Capítulo 27
Para la segunda vez en el día, Thomas estaba conmocionado en silencio.
—Bueno, vamos —Newt le dijo a Thomas mientras agarraba su brazo—. De ninguna
manera voy a dejar de ir contigo.
Thomas lo siguió, con Chuck atrás en el lado derecho, cuando salían de la habitación
del Consejo y bajaron al pasillo hacía una estrecha escalera en espiral que él no
había notado antes. Newt tomó el primer paso, y luego le dio una mirada fría a
Chuck.
—Tú. Quédate.
Por una vez, Chuck se limitó a asentir y no dijo nada. Thomas pensó que algo acerca
del comportamiento de Alby había puesto sus nervios al borde.
—Ilumina —dijo Thomas a Chuck mientras Newt los encabezaba por la escalera—.
Simplemente me eligió un Corredor, así que ahora tú estás con un colega semental.
Estaba tratando de hacer una broma, tratando de negar que estuviera aterrorizado
de ver a Alby. ¿Y si él hizo acusaciones como Ben? ¿O peor?
—Sí, claro. —Chuck susurró, mirando los deslumbrantes escalones de madera. Con
un encogimiento de hombros Thomas empezó a subir las escaleras. Sudor peinaba
sus manos, y sintió cosquillas recorriendo su templo. No quería ir ahí. Newt, todo
lúgubre y solemne, estaba esperando a Thomas en la parte superior de la escalera.
Se quedaron en el extremo opuesto del largo y oscuro pasillo de la escalera de
costumbre, la que Thomas había subido el primer día que vio a Ben. El recuerdo le
dio nauseas, él esperaba a Alby completamente recuperado de la terrible
experiencia de la que no quería ser testigo de nuevo, la piel enferma, las venas, la
paliza. Sin embargo, esperaba lo peor y se preparó. Siguió a Newt a la segunda
puerta a la derecha y vio que el chico se golpeó a la ligera, un gemido sonó como
respuesta. Newt empujó la puerta, el leve crujido una vez más le recordó a Thomas
algunos vagos recuerdos de su niñez de las películas encantadas. Allí estaba de
nuevo, el más pequeño vistazo a su pasado. Podía recordar películas, pero no las
caras de los actores o quiénes eran los que había visto. Podía recordar teatros, pero
no alguno especifico que haya visto. Era imposible explicar la forma en la que
sentía, incluso para el mismo. Newt había entrado en la habitación y le hacía señasa Thomas para que lo siguiera. Al entrar, se preparó para el horror que podía
esperar. Pero cuando levantó sus ojos, todo lo que vio fue un adolescente de
aspecto muy débil acostado en su cama, con los ojos cerrados.
—¿Está dormido? —Susurró Thomas, tratando de evitar la verdadera pregunta que
había aparecido en su mente: ¿No está muerto, cierto?
—No sé —dijo Newt en voz baja. Se acercó y se sentó en una silla de madera junto a
la cama. Thomas se sentó en el otro lado.
—Alby —Susurró Newt. Luego en voz más alta—. Alby. Chuck dijo que querías
hablar con Tommy. —Los ojos de Alby se abrieron, sus orbitas estaban inyectadas
en sangre que brillaban a la luz. Miró a Newt, y luego miró a Thomas. Con un
gemido, se movió en la cama y se sentó, con su espalda sobre la cabecera.
—Sí —Murmuró, un graznido áspero.
—Chuck les dijo que te estabas agitando, y que actuabas como un lunático. —Newt
se inclinó hacia adelante—. ¿Qué está mal? ¿Aún estás enfermo?
Las siguientes palabras de Alby se produjeron en un silbido, como si cada una de
ellas tuviera una semana libre de toda su vida.
—Todo... Va a cambiar... La niña... Thomas... Los vi. —Sus párpados flashearon
cerrados, los abrió de nuevo; se dejó caer de nuevo sobre la cama, mirando el
techo—. No se siente bien.
—¿Qué quieres decir? Tú viste... —Newt comenzó.
—Quería a Thomas —gritó Alby con un repentino estallido de energía que Thomas
hubiera pensado imposible unos segundos antes—. ¡No pregunté por ti, Newt!
¡Thomas! ¡Pregunté por Thomas!
Newt levantó la vista, preguntándole a Thomas con una elevación de las cejas.
Thomas se encogió de hombros, sintiéndose enfermo por un segundo. ¿Para qué lo
buscaba Alby?
—Bien, estás de mal humor —dijo Newt—. Él está aquí, habla con él.
—Márchate —dijo Alby con los ojos cerrados, su respiración pesada.
—De ninguna manera. Quiero escuchar.
—Newt. —Una pausa—. Márchate. Ahora.
Thomas se sentía increíblemente torpe, preocupado por lo que Newt estaba
pensando y temiendo lo que Alby quería decirle.
—Pero... —Newt protestó.
—¡Fuera! —gritó Alby mientras se sentaba, su voz quebradiza por la mancha de eso.Se escabulló para volver a apoyarse en la cabecera—. ¡Fuera!
La frente de Newt se hundió con evidente dolor. Thomas se sorprendió al ver que
no había ira. Entonces, después de un largo y tenso momento, Newt se levantó de
su silla y se acercó a la puerta, la abrió. .Realmente va a salir? Pensó Thomas.
—No esperes que bese tu culo cuando vengas diciendo lo siento —dijo y luego
entró al pasillo.
—¡Cierra la puerta! —gritó Alby, un insulto final. Newt obedeció, cerrándola de
golpe.
El corazón de Thomas se aceleró, él estaba solo con un tipo que había tenido mal
carácter antes de sufrir un ataque de un Griever y pasar por el Cambio. Esperó que
Alby le dijera para qué lo quería. Un largo silencio se extendió por varios minutos y
las manos de Thomas temblaban de miedo.
—Sé quién eres —dijo Alby finamente, rompiendo el silencio.
Thomas no podía encontrar las palabras para responder. Trató, pero no salió nada
más que un murmullo incoherente. Estaba muy confundido. Y asustado.
—Sé quién eres —Alby repitió lentamente—. Lo he visto. He visto todo. De dónde
venimos. Quién eres. Quién es la chica. Recuerdo el Flare.
El Flare. Thomas hizo un esfuerzo por hablar.
—No sé de qué estás hablando. ¿No lo ves? Me encantaría saber quién soy.
—¿No es bonito? —Respondió Alby y por primera vez desde que Newt había salido,
levantó la vista mirando directamente a Thomas. Sus ojos eran profundas bolsas de
dolor, hundidos y oscuros—. Es horrible, sabes. ¿Por qué demonios queremos
recordar? ¿Por qué no simplemente podemos vivir aquí y ser felices?
—Alby... —Thomas deseó poder echar un vistazo en la mente del chico, ver lo que
había visto—. El Cambio. —Insistió—. ¿Qué pasó? ¿Qué regresó? Lo que dices no
tiene sentido.
—Tú —Comenzó Alby, de pronto tomó su propia garganta, haciendo sonidos de
asfixia.
Sus piernas tratando de patear, y él se tumbó de lado, golpeando de ida y vuelta,
como si alguien estuviera tratando de estrangularlo. Su lengua fuera de su boca, la
mordió una y otra vez. Thomas se levantó rápidamente, tambaleándose hacia atrás,
horrorizado. Alby luchó como si estuviera teniendo una convulsión, sus piernas
pateando en todas direcciones. La oscura piel de su rostro, que extrañamente había
sido pálida justo un minuto antes, se había vuelto púrpura, los ojos en blanco quehasta las cuencas se veían como brillantes mármoles blancos.
—Alby —gritó Thomas, sin atreverse a llegar y agarrarlo—. Newt —gritó,
ahuecando las manos alrededor de su boca—. ¡Newt, ven aquí!
La puerta se abrió de golpe antes de que él hubiera terminado la última oración.
Newt corrió a donde Alby y lo agarró por los hombros, empujando con todo su
cuerpo para sujetar a la cama al chico.
—Agarra sus piernas.
Thomas se movió hacia adelante, pero las piernas de Alby pateaban y se agitaban,
por lo que era imposible acercarse más. Su pie golpeó a Thomas en la mandíbula, el
dolor atravesó su cuerpo entero. Él se tambaleó hacía atrás otra vez, frotándose el
sitio del dolor.
—¡Solo hazlo! —gritó Newt.
Thomas se armó de valor y saltó sobre el cuerpo de Alby, agarrando las dos piernas
y fijándolas a la cama. Envolvió sus brazos alrededor de los muslos del chico y
apretó mientras Newt ponía una rodilla en uno de los hombros de Alby; después
agarró las manos de Alby, aún entrelazadas alrededor de su cuello en un
estrangulamiento.
—¡Suelta! —gritó Newt mientras tiraba—. ¡Te estás matando tu mismo!
Thomas podía ver los músculos en los brazos flexionados de Newt, venas saltando al
jalar las manos de Alby, hasta que finalmente, centímetro a centímetro, fue capaz
de sacarlas. Él las empujó con fuerza contra el pecho del chico. Todo el cuerpo de
Alby tiró un par de veces, su sección media empujando hacia arriba y lejos de la
cama. Luego, lentamente, se tranquilizó, y unos segundos más tarde, él yacía aún
así; su aliento nocturno, sus ojos vidriosos. Thomas se mantuvo firme a las piernas
de Alby, temeroso de moverse y activar al chico otra vez. Newt esperó un minuto
antes de que, poco a poco, soltara las manos de Alby. Entonces, otro minuto
después él sacó la rodilla hacía atrás y se levantó. Thomas lo entendió como señal
para hacer lo mismo, esperando que la prueba realmente terminara.
Alby miró hacia arriba con ojos caídos, como si estuviera a punto de caer en un
sueño profundo.
—Lo siento, Newt —Susurró—. No sé lo que pasó. Fue como... Si algo estuviera
controlando mi cuerpo. Lo siento...
Thomas tomó una respiración profunda, seguro de que nunca había experimentado
algo tan inquietante e incómodo a la vez. Él esperó.—Nada de eso —Newt respondió—. Estabas tratando de matarte a ti mismo.
—No era yo. Lo juro —Murmuró Alby. Newt se echó las manos a la cabeza.
—¿Qué quieres decir con que no eras tú? —preguntó.
—No sé.... Eso... Eso no era yo —Alby parecía tan confundido como Thomas se
sentía. Pero Newt parecía pensar que no valía la pena tratar de averiguar. Al menos
en ese momento. Cogió las mantas que habían caído de la cama durante la lucha y
se las puso encima al chico enfermo.
—Manda a tu culo a dormir. Hablaremos de esto más tarde —Él le dio una
palmadita en la cabeza, luego añadió—: Estás en mal estado, shank.
Pero Alby ya estaba a la deriva, asintiendo con la cabeza ligeramente a medida que
sus ojos se cerraban. Newt cogió la mirada de Thomas e hizo un gesto hacia la
puerta.
Thomas no tuvo ningún problema dejando esa loca casa. Él siguió a Newt afuera, al
pasillo. Entonces, mientras cruzaban la puerta, Alby murmuró algo desde su cama.
Los dos chicos se detuvieron de su camino.
—¿Qué? —preguntó Newt.
Alby abrió los ojos por un instante y repitió lo que había dicho, un poco más fuerte.
—Sean cuidadosos con la chica. —Luego sus ojos se cerraron.
Ahí estaba de nuevo. La chica. De alguna manera las cosas siempre conducían de
nuevo a la chica. Newt le dio a Thomas una inquisitiva mirada, pero Thomas solo
podía devolverlo con un encogimiento de hombros. No tenía idea de lo que estaba
pasando.
—Vamos —Le susurró Newt.
—¿Y Newt? —Alby llamó de nuevo desde la cama, sin molestarle en abrir los ojos.
—¿Si?
—Protege los Mapas —Alby se dio la vuelta, diciéndoles que finalmente había
terminado de hablar.
Thomas no podía pensar que eso sonara muy bien. No es bueno en absoluto.
Él y Newt salieron de la habitación y cerraron suavemente la puerta.Capítulo 28
Thomas siguió a Newt en su apresurado camino a través de las escaleras para salir
del Homestead hacia la brillante luz de la media tarde. Ninguno dijo una palabra
durante un rato. Para Thomas, las cosas parecían sólo estarse volviendo peor y
peor.
—¿Hambriento, Tommy? —Le preguntó Newt cuando salieron.
Thomas no podía creer la pregunta. —¿Hambriento? Siento que voy a vomitar
después de que lo que acabo de ver... no, no estoy hambriento.
Newt sólo sonrió. —Bien, yo lo estoy, shank. Busquemos algunas sobras del
almuerzo. Tenemos que hablar.
—De algún modo, sabía que ibas a decir algo como eso. —No importaba lo que
hiciera, Thomas se involucraba más y más en los asuntos del Claro. Y de alguna
forma esperaba hacerlo.
Avanzaron directamente hacia la cocina, donde, a pesar de los constantes quejidos
de Frypan, pudieron conseguir bocadillos de queso y verduras crudas. Thomas no
podía ignorar la manera que el Guardia de los cocineros se la pasaba mirándolo en
forma rara, y cómo su mirada se desviaba hacia otro lado en el momento en que
Thomas le devolvía la mirada. Algo le dijo que este tipo de tratamiento sería la
norma de ahora en más. Por alguna razón, él era diferente de los otros chicos en el
Claro. Sentía como si hubiera vivido una vida entera desde que despertó con su
memoria borrada, pero sólo estuvo allí una semana. Los chicos decidieron tomar
sus almuerzos para comerlos afuera, y unos pocos minutos luego se encontraron a
sí mismos contra la pared occidental, observando las muchas actividades de trabajo
que pasaban a través del Claro, con sus espaldas apoyadas contra la gruesa hiedra.
Thomas se forzó a comer; por la forma en que iban las cosas, debía asegurarse de
tener fuerzas suficientes para tratar con lo que se viniera después.
—¿Alguna vez viste que eso sucediera antes? —preguntó Thomas después de un
minuto más o menos.
Newt lo miró, su rostro de repente sombrío. —¿Lo que hizo Alby? No. Nunca. Pero,
por otra parte, nadie jamás había tratado de decirnos lo que recordaban de su
Cambio. Ellos siempre se niegan a hacerlo. Pero Alby intentó hacerlo... y debe serpor eso que se volvió loco un rato.
Thomas se detuvo en medio de un mordisco. ¿Podrían las personas detrás del
Laberinto controlarlos de algún modo? Era un pensamiento aterrorizante.
—Tenemos que encontrar a Gally —dijo Newt a través de un mordisco de
zanahoria, cambiando el tema—. El desgraciado se fue y se ocultó en algún lugar.
Tan pronto como terminemos de comer, debo encontrarlo y meter su trasero en la
cárcel.
—¿De verdad? —Thomas no pudo evitar sentir un disparo de puro regocijo ante el
pensamiento. Se sentiría feliz de cerrar la puerta y tirar él mismo la llave.
—Ese shank amenazó con matarte, y ahora tenemos que asegurarnos
malditamente bien que eso nunca suceda otra vez. Ese shuk-face va a pagar un
precio muy alto por actuar así... y tiene suerte de que no lo Desterremos. Recuerda
lo que te dije acerca del orden.
—Sí —La única preocupación de Thomas era que Gally sólo lo odiaría más por haber
sido metido a la cárcel. No me importa, pensó. Ya no le temo a ese tipo.
—Así es como funcionará, Tommy —dijo Newt—. Estarás conmigo el resto del día...
debemos resolver algunas cosas. Mañana, al Slammer. Entonces serás de Minho, y
quiero que te mantengas alejado de los demás por un tiempo. ¿Entendido?
Thomas se sentía más que feliz de obedecerlo en eso. Permanecer más que nada
solo sonaba como una gran idea. —Suena hermoso. ¿Entonces Minho me
entrenará?
—Así es... eres un Corredor ahora. Minho te enseñará. El Laberinto, los Mapas,
todo. Hay una gran cantidad de cosas para aprender. Y espero que te esfuerces al
máximo.
Thomas se sorprendió al sentir que la idea de entrar al Laberinto otra vez ya no le
daba tanto miedo. Se decidió a hacer lo que Newt le decía, esperando que eso
mantuviera su mente lejos de las otras cosas. Muy al fondo, esperaba salir del Claro
tanto como le fuera posible. Evitar a otras personas sería su nuevo objetivo en la
vida. Los chicos se sentaron en silencio, terminando sus almuerzos, hasta que Newt
finalmente llegó al tema del cual quería hablar realmente. Arrugando la bolsa en
una pelota, se giró y miró directamente a Thomas.
—Thomas —Empezó—. Necesito que aceptes algo. Ya lo hemos oído demasiadas
veces como para ahora negarlo, y es tiempo de discutirlo.
Thomas sabía lo que se venía, pero estaba asustado. Temía a esas palabras.—Gally lo dijo. Alby lo dijo. Ben lo dijo —Continuó Newt—. La chica, después de que
nosotros la sacáramos de la Caja, ella lo dijo. —Él se detuvo, esperando quizás que
Thomas le preguntara qué quería decir. Pero Thomas ya lo sabía.
—Todos dijeron que las cosas iban a cambiar.
Newt apartó la mirada por un momento, entonces volvió a mirarlo. —Es cierto. Y
Gally, Alby y Ben dicen que te vieron en sus memorias después de que Cambiaron...
y por lo que sé, tú no estabas plantando flores ni ayudando a ancianas a cruzar la
calle. Según Gally, hay algo lo suficientemente malo acerca de ti, que él quiere
matarte.
—Newt, yo no... —Thomas comenzó, pero Newt no lo dejó terminar.
—¡Sé que no recuerdas nada, Thomas! Deja de decirlo. No vuelvas a decirlo otra
vez. Ninguno de nosotros recuerda nada, y estamos enfermos de que nos lo
recuerdes. El punto es que hay algo diferente acerca de ti, y es tiempo de que
averigüemos qué es.
Thomas fue agobiado por una oleada de ira. —Bien, ¿así que cómo lo hacemos? Yo
quiero saber quién soy tanto como cualquiera de ustedes. Obviamente.
—Necesito que abras tu mente. Que seas honesto si algo, cualquier cosa, parece
familiar.
—Nada... —Thomas comenzó, pero se detuvo. Tanto había sucedido desde que
había llegando, que casi se había olvidado de cuán familiar el Claro se sintió la
primera noche, durmiendo junto a Chuck. Cuán cómodo y en casa se sentía. Era
muy distinto al terror que debería haber experimentado.
—Puedo ver cómo tus engranajes están funcionando... —dijo Newt calladamente—.
Habla.
Thomas vaciló, temiendo las consecuencias de lo que estaba a punto de decir. Pero
estaba cansado de mantener secretos. —Bien… no puedo hablar de nada en
particular —Habló lentamente, con cuidado—. Pero sentí como si hubiera estado
aquí antes... antes de cuando desperté en la Caja. —Miró a Newt, esperando ver
reconocimiento de algún tipo en sus ojos—. ¿Alguno de ustedes pasó por eso?
Pero la cara de Newt se mantuvo en blanco. Simplemente rodó sus ojos. —Ajá, no,
Tommy. La mayor parte de nosotros nos pasamos una semana ensuciando nuestros
pantalones y arrancándonos los ojos.
—Sí, bien —Thomas se detuvo, enojado y de pronto avergonzado. ¿Qué significaba
todo eso? ¿Él era diferente de los otros de algún modo? ¿Había algo malo con él?—.Todo lucía familiar... y yo supe que quería ser un Corredor.
—Eso es interesante —Newt lo examinó por un segundo, sin ocultar su obvia
sospecha—. Bien, continúa buscando. Esfuerza tu mente, pasa tu tiempo libre
buscando en tus pensamientos, y piensa acerca de este lugar. Cava dentro de ese
cerebro tuyo, y búscalo. Inténtalo, por el bien de todos nosotros.
—Lo haré. —Thomas cerró los ojos, comenzado a buscar en la oscuridad de su
mente.
—No ahora, tonto —se rió Newt—. Sólo quería decir que lo hagas de ahora en
adelante. En tu tiempo libre, durante las comidas, cuando te vayas a dormir de
noche, mientras paseas por los alrededores, entrenando, en el trabajo. Dime si algo
te parece aún remotamente familiar. ¿Entendido?
—Sí, entendido. —Thomas no pudo evitar preocuparse por haberle arrojado
algunas banderas rojas a Newt, y que el chico mayor sólo ocultaba su preocupación.
—Bien —dijo Newt, pareciendo casi demasiado agradable—. Para empezar, será
mejor que vayamos a ver a alguien.
—¿A quién? —preguntó Thomas, pero supo la respuesta tan pronto como habló. El
terror lo llenó otra vez.
—A la chica. Quiero que la mires hasta que te sangren los ojos, ve si eso hace que
algo se despierte en ese cerebro tuyo. —Newt reunió su basura del almuerzo y se
paró—. Entonces quiero que me digas todas y cada una de las palabras que Alby te
dijo.
Thomas suspiró, entonces se puso de pie. —Bueno. —Él no supo si podría decirle
toda la verdad acerca de las acusaciones de Alby, sin mencionar cómo se sentía
acerca de la chica. Parecía que no había terminado de mantener secretos después
de todo. Los chicos caminaron hacia el Homestead, donde la chica aún permanecía
en coma. Thomas no pudo suprimir su preocupación acerca de lo que Newt
pensaba. Él se había abierto con el chico, y realmente le agradaba Newt. Si Newt lo
traicionaba ahora, Thomas no sabía si podría manejarlo.
—Si todo eso falla —dijo Newt, interrumpiendo los pensamientos de Thomas—. Te
enviaremos con los Grievers, para que puedas atravesar el Cambio. Necesitamos tus
recuerdos. —Thomas ladró una risa sarcástica ante la idea, pero Newt no sonreía.
La chica parecía estar durmiendo pacíficamente, como si fuera a despertar en
cualquier momento. Thomas casi había esperado ver los restos esqueléticos de una
persona, alguien al borde de la muerte. Pero el pecho de la chica subía y bajaba aúncon alientos; y su piel estaba llena de color. Uno de los Med-Jacks estaba allí, el
pequeño, Thomas no podía recordar su nombre, dejando caer agua en la boca de la
chica comatosa, apenas unas pocas gotas a la vez. Un plato y un tazón en la mesita
de noche mostraban lo que quedaba de su almuerzo: puré de papas y sopa. Ellos
hacían todo lo posible por mantenerla viva y sana.
—Oye, Clint —dijo Newt, sonando cómodo, como si hubiera ido de visita muchas
veces antes—. ¿Está sobreviviendo?
—Sí —Le contestó Clint—. Está bien, aunque habla en sus sueños todo el tiempo.
Pensamos que despertará pronto.
Thomas sintió cómo los pelos de sus brazos se erizaban. Por alguna razón, nunca
había considerado realmente la posibilidad de que la chica quizás despierte y esté
bien. Que ella quizás hable con las personas. No tenía la menor idea por qué, pero
de repente eso lo hizo sentirse nervioso.
—¿Estás escribiendo cada palabra que dice? —Le preguntó Newt.
Clint asintió. —La mayor parte de lo que dice es imposible de comprender. Pero, sí,
cuando podemos.
Newt señaló el bloc en la mesita de noche. —Dame un ejemplo.
—Bien, lo mismo que dijo cuando la sacamos de la Caja, acerca de que las cosas van
a cambiar. Otras cosas acerca de los Creadores y de cómo “todo tiene que
terminar”. Y, ahh… —Clint miró a Thomas, como si no quisiera continuar en su
presencia.
—Está bien, él puede oír todo lo que yo oigo. —Le aseguró Newt.
—Bien… no logro comprender todo aún, pero… —Clint miró a Thomas otra vez—.
Ella sigue diciendo su nombre una y otra vez.
Thomas casi se cayó al escuchar eso. ¿Acaso las referencias hacia él nunca
terminarían? ¿Cómo conocía a esta chica? Era como una picazón desesperante
dentro del cráneo que no se quería ir.
—Gracias, Clint —dijo Newt, en lo que le sonó a Thomas como un obvio despido—.
Has un informe de todo esto, ¿sí?
—Lo haré. —El Med-Jack asintió a ambos y dejó el cuarto.
—Acerca una silla —dijo Newt mientras él se sentaba en el borde de la cama.
Thomas, aliviado de que Newt aún no le arrojara acusaciones, tomó la silla del
escritorio y la colocó bien cerca de donde descansaba la cabeza de la chica; él se
sentó, inclinándose hacia delante para mirar su rostro.—¿Algo te parece conocido? —Le preguntó Newt—. ¿Algo en lo absoluto?
Thomas no respondió, sólo continuó mirándola, dispuesto a romper la barrera en su
mente que reprimía su memoria, y buscando a esta chica delante de él. Pensó
acerca de ese momento en el que ella había abierto los ojos justo después de que la
sacaran de la Caja. Habían sido azules, de un color más profundo que los ojos de
cualquier otra persona que él podría recordar haber visto antes. Trató de
imaginarse esos ojos en ella ahora mientras miraba su rostro durmiente, mezclando
las dos imágenes en su mente. Su pelo negro, su perfecta piel blanca, sus labios
carnosos… Mientras la miraba fijamente, se dio cuenta una vez más cuán
verdaderamente hermosa era ella. Un reconocimiento cosquilleó brevemente en un
rincón de su mente... una ondulación de alas en un rincón oscuro, sin ser visto, pero
que estaba allí. Duró sólo un instante antes de desaparecer en el abismo de sus
otras memorias olvidadas. Pero él sintió algo.
—Yo la conozco —Susurró, recostándose en su silla. Se sentía bien el finalmente
admitirlo en voz alta.
Newt se paró. —¿Qué? ¿Quién es ella?
—No tengo ni idea. Pero algo hizo clic en mi mente... yo la conozco de algún lugar.
—Thomas se frotó los ojos, frustrado al no poder solidificar ese lazo.
—Bien, continúa pensando... no lo pierdas. Concéntrate.
—Eso intento, así que cállate. —Thomas cerró los ojos, registrando la oscuridad de
sus pensamientos, buscando el rostro de la chica en ese vacío. ¿Quién es ella? La
ironía de la pregunta lo golpeó: ni siquiera sabía quién era él. Se inclinó hacia
delante en su silla y respiró hondo, entonces miró a Newt, sacudiendo la cabeza en
señal de rendición—. Yo sólo no puedo...
Teresa.
Thomas se paró de un salto, tirando la silla hacia atrás, girando en un círculo,
buscando. Había oído…
—¿Qué está mal? —Le preguntó Newt—. ¿Recordaste algo?
Thomas lo ignoró, y echó una mirada alrededor del cuarto en confusión, sabiendo
que había oído una voz, entonces volvió a mirar a la chica.
—Yo… —Se sentó nuevamente y se inclinó hacia delante, mirando fijamente la cara
de la chica—. Newt, ¿Dijiste algo antes de que yo me parara?
—No.
Por supuesto no. —Ah. Sólo pensé que oí algo… no lo sé. Quizá estaba en mi cabeza.¿Ella… dijo algo?
—¿Ella? —Le preguntó Newt, con los ojos iluminados—. No. ¿Por qué? ¿Qué
escuchaste?
Thomas estaba asustado de admitirlo. —Yo… juro que oí un nombre: Teresa.
—¿Teresa? No, yo no oí eso. ¡Debe de haberse escapado de tu barrera de memoria!
Ese es su nombre, Tommy. Teresa. Tiene que ser.
Thomas se sentía… extraño, un sentimiento incómodo, como que algo sobrenatural
acababa de ocurrir.
—Fue… juro que lo oí. Pero en mi mente, hombre. No puedo explicarlo.
Thomas.
Esta vez, él saltó de la silla y se alejó lo más que pudo de la cama, tirando la lámpara
que descansaba sobre la mesa; aterrizando sobre el vidrio roto. Una voz. La voz de
una chica. Susurrante, dulce, confidente. Él la había oído. Sabía que la había oído.
—¿Qué demonios sucede contigo? —Le preguntó Newt.
El corazón de Thomas corría. Sus latidos se sentían como porrazos en el cráneo.
Ácido le hervía en el estómago. —Es… está hablando conmigo. En mi cabeza. ¡Acaba
de decir mi nombre!
—¿Qué?
—¡Lo juro! —El mundo giró alrededor de él, apretándolo, aplastando su mente—.
Estoy… oyendo su voz en mi cabeza, o algo… no es realmente una voz…
—Tommy, sienta tu trasero en esa silla. ¿De qué demonios hablas?
—Newt, lo digo en serio. Es… no es realmente una voz… pero es...
Tom, nosotros somos los ultimos. Terminara pronto. Tiene que terminar.
Las palabras resonaban en su mente, tocaban sus tímpanos, él podía oírlas. Pero no
sonaban como si vinieran del cuarto, de fuera de su cuerpo. Venían, literalmente,
en todos los aspectos, de dentro de su mente.
Tom, no te me vuelvas loco.
Puso sus manos sobre sus orejas, apretando sus ojos fuertemente. Era demasiado
extraño; él no podía entender lo que sucedía.
Mis recuerdos ya comienzan a evaporarse, Tom. No recordare mucho cuando
despierte. Podemos pasar las Pruebas. Tiene que terminar. Ellos me enviaron como
un disparador.
Thomas ya no podía aguantarlo. Ignorando las preguntas de Newt, tropezó en su
camino hacia la puerta y la abrió, dio un paso en el vestíbulo, y corrió. Bajó lasescaleras, fuera de la puerta principal, y sólo corrió. Pero no hizo nada por callar la
voz.
Todo cambiara, dijo.
Quería gritar, correr hasta que no pudiera correr más. Salió por la Puerta Oriental y
corrió fuera del Claro. Continuó corriendo, pasillo tras pasillo, entrando más y más
profundamente en el corazón del Laberinto, con reglas o sin ellas. Pero aún así no
podía escapar de la voz.
Fuimos tu y yo, Tom. Nosotros les hicimos esto a ellos. Y nos lo hicimos a nosotros
mismos.Capítulo 29
Thomas no paró hasta que la voz se detuvo completamente. Le sorprendió cuando
se dio cuenta de que llevaba una hora corriendo, la sombra de las paredes corrían
hacia el este, y pronto se pondría el sol y cerrarían las puertas. Tenía que regresar.
Solo entonces entendió, que sin pensarlo sabia donde estaba y la hora. Sus instintos
estaban fuertes. Tenía que regresar. Pero no sabía si podría enfrentarla de nuevo.
La voz en su cabeza. Todas las cosas extrañas que le dijo. No tenía opción. Negar la
verdad no serviría de nada. A pesar de lo malo, y extraño, que fue la invasión a su
mente, le ganaría a una reunión con los Grievers cualquier día. Mientras corría en
dirección hacia El Claro, aprendió muchas cosas sobre el mismo. Sin quererlo o
darse cuenta, se imagino el camino fuera del Laberinto mientras escapaba de la voz.
En ninguna ocasión dudo de su regreso, girando a la izquierda y a la derecha y
corriendo por los largos pasillos en dirección opuesta por la cual había venido. El
sabía lo que significaba. Minho tenía razón. Pronto, Thomas sería el mejor Corredor.
La segunda cosa que había aprendido de sí mismo, como si la noche en el Laberinto
ya no lo hubiese probado, era que su cuerpo estaba en buena forma. Solo un día
antes había agotado toda su fuerza, y se había encontrado adolorido de pies a
cabeza. Se había recuperado rápidamente, y ahora corría sin el más mínimo
esfuerzo, a pesar de que ya estaba terminando su segunda hora. No se necesitaba
un genio en las matemáticas para calcular que su velocidad y su tiempo combinado
significaba que habría corrido medio maratón para cuando llegara al Claro. Nunca le
había prestado atención al verdadero tamaño del Laberinto. Millas y millas y millas.
Con sus paredes que siempre se movían, todas las noches, finalmente entendió
porque el Laberinto era tan difícil de resolver. Lo había dudado hasta ahora, se
preguntaba como los Corredores podían ser tan ineptos. Adelante corrió, izquierda
y derecha, adelante y adelante. Para cuando cruzo el umbral hacia el Claro, las
Puertas solo estaban a unos minutos de cerrarse. Cansado, se fue directamente
hacia el Deadhead, se dirigió hacia el bosque hasta que llego al punto donde se
reunían los árboles en contra de la esquina suroeste. Más que nada, quería estar
solo. Cuando solo pudo oír el sonido de las conversaciones lejanas de los Habitantes
del Claro, así como ecos lejanos, su deseo fue concedido; encontró la unión de losdos muros gigantes y se derrumbo en la esquina para descansar. Nadie llego, nadie
lo molesto. La puerta del sur eventualmente se cerró por la noche; se inclinó hacia
delante hasta que se detuvo completamente. Minutos más tarde, recostó su
espalda cómodamente contra la pared de piedra y se quedo dormido.
La mañana siguiente, alguien gentilmente lo levanto.
—Thomas, despiértate. —Era Chuck, el chico parecía capaz de encontrarlo donde
sea.
Bostezando, Thomas se inclino hacia delante, estrechando su espalda y sus brazos.
Unas cuantas mantas habían sido colocadas sobre él durante la noche, alguien
jugando a ser la Madre del Claro.
—¿Qué hora es? —Preguntó.
—Estás casi tarde para el desayuno. —Chuck tiró de sus brazos—. Vamos, levántate.
Necesitas actuar normal o las cosas empeoraran.
Los eventos de la noche anterior invadieron la mente de Thomas, y sintió como se le
encogió el estomago. .Que haran conmigo? Pensó. Las cosas que ella dijo. Algo
sobre ella y yo haciendoles esto. A nosotros. .Que significaba eso? Luego le llego a la
mente que quizás estaba loco. Quizás el estrés del Laberinto lo había vuelto loco. De
cualquier forma, solo él había escuchado la voz en su cabeza. Nadie más sabia las
cosas extrañas que Teresa le dijo, o de las cuales lo acuso. Ni siquiera sabían que
ella le había dicho su nombre. Bueno, nadie excepto por Newt. Y lo mantendría así.
Las cosas ya estaban mal; no había forma de que las empeorara diciéndole a la
gente que oía voces. El único problema era Newt. Thomas tendría que encontrar la
forma de convencerlo de que el estrés se había apoderado de él y que una buena
noche de descanso lo resolvió todo.
No estoy loco, Thomas se dijo a sí mismo. Seguramente que no lo estaba. Chuck lo
estaba mirando con las cejas enmarcadas.
—Lo siento —Le dijo Thomas mientras se paraba, actuando lo más normal posible—
. Solo estaba pensando. Vamos, que me muero de hambre.
—Que bueno —dijo Chuck, dándole un manotazo en la espalda.
Se dirigieron al Homestead, Chuck hablando durante todo el camino. Aunque
Thomas no se quejaba; era lo más cercano a lo normal que tenía.
—Newt te encontró anoche y le dijo a todo el mundo que te dejara dormir. Y nos
dijo lo que decidió el Consejo sobre ti; un día en la celda, y luego entrarías al
programa de entrenamiento para los Corredores. Algunos de los shanks sequejaron, otros se alegraron, y la mayoría actuó como si no les importara. En mi
opinión, eso es genial. —Chuck hizo una pausa para tomar aire y luego continúo—.
Esa primera noche, cuando estuviste fanfarroneando sobre ser un Corredor y toda
esa mierda; me estaba riendo por dentro. Seguía pensado, a este estúpido le espera
una gran decepción. Pero, demostraste que me equivocaba, ¿eh?
Thomas no tenía ganas de hablar sobre eso. —Yo solo hice lo que cualquiera
hubiese hecho. No es mi culpa que Minho y Newt quieran que yo sea un Corredor.
—Sí, claro. Deja de ser tan modesto.
Ser un corredor era la última cosa que Thomas tenía en su mente. En lo que él no
podía parar de pensar era en Teresa, la voz en su cabeza, lo que ella había dicho.
—Creo que estoy un poco emocionado. —Thomas forzó una sonrisa, aunque él
hacia una mueca ante el pensamiento de estar en el Slammer por si solo todo el día
antes de tener que comenzar.
—Veremos cómo te sientes después de correr hasta que vomites tus intestinos. De
todos modos, solo para que sepas el viejo Chucky está orgulloso de ti.
Thomas sonrió ante el entusiasmo de su amigo. —Si solo tú fueras mi madre —
Thomas murmuró—. La vida sería una perra —Mi mama, él pensó. El mundo
pareció oscurecerse un momento, él ni siquiera podía recordar a su propia madre.
Él empujo el pensamiento hacia atrás antes de que lo consumiera.
Llegaron a la cocina y tomaron un desayuno rápido, agarrando dos sillas vacías en la
enorme mesa dentro. Cada habitante del Claro que entraba y salía le daba a
Thomas una mirada fija; unos pocos se acercaron y le ofrecieron felicitaciones.
Aparte de unas pocas salpicaduras de miradas sucias aquí y allá, la mayoría parecía
estar de su lado. Luego él recordó a Gally.
—Hey, Chuck —Él preguntó luego de tomar un gran trozo de huevos, tratando de
sonar casual—. ¿Encontraron a Gally?
—No. Iba a decirte, alguien dijo que lo vio corriendo dentro del Laberinto luego de
que dejara la Reunión. No ha sido visto desde entonces.
Thomas dejo caer su tenedor, sin saber qué es lo que había esperado o deseado. De
cualquier forma, las noticias lo sorprendieron. —¿Qué? ¿Lo dices en serio? ¿Entró
en el Laberinto?
—Sí. Todos saben que él está loco, algunos shanks incluso te acusaron de matarlo
cuando saliste corriendo ayer.
—No puedo creerlo… —Thomas miraba fijamente su plato, tratando de entenderporque Gally haría eso.
—No te preocupes amigo. Nadie lo quería excepto sus pocos shuck compinches.
Ellos son los que te estaban acusando y todo eso.
Thomas no podía creer cuan casualmente Chuck hablaba de eso. —Tú sabes, el
chico está probablemente muerto. Estas hablando de él como si se hubiera ido de
vacaciones.
Una mirada contemplativa se formó en Chuck. —No creo que este muerto.
—¿Huh? Entonces ¿Dónde está? ¿No que solo Minho y yo habíamos sobrevivido
una noche ahí?
—Eso es lo que estoy diciendo. Creo que sus amigos lo escondieron dentro del Claro
en algún lado. Gally era un idiota, pero es imposible que fuera lo suficientemente
estúpido para quedarse fuera en el Laberinto toda la noche. Como tú.
Thomas negó con la cabeza. —Quizás eso es exactamente porque él se quedo ahí
afuera. Quería probar que él podía hacer cualquier cosa que yo pudiera. El chico me
odia. —Una pausa—. Odiaba.
—Bueno, como sea. —Chuck se encogió de hombros como si estuvieran discutiendo
sobre qué comer al desayuno—. Si está muerto, probablemente ustedes lo
encontraran en algún momento. Si no, le dará hambre y aparecerá para comer. No
me importa.
Thomas recogió su plato y lo llevó al mostrador. —Todo lo que quiero es un día
normal, un día para relajarme.
—Entonces tu maldito deseo está concedido —dijo una voz desde la puerta de la
cocina tras él.
Thomas se giró para ver donde Newt estaba, sonriendo. Esa sonrisa envió una ola
de alivio a través de Thomas, como si hubiera descubierto que el mundo estaba
bien de nuevo.
—Vamos, tú, presidiario fastidioso —Newt dijo—. Puedes relajarte mientras te la
pasas en el Slammer. Vamos. Chucky te llevará algo de comida en la noche.
Thomas asintió dirigiéndose a la puerta. Newt dirigiendo el camino.
Repentinamente un día en prisión sonaba excelente. Un día solo para sentarse y
relajarse. Aunque algo le decía que había una buena posibilidad de que Gally le
llevara flores antes de que pasara un día en el Claro sin que nada extraño sucediera.Capítulo 30
El Slammer quedaba en un oscuro lugar entre Homestead y la pared norte del Claro,
escondido detrás de arbustos espinosos y desiguales que lucían como si no
hubieran sido arreglados en años. Era un gran bloque de concreto cortado sin
mucha precisión, con una pequeña ventana enrejada y una puerta de madera que
estaba cerrada con un picaporte mohoso de metal de aspecto amenazante, como
algo sacado de la Alta Edad Media.
Newt sacó una llave y lo abrió, luego le hizo señas a Thomas para que entrara. —
Sólo hay una silla ahí y nada para hacer. Que lo disfrutes.
Thomas gimió interiormente cuando dio un paso dentro y vio el mueble, una fea y
desvencijada silla con una pata obviamente más corta que el resto, probablemente
a propósito. Ni siquiera tenía un cojín.
—Diviértete —dijo Newt antes de cerrar la puerta. Thomas se volvió a su nuevo
hogar y oyó al picaporte cerrarse y el chasquido de la cerradura detrás de él. La
cabeza de Newt apareció en la pequeña ventana sin vidrio, mirando a través de las
barras, con una sonrisa de satisfacción sobre su rostro—. Una agradable
recompensa por romper las reglas. Salvaste algunas vidas, Tommy, pero todavía
tienes que aprender…
—Sí, lo sé. Orden.
Newt sonrió. —No eres medio malo, shank. Pero amigos o no, vamos a llevar
apropiadamente las cosas, nos mantiene desgraciadamente vivos. Piensa sobre eso
mientras estás sentado ahí y miras fijamente las paredes sangrientas.
Y entonces se había ido.
La primera hora pasó, y Thomas sentía al aburrimiento filtrándose como ratas bajo
la puerta. Para la hora número dos, quería golpear su cabeza contra la pared. Dos
horas después de eso comenzó a pensar que tener una cena con Gally y los Grievers
daría una paliza a sentarse dentro de este estúpido Slammer. Se sentó e intentó
recuperar recuerdos, pero cada esfuerzo se evaporó en niebla inconsciente antes de
que nada tomara forma. Agradecidamente, Chuck llegó con el almuerzo al
mediodía, liberando a Thomas de sus pensamientos. Después de pasarle algunos
pedazos de pollo y un vaso de agua por la ventana, utilizó su papel normal de
hablarle a Thomas al oído.—Todo va a volver a la normalidad —Anunció el chico—. Los Corredores están
todos trabajando fuera en el Laberinto, tal vez sobreviremos después de todo.
Todavía no hay señales de Gally, Newt les dijo a los Corredores que regresaran
extremadamente rápido si encontraban su cuerpo. Y, oh, sí, Alby está levantado y
caminando. Se ve bien, y Newt está agradecido de que ya no va a tener que ser el
gran jefe.
La mención de Alby sacó la atención de Thomas de su comida. Se imaginó al chico
mayor dando golpes alrededor, ahogándose el día anterior. Entonces recordó que
nadie más sabía lo que Alby había dicho después de que Newt dejó la habitación,
antes del ataque. Pero eso no quería decir que Alby lo mantendría entre ellos ahora
que estaba levantado y caminando alrededor. Chuck siguió hablando, tomando un
giro completamente inesperado. —Thomas, lo he arruinado, hombre. Es extraño
sentirse triste y nostálgico, pero no tener idea de que deseas poder regresar,
¿sabes? Todo lo que sé es que no quiero estar aquí. Quiero regresar con mi familia.
Lo que sea que esté ahí, de donde sea que haya sido tomado. Quiero recordar.
Thomas estaba un poco sorprendido. Nunca había escuchado a Chuck decir algo tan
profundo y tan verdadero. —Sé lo que quieres decir —Murmuró.
Chuck era demasiado bajo para que sus ojos alcanzaran donde Thomas pudiera
verlos cuando habló, pero por su siguiente declaración, Thomas imaginaba que
estaban llenos con una desolada tristeza, tal vez incluso con lágrimas. —Solía llorar.
Cada noche.
Eso lo hizo pensar en Alby dejando la mente de Thomas. —¿Si?
—Como un bebé con los pantalones mojados. Casi hasta el día en que llegaste aquí.
Luego simplemente me acostumbre, supongo. Esto se convierte en tu hogar, incluso
aunque pasemos todos los días esperando salir.
—Sólo he llorado una vez desde que llegué, pero eso fue después de que casi fuera
comido vivo. Probablemente solo soy un superficial shuck-face. —Thomas quizás no
lo hubiera admitido si Chuck no se hubiera abierto.
—¿Lloraste? —Escuchó decir a Chuck a través de la ventana—. ¿Entonces?
—Sí. Cuando el último cayó por el Acantilado, me descompuse y lloré hasta que mi
garganta y pecho dolieron. —Thomas lo recordaba todo muy bien—. Todo se
aplastó sobre mí de una vez. Seguro me hizo sentir mejor, no te sientas mal por
llorar. Nunca.
—Como que te hace sentir mejor, ¿huh? Es raro como eso funciona.Unos pocos minutos pasaron en silencio. Thomas se encontró deseando que Chuck
no se fuera.
—Hey, ¿Thomas? —preguntó Chuck.
—¿Todavía aquí?
—¿Crees que tengo padres? ¿Padres de verdad?
Thomas rió, en mayor parte para apartar la repentina oleada de tristeza que causó
esa declaración. —Desde luego que tienes, shank. ¿Te tengo que explicar lo de los
pájaros y las abejas? —El corazón de Thomas dolía, podía recordar recibir el sermón
pero no quién se lo había dado.
—Eso no es lo que quiero decir —dijo Chuck, su voz completamente desprovista de
alegría. Era baja y desolada, casi un gruñido—. La mayor parte de los chicos que han
ido por el Cambio recuerdan cosas terribles de las que no quieren ni siquiera hablar,
lo que me hace dudar de que tenga algo bueno de regreso a casa. Entonces, quiero
decir, ¿Crees que es realmente posible que tenga una mamá y un papá fuera en el
mundo en algún lado, extrañándome? ¿Crees que ellos lloran en la noche?
Thomas estaba completamente sorprendido al comprender que sus ojos estaban
llenos de lágrimas. La vida había sido tan loca desde que había llegado, nunca había
pensado realmente sobre los Habitantes del Claro como personas reales con
familias de verdad, extrañándolos. Era extraño, pero ni siquiera había pensado de
verdad de sí mismo de ese modo. Solo sobre lo que todo quería decir, quien los
había enviado aquí, como conseguirían salir. Por primera vez, sentía algo por Chuck
que lo hacía enfadar tanto que quería matar a alguien. El chico debería estar en la
escuela, en una casa, jugando con los niños del vecindario. Merecía ir a casa en la
noche con una familia que lo amara, que se preocupara por él. Una mamá que lo
hiciera ducharse todos los días y un papá que lo ayudara con su tarea. Thomas los
odiaba con una pasión que no sabía que un humano pudiera sentir. Los quería
muertos, incluso torturados. Quería que Chuck fuera feliz. Pero la felicidad había
sido arrancada de sus vidas. El amor había sido arrancado de sus vidas.
—Escúchame, Chuck. —Thomas se detuvo, calmándose tanto como podía,
asegurándose de que su voz no se quebrara—. Estoy seguro de que tienes padres.
Lo sé. Suena terrible, pero apuesto a que tu mamá está sentada en tu habitación
ahora mismo, sosteniendo tu almohada, buscándote en el mundo que te robó de
ella. Y sí, apuesto a que está llorando. Con fuerza. Llorando con los ojos hinchados y
la nariz mocosa. El negocio de verdad.Chuck no dijo nada, pero Thomas pensó que escuchó el más ligero de los sollozos.
—No te des por vencido, Chuck. Vamos a solucionar esta cosa, vamos a salir de
aquí. Soy un Corredor ahora, prometo con mi vida que te llevaré de regreso a esa
habitación tuya. Haré que tu mamá deje de llorar. —Y Thomas quería decir eso. Lo
sentía quemando en su corazón.
—Espero que tengas razón —dijo Chuck con la voz temblorosa. Mostró una señal
con los pulgares levantados en la ventana, y luego se fue.
Thomas se levantó para pasearse alrededor de la pequeña habitación, humeando
con un intenso deseo de mantener su promesa. —Lo juro, Chuck —Susurró a
nadie—. Juro que te llevaré de regreso a casa.