.
Newt sacudió su arma en el aire y gritó. —¡Escuchen esto, Creadores! ¡Allá vamos!
Y con eso, se giró y corrió dentro del Laberinto, su cojera apenas perceptible. En el
aire gris que parecía más oscuro que El Claro, lleno de sombras y oscuridad. Los
Habitantes del Claro alrededor de Thomas, todavía animando, cogieron sus armas y
corrieron tras él, incluso Alby. Thomas los siguió, cayendo en una fila entre Teresa y
Chuck, sopesando una enorme lanza de madera y un cuchillo atado en la punta. El
repentino sentimiento de responsabilidad por sus amigos casi abrumándole,
haciéndole difícil el correr. Pero continuó, decidido a ganar.
Puedes hacer esto, pensó. Solo llega hasta ese Agujero.
Capítulo 55
Thomas mantuvo un ritmo constante mientas corría con los otros habitantes del
Claro a través de los pasillos de piedra hacia el Acantilado. Había llegado a
acostumbrarse a correr por el Laberinto, pero esto era completamente diferente.
Los sonidos de tantos pies corriendo resonaban en las paredes, y las luces rojas de
los ojos de los escarabajos de hoja destellaban de un modo más amenazador en la
hiedra. Los Creadores ciertamente estaban observando, escuchando. De una forma
u otra, los esperaba una pelea.
.Asustado? Le preguntó Teresa mientras corrían.
No, amo las cosas hechas de grasa y acero. No puedo esperar a verlos. Él no sentía
alegría ni humor, y se preguntó si alguna vez volvería a sentirlos.
Muy gracioso, Respondió ella.
Ella estaba justo a su lado, pero sus ojos permanecían en el camino por delante.
Estaremos bien. Solo mantente cerca de mi y de Minho.
Ah, mi Principe azul. .Que, no crees que pueda defenderme yo sola?
En realidad, él pensaba lo contrario... Teresa parecía tan fuerte como cualquiera allí.
No, solo intento ser amable.
El grupo estaba esparcido a través de toda la anchura del pasillo, corriendo a un
ritmo constante pero rápido. Thomas se preguntó ¿Cuánto tiempo los nocorredores
podrían continuar? Como respondiendo a su pensamiento, Newt
retrocedió, tocando a Minho en el hombro. —Tú guíanos ahora —Thomas le oyó
decir.
Minho asintió y corrió hacia el frente, llevando a los habitantes del Claro por todas
las vueltas y giros necesarios. Cada paso era agonizante para Thomas. Cualquier
valor que había reunido, ahora se había transformado en temor, y se preguntó
¿Cuándo los Grievers comenzarían con la cacería? ¿Cuándo comenzaría el
combate?
Y continuó pensando mientras seguían corriendo, con todos aquellos chicos no
acostumbrados a correr tales distancias jadeando en busca de grandes bocanadas
de aire. Pero nadie se dio por vencido. Corrieron más y más, sin ninguna señal de los
Grievers. Y mientras el tiempo pasaba, Thomas se permitió alcanzar el más pequeñohilito de esperanza: quizá ellos lo lograrían antes de ser atacados. Quizá.
Finalmente, después de la hora más larga en la vida de Thomas, alcanzaron el largo
callejón que llevaba a la última vuelta antes del Acantilado, un pasillo corto a la
derecha que se separaba en dos, como la letra T.
Thomas, con su corazón golpeando fuerte, con el sudor goteando por su rostro,
estaba justo detrás de Minho, con Teresa a su lado. Minho ralentizó su ritmo antes
de llegar a la esquina, entonces se detuvo, sosteniendo arriba una mano para
decirle a Thomas y a los otros que hicieran lo mismo. Entonces se giró, con una
mirada de horror en su rostro.
—¿Escuchas eso? —Susurró.
Thomas sacudió la cabeza, intentando bloquear el terror que la expresión en el
rostro de Minho le había dado.
Minho se adelantó y se asomó alrededor de la orilla angulosa de piedra, mirando
hacia el Acantilado.
Thomas lo había visto hacer eso antes, cuando habían seguido a un Griever hasta
este mismo lugar. Igual que esa vez, Minho dio un rápido paso hacia atrás y se giró
para encararlo.
—¡Oh, no! —dijo el Guardián con un gemido—. ¡Oh, no!
Entonces Thomas lo oyó. Sonidos de Grievers. Era como si hubieran estado
ocultándose, esperando, y ahora volvían a la vida. Ni siquiera tuvo que mirar… sabía
lo que Minho iba a decir antes que lo dijera.
—Hay por lo menos una docena de ellos. Quizás quince. —levantó sus manos y se
frotó los ojos con las palmas—. ¡Simplemente están esperándonos!
El frío helado del temor mordió a Thomas más duro de lo que jamás lo había hecho.
Miró a Teresa, a punto de decirle algo, pero se detuvo cuando vio la expresión en su
cara pálida... él nunca había visto el terror presentarse a sí mismo tan claramente.
Newt y Alby habían avanzado a través de la línea de los chicos del Claro para unirse
a Thomas y a los otros.
Aparentemente, las declaraciones de Minho ya habían sido cuchicheadas por los
demás, porque lo primero que Newt dijo fue: —Bien, sabíamos que tendríamos que
luchar —Pero el temblor en su voz no podía ocultarse... él sólo intentaba decir lo
correcto.
Thomas sentía lo mismo. Había sido fácil hablar de ello, acerca de la pelea de nadaporperder, la esperanza de que sólo uno de ellos fuera tomado, la oportunidad de escapar finalmente. Pero ahora estaba aquí, literalmente a la vuelta de la esquina.
Las dudas acerca de si podría lograrlo se rezumaron en su mente y en su corazón. Él
se preguntó ¿Por qué los Grievers sólo esperaban? Los escarabajos habían
permitido obviamente que ellos supieran que los habitantes del Claro venían.
¿Acaso disfrutaban los Creadores con esto?
Tuvo una idea. —Quizá ellos ya han tomado a uno de los chicos del Claro. Quizá
podemos pasar por delante de ellos... ¿Por qué sino simplemente se quedarían...?
Un fuerte ruido por detrás lo interrumpió. Se giró para ver a más Grievers al final
del pasillo, acercándoseles, con las agujas moviéndose, los brazos metálicos
tanteando las paredes, viniendo desde el Claro. Thomas estuvo a punto de decir
algo cuando oyó sonidos desde el otro extremo del largo callejón, y se giró para ver
aún más Grievers.
El enemigo estaba por todos lados, bloqueándolos completamente.
Los habitantes del Claro se acercaron a Thomas, formando un grupo apretado,
forzándolo a moverse hacia el cruce abierto donde el pasillo del Acantilado se
encontraba con el largo callejón. Vio el grupo de Grievers entre ellos y el Acantilado,
con sus puntas extendidas, con su húmeda piel pulsando dentro y fuera. Esperando,
observando. Los otros dos grupos de Grievers los habían encerrado, y estaban
parados a sólo unas pocas docenas de pies de los habitantes del Claro, también
esperando, mirando.
Thomas giró lentamente en un círculo, luchando contra el temor mientras lo
asimilaba todo. Estaban rodeados.
No tenían elección ahora, no había ningún lugar a dónde ir. Un agudo y pulsante
dolor latió detrás de sus ojos.
Los chicos del Claro se comprimieron en un grupo más apretado alrededor de él,
todos mirando hacia afuera, apiñados en el centro del cruce en T. Thomas quedó
apretado entre Newt y Teresa, sintiendo cómo Newt temblaba. Nadie dijo una
palabra. Los únicos sonidos eran los gemidos misteriosos y zumbantes de las
maquinarias de los Grievers, inmóviles allí, como disfrutando de la pequeña trampa
que pusieron para los humanos. Sus cuerpos repugnantes se movían hacia dentro y
hacia afuera con cada mecánico aliento.
.Que estan haciendo? Thomas le preguntó a Teresa. .Que esperan?
Ella no le contestó, lo que lo preocupó. Estiró su mano y sujetó fuertemente la de
ella. Los chicos alrededor de él se mantenían silenciosos, sujetando sus armas.
Thomas miró a Newt. —¿Alguna idea?
—No —contestó, su voz apenas un poco inestable—. No entiendo qué demonios
están esperando.
—No deberíamos haber venido —dijo Alby. Había estado tan callado que su voz
sonó extraña, especialmente con el eco que las paredes del Laberinto crearon.
Thomas no estaba de humor para lloriqueos, tenían que hacer algo. —Bien, no
estaríamos mejor en el Homestead. Odio decirlo, pero si uno de nosotros muere,
eso tal vez sería mejor para el resto de nosotros. —Esperaba realmente que
eso de una persona por noche fue verdad ahora. Ver a todos esos Grievers
rodeándolos le dio una explosión de realidad; ¿Podrían realmente luchar contra
todos ellos?
Un largo momento pasó antes de que Alby contestara. —Quizá debería… —Se
separó y comenzó a caminar hacia delante, hacia el Acantilado, lentamente, como si
estuviera en algún tipo de trance. Thomas miró incrédulamente, simplemente no
podía creerlo.
—¿Alby? —dijo Newt— ¡Vuelve aquí!
En vez de responder, Alby corrió, dirigiéndose directamente hacia el grupo de
Grievers de pie entre él y el Acantilado.
—¡Alby!—Gritó Newt.
Thomas comenzó a decir algo, pero Alby ya había llegado a los monstruos y saltado
encima de uno. Newt se marchó del lado de Thomas y caminó hacia Alby, pero
cinco o seis de los habitantes del Claro reaccionaron y lo sujetaron.
Thomas lo alcanzó y tomó a Newt por los brazos antes de que pudiera ir más lejos,
entonces lo tiró hacia atrás.
—¡Suéltame! —gritó Newt, luchando por soltarse.
—¡Estás loco! —le gritó Thomas—. ¡No hay nada que puedas hacer!
Dos Grievers más rompieron su formación y se abalanzaron sobre Alby,
amontonándose uno encima del otro, chasqueando y cortando al chico, como si
quisieran demostrar su viciosa crueldad.
De algún modo, imposiblemente, Alby no gritó. Thomas perdió de vista el cuerpo
mientras luchaba con Newt, agradecido por la distracción. Newt finalmente se dio
por vencido, desplomándose hacia atrás en derrota.
Alby había enloquecido, Thomas pensó, luchando contra el impulso de su estómago
por vaciar su contenido. Su líder había estado tan asustado de volver a lo que habíavisto, que había elegido sacrificarse en su lugar. Se había ido. Para siempre.
Thomas ayudó a Newt a ponerse de pie; quien no podía dejar de mirar fijamente
hacia el lugar donde su amigo había desaparecido.
—No puedo creerlo —susurró Newt—. No puedo creer que hizo eso.
Thomas sacudió la cabeza, incapaz de contestar. Al ver a Alby morir así… una nueva
clase de dolor que él nunca había sentido lo llenó por dentro: un dolor enfermo y
perturbador; mucho peor que el dolor físico. Y ni siquiera sabía si tenía algo que ver
con Alby, nunca le había agradado demasiado el tipo. Pero el pensamiento de que
eso podría sucederle a Chuck... o a Teresa…
Minho se movió más cerca de Thomas y de Newt, y apretó el hombro de Newt. —
No podemos malgastar lo que hizo —Se giró hacia Thomas—. Lucharemos contra
ellos si tenemos que hacerlo, y les abriremos un sendero hacia el Acantilado para ti
y para Teresa. Entren al Agujero y hagan lo suyo, nosotros los mantendremos
alejados hasta que nos griten para que los sigamos.
Thomas miró a cada uno de los tres grupos de Grievers. Ninguno había hecho aún
un movimiento hacia ellos, entonces asintió. —Con suerte, estarán inactivos un
rato. Nosotros sólo necesitaríamos un minuto para ingresar el código.
—¿Cómo pueden ser tan despiadados? —murmuró Newt, con una repugnancia en
su voz que sorprendió a Thomas.
—¿Qué quieres, Newt? —dijo Minho— ¿Qué nos arreglemos todos y hagamos un
funeral?
Newt no respondió, todavía mirando fijamente el lugar donde los Grievers parecían
estar alimentándose de Alby debajo de ellos. Thomas no pudo evitar mirar, viendo
una mancha roja fuerte en uno de los cuerpos de las criaturas. Su estómago giró, y
apartó la mirada rápidamente.
Minho continuó. —Alby no quería regresar a su antigua vida. Él malditamente se
sacrificó por nosotros, y ellos no nos atacan, así que funcionó. Seríamos
despiadados si lo malgastáramos.
Newt sólo se encogió de hombros, cerrando sus ojos.
Minho se giró y encaró el grupo apiñado de habitantes del Claro.
—¡Escuchen! Nuestra prioridad es proteger a Thomas y a Teresa. Llevarlos hasta el
Acantilado y al Agujero para que...
El sonido de los Grievers volviendo a la vida lo cortó. Thomas miró con horror. Las
criaturas a ambos lados de su grupo parecían haberlos notado otra vez. Las agujaspinchaban dentro y fuera; sus cuerpos se estremecían y pulsaban. Entonces, al
unísono, los monstruos se adelantaron, lentamente, con los brazos mecánicos
desplegándose, apuntando hacia Thomas y los demás, listos para matarlos.
Apretando el nudo en la soga de la trampa que habían formado a su alrededor, los
Grievers se acercaron uniformemente hacia ellos.
El sacrificio de Alby había fallado miserablemente.