Capítulo 35
—Esto lo resuelve todo —dijo Minho.
Thomas se paró a su lado en el borde del Acantilado, mirando fijamente a la nada
gris que había más allá. No había ninguna señal de nada, a la izquierda, derecha,
abajo, arriba, o en frente, tan lejos como él podía ver.
Nada excepto una pared de impasibilidad.
—¿Resuelve el qué? —preguntó Thomas.
—Lo hemos visto tres veces ahora. Algo pasa.
—Sí. —Thomas sabía lo que quería decir, pero esperó a que Minho se explicara de
todas formas.
—Ese Griever muerto que encontré, corrió hacia aquí, y nunca le hemos visto volver
o adentrarse más en el Laberinto. Entonces esos mamones que habíamos burlado
saltando por delante nuestro…
—¿Burlado? —dijo Thomas—. Quizás no tanto un truco.
Minho le miró, contemplativo. —Hmmm. De todas formas, entonces esto. —Apuntó
hacia el abismo—. Ya no queda mucha duda más, de alguna forma los Grievers
pueden dejar el Claro por aquí. Parece magia, pero lo mismo es el sol
desapareciendo.
—Si ellos pueden salir por aquí —añadió Thomas, continuando la línea de
razonamiento de Minho—, también podemos nosotros. —Un estremecimiento de
emoción le atravesó.
Minho se rió. —Aquí va de nuevo tu deseo de muerte. Quieres juntarte con los
Grievers, tomar un sándwich ¿quizás?
Thomas sintió sus esperanzas caer. —¿Tienes mejores ideas?
—Una cosa a la vez, Greenie. Consigamos algunas piedras y probemos este lugar.
Tiene que haber algún tipo de salida oculta.
Thomas ayudó a Minho mientras escarbaban alrededor de las esquinas y los
recovecos del Laberinto, recogiendo tantas piedras sueltas como les era posible.
Habían conseguido más manoseando las grietas de la pared, tirando trozos rotos al
suelo. Cuando habían conseguido un montón considerable, lo arrastraron justo al
lado del borde y tomaron asiento, los pies colgando por un lado. Thomas miró haciaabajo y vio nada excepto una pendiente gris.
Minho sacó su libreta y su lápiz, los colocó en el suelo junto a él. —Está bien,
tenemos que tomar buenas notas. Y memorizarlo en esta shuck-head tuya,
también. Si hay algún tipo de ilusión óptica escondiendo la salida de este lugar, no
quiero ser el que la cague cuando el primer Shank intente saltar en su interior.
—Ese Shank tiene que ser el Guardián de los Corredores —dijo Thomas, intentando
hacer una broma para ocultar su miedo. Estando tan cerca de un sitio donde los
Grievers pueden salir en cualquier segundo le estaba haciendo sudar—. Tú querrás
sujetar una preciosa cuerda.
Minho cogió una piedra del montón. —Sí. Está bien, tomemos turnos para lanzarlas,
zigzagueando de aquí para allá. Si hay algún tipo de salida mágica, es de esperar que
funcione con rocas, también, hacerlas desaparecer.
Thomas cogió una roca y con cuidado la tiro a su izquierda, justo en frente de donde
la pared izquierda del pasillo iba desde el Acantilado y se encontraba con el borde.
La dentada pieza de piedra cayó. Y cayó.
Entonces desapareció en el vacío gris.
Minho era el siguiente. Lanzó su roca justo un metro o algo más lejos de lo que
había lo hecho Thomas. También cayó bien abajo. Thomas lanzó otra, otro metro de
distancia. Entonces Minho. Cada roca caía en las profundidades. Thomas continuaba
siguiendo las órdenes de Minho, continuaron hasta que marcaron una línea
alcanzando al menos una docena de metros del Acantilado, entonces movieron su
patrón objetivo un metro a la derecha y empezaron volviéndose hacia el Laberinto.
Todas las rocas caían. Otra línea de salida, otra línea a la espalda. Todas las rocas
caían. Tiraron suficientes rocas para cubrir la mitad del área abandonada frente a
ellos, cubriendo la distancia cualquiera, o cualquier cosa, podría posiblemente
saltar. El desaliento de Thomas aumentaba con cada lanzamiento, hasta que se
convirtió en un masivo pesado de blah.
No podía evitar regañarse a sí mismo, había sido una idea estúpida.
Entonces la siguiente roca de Minho desapareció.
Era la cosa extraña, más-difícil-de-creer que Thomas había visto.
Minho había lanzado una gran cantidad, una pieza que había caído de una de las
grietas de la pared. Thomas miraba, profundamente concentrado en todas y cada
una de las rocas. Esta dejo la mano de Minho, navegó hacia delante, casi en el
exacto centro de la línea del Acantilado, empezó su descenso hacia el no-visto suelosituado más allá. Entonces desapareció, como si se hubiera caído a través de un
plano de agua o niebla.
Un segundo ahí, cayendo. El segundo siguiente desaparecida.
Thomas no podía hablar.
—Hemos tirado cosas por el Acantilado antes —dijo Minho—. ¿Cómo hemos
podido pasar esto por alto? No había visto desaparecer nada. Nunca.
Thomas tosió; su garganta se sentía en carne viva. —Hazlo de nuevo, quizás hemos
parpadeado raro o algo así.
Minho lo hizo, tirándola en el mismo punto. Y de nuevo, desapareció en un
parpadeo.
—Quizás no estabas mirando cuidadosamente las otras veces que tiraste cosas —
dijo Thomas—. Quiero decir, debería ser imposible, algunas veces no miras con la
suficiente atención las cosas que no crees que pasaran o pueden pasar.
Tiraron el resto de las rocas, apuntando al objetivo original y cada pulgada de su
alrededor. Para sorpresa de Thomas, el lugar donde las rocas desaparecían probó
ser solo un cuadrado de pocos metros.
—No es de extrañar que lo dejáramos pasar —dijo Minho, furiosamente
escribiendo notas y dimensiones, su mejor intento de un diagrama—. Es bastante
pequeño.
—Los Grievers apenas deben poder pasar a través de esa cosa. —Thomas mantenía
los ojos clavados en el área del invisible cuadrado flotante, intentando quemar la
distancia y la localización en su mente, recordar exactamente donde estaba—. Y
cuando ellos salen, deben equilibrarse en el borde del agujero y saltar hacia el
espacio vacío del borde del Acantilado, no esta tan lejos. Si pudiera saltarlo, estoy
seguro que es fácil para ellos.
Minho terminó de dibujar, entonces miró hacia el lugar especial. —¿Cómo es esto
posible, hombre? ¿Qué es lo que estamos mirando?
—Como tú has dicho, no es magia. Tiene que ser algo como nuestro cielo
volviéndose gris. Algún tipo de ilusión óptica u holograma, escondiendo una puerta.
Este sitio esta jodido. —Y, Thomas se admitió a sí mismo, algo genial. Su mente
ansiaba saber qué tipo de tecnología podía estar detrás de todo esto.
—Sí, jodido es correcto. Vamos. —Minho se levantó con un gruñido y se colocó su
mochila—. Será mejor que corramos tanto del Laberinto como podamos. Con
nuestro nuevo decorado cielo, quizás otras cosas raras han ocurrido ahí fuera. Lecontaremos a Newt y Alby lo de esta noche. No sé cómo ayudará, pero al menos
ahora sabemos dónde esos shuck Grievers van.
—Y probablemente de donde vienen —dijo Thomas mientras echaba una última
mirada a la escondida entrada—. El agujero de los Grievers.
—Sí, buen nombre como cualquier otro. Vámonos.
Thomas se quedó sentado y mirando fijamente, esperando a que Minho hiciera un
movimiento. Varios minutos pasaron en silencio y Thomas se dio cuenta de que su
amigo debía de estar tan fascinado como él. Finalmente, sin una palabra, Minho se
giró para irse. Thomas a regañadientes le siguió y corrieron hacia el oscuro-gris
Laberinto.
Thomas y Minho no encontraron nada a parte de paredes de piedra y hiedra.
Thomas hizo el corte de la hiedra y tomó todas las notas. Era difícil para el darse
cuenta de cualquier cambio desde el día anterior, pero Minho señaló sin pensarlo
donde las paredes se habían movido. Cuando llegaron al camino sin salida y era
hora de volver a casa, Thomas sintió un impulso casi incontrolable de meterlo todo
en bolsas y pasar allí la noche, ver qué pasaba.
Minho pareció notarlo y le cogió del hombro. —Todavía no, amigo. Aún no.
Y entonces ellos volvieron.
Un humor sombrío descansaba sobre el Claro, una cosa que podía pasar fácilmente
cuando todo era gris. La tenue luz no había cambiado ni un ápice desde que se
habían despertado esa mañana, y Thomas se preguntó si algo iba a cambiar con “la
puesta de sol” también.
Minho se dirigió directamente a la Sala del Mapa a la vez que pasaron a través de la
Puerta Oeste.
Thomas estaba sorprendido. Pensaba que era la última cosa que harían.
—¿No te estás muriendo por contarles a Newt y Alby sobre el Agujero de los
Griever?
—Hey, todavía somos Corredores —dijo Minho—, y todavía tenemos un trabajo. —
Thomas le siguió hacia la puerta de acero del gran bloque de cemento y Minho se
giró para darle una sonrisa—. Pero sí, lo haremos rápido para que podamos hablar
con ellos.
Allí ya había Corredores dando vueltas por la habitación, elaborando sus Mapas
cuando ellos entraron. Nadie dijo una palabra, como si toda especulación sobre el
nuevo cielo se hubiera agotado. La desesperanza en la habitación hizo a Thomassentir como si estuviera caminando a través de agua embarrada. Él sabía que
también debía estar exhausto, pero estaba demasiado emocionado para sentirlo,
no podía esperar a ver las reacciones de Newt y Alby sobre las noticias del
Acantilado.
Se sentó en la mesa y dibujo el Mapa del día basado en su memoria y las notas,
Minho mirando por encima de su hombro todo el tiempo, dando indicaciones. “Yo
creo que ese pasillo estaba actualmente cortado por aquí, no allí” y “Observa tus
proporciones” y “Dibuja más firme, shank”. Era molesto pero útil, y quince minutos
después de entrar en la habitación, Thomas examinó su producto final. Orgullo le
recorrió, era justamente tan bueno como cualquier otro Mapa que había visto.
—No está mal —dijo Minho—. Para un Greenie, eso es.
Minho se levantó y camino hacia el baúl de la Sección Uno y lo abrió.
Thomas se arrodilló en frente de esto y cogió el Mapa del día anterior y lo sostuvo
lado a lado con el que él había dibujado.
—¿Qué es lo que estoy buscando? —preguntó él.
—Patrones. Pero mirando a dos días no va a darte ninguna sorpresa. Realmente
necesitas estudiar varias semanas, buscar patrones, cualquier cosa. Sé que hay algo
allí, algo que nos va a ayudar. Simplemente todavía no puedo encontrarlo. Como he
dicho, es una mierda.
Thomas sintió un picor en la parte posterior de su mente, la misma que había
sentido la primera vez en esta habitación. Las paredes del Laberinto, moviéndose.
Patrones. Todas esas líneas rectas ¿estaban sugiriendo un tipo de mapa totalmente
diferente? ¿Apuntando a algo? Tenía ese pesado presentimiento de que se le
escapaba una pista o sugerencia obvia.
Minho le palmeó en el hombro. —Siempre puedes volver y dejarte el culo
estudiando después de cenar, después de que hablemos con Newt y Alby. Vamos.
Thomas colocó los papeles dentro del baúl y lo cerró, odiando la punzada de
inquietud que sintió. Era como un pinchazo en su costado. Paredes moviéndose,
líneas rectas, patrones… Tenía que haber una respuesta.
—Está bien, vámonos.
Salieron de la Habitación del Mapa, la pesada puerta cerrándose con un estrépito
tras ellos, cuando Newt y Alby se acercaron, ninguno de ellos se veía contento. El
entusiasmo de Thomas inmediatamente se convirtió en preocupación.
—Hey —dijo Minho—. Nosotros acabamos…—Ve al grano —interrumpió Alby—. No tengo tiempo que perder. ¿Han encontrado
algo? ¿Cualquier cosa?
Minho retrocedió con el severo reproche, pero su cara se veía más confusa para
Thomas que herida o enfadada. —Me alegro de verte, también. Sí, nosotros hemos
encontrado algo, en realidad.
Curiosamente, Alby casi parecía decepcionado. —Porque este jodido lugar se está
cayendo a pedazos. —Le lanzó a Thomas una mirada desagradable como si fuera
todo culpa suya.
.Que le pasaba? Pensó Thomas, sintió su propio enfado encenderse. Habían estado
trabajando todo el día ¿y así se lo agradecían?
—¿Qué quieres decir? —preguntó Minho—. ¿Qué más ha pasado?
Newt respondió, señalando con la cabeza la Caja mientras lo hacía. —Los malditos
suplementos no han llegado hoy. Vienen cada semana desde hace dos años, la
misma hora, mismo día. Pero no hoy.
Los cuatro miraron hacia la puerta de acero fijada al suelo. Para Thomas, parecía
haber una sombra cerniéndose sobre ella más oscura que el aire gris
envolviéndoles.
—Oh, ahora sí que estamos bien jodidos —susurró Minho, su reacción alertando a
Thomas de lo grave que realmente era la situación.
—No hay sol para las plantas —dijo Newt—, no hay suplementos en la maldita Caja,
sí, yo digo que estamos jodidos, de verdad.
Alby había cruzado los brazos, todavía mirando fijamente la Caja como si tratara de
abrir las puertas con su mente. Thomas esperaba que su líder no hubiera revelado
lo que había visto en el Cambio o cualquier cosa relacionada con Thomas, para el
caso. Especialmente ahora.
—Sí, de todas maneras —continuó Minho—. Hemos encontrado algo raro.
Thomas esperó, deseando que Newt o Alby tuvieran una reacción positiva a las
noticias, quizás tuvieran más información para dar luz al misterio.
Newt alzó las cejas. —¿Qué?
Minho tomo un total de tres minutos para explicarlo, empezando con el Griever que
habían seguido y terminando con los resultados de su experimento lanzando rocas.
—Debe llevar hasta donde… ya saben… viven los Grievers —dijo cuando terminó.
—El agujero de Griever —añadió Thomas. Los tres le miraron, molestos, como si no
tuviera derecho a hablar. Pero por primera vez, ser tratado como el Greenie no lemolestaba tanto.
—Tengo que ver esa maldita cosa con mis ojos —dijo Newt. Entonces murmuró—.
Difícil de creer. —Thomas no podía estar más de acuerdo.
—No tengo ni idea de que podemos hacer —dijo Minho—. Quizás podamos
construir algo para bloquear ese pasadizo.
—Ni hablar —dijo Newt—. Las cosas esas Shunk pueden escalar las malditas
paredes, ¿recuerdas? Nada que podamos construir nosotros va a mantenerlos
fuera.
Pero una conmoción fuera del Homestead desplazó su atención de la conversación.
Un grupo de Habitantes del Claro se pusieron de pie frente a la puerta de la casa,
gritando para ser escuchados unos por encima de otros.
Chuck estaba en el grupo, y cuando vio a Thomas y los otros corrió hacia ellos, una
mirada de emoción recorriendo su cara. Thomas sólo podía imaginar que locura
podía haber pasado ahora.
—¿Qué ocurre? —preguntó Newt.
—¡Esta despierta! —chilló Chuck—. ¡La chica esta despierta!
Las entrañas de Thomas se retorcieron; se apoyó contra la pared de hormigón de la
Habitación del Mapa. La chica. La chica que hablaba en su cabeza.
Quería correr antes de que ocurriera de nuevo, antes de que ella le hablara en su
mente.
Pero era demasiado tarde.
Tom, no conozco a ninguna de estas personas. !Ven por mi! Todo esta borroso…
Estoy olvidandolo todo sobre ti… !Tengo cosas que contarte! Pero todo esta
desapareciendo…
No podía entender como lo hacía, como estaba ella dentro de su cabeza.
Teresa se detuvo, entonces dijo algo que no tenía sentido.
El Laberinto es un codigo, Tom. El Laberinto es un codigo.Capítulo 36
Thomas no la quería ver. No quería ver a nadie.
Tan pronto Newt se fue para hablar con la chica, Thomas silenciosamente comenzó
a irse, esperando que nadie se diera cuenta con toda la emoción.
Con la atención de todos en la extraña despertándose, todo fue muy fácil. Bordeó el
Claro, entonces, se echo a correr, dirigiéndose a su lugar de reclusión tras el Bosque
Deadhead.
Se acurruco en la esquina, se acostó sobre la hiedra, y se cubrió con la manta de
pies a cabeza. De algún modo, parecía una forma de sacar a Teresa de su mente.
Después de unos minutos, su corazón comenzó a latir lenta y tranquilamente.
—Olvidarme de ti, fue la peor parte.
Al principio, Thomas pensó que había sido otro mensaje en su cabeza; se apretó los
puños contra los oídos. Pero no, fue diferente. La escucho cerca de los oídos. La voz
de una chica. Con escalofríos deslizándose por su columna vertebral, se bajo la
manta.
Teresa se encontraba a su derecha, apoyándose contra la pared de piedra. Se veía
tan diferente, despierta y alerta; estaba de pie. Usando una camiseta manga larga
blanca, jeans azules y zapatos marrones, se veía, aunque pareciera imposible, aun
más sorprendente que como cuando la vio en coma.
Con su pelo negro enmarcándole la piel y los ojos tan azules como la llama pura.
—Tom, ¿En serio no te acuerdas de mí? —Su voz era suave, un contraste de la dura
y alocada voz que había escuchado cuando ella llego, cuando entrego el mensaje de
que todo iba a cambiar.
—¿Quieres decir… que tu si te acuerdas de mí? —pregunto, avergonzado del
chirrido que dejo escapar cuando dijo la última palabra.
—Sí. No. Quizás. —Ella tiro las manos hacia arriba en disgusto—. No lo puedo
explicar.
Thomas abrió la boca, pero luego la cerró sin decir una palabra.
—Recuerdo haber recordado —Murmuró, sentándose con un pesado suspiro;
levanto sus piernas y se abrazo las rodillas—. Sentimientos. Emociones. Es como si
tuviera todas estas cajas en mi cabeza, nombradas con memorias y caras, peroestán vacías. Como si todo antes que esto estuviera detrás de una cortina blanca.
Incluyéndote.
—Pero, ¿Cómo me conoces? —dijo sintiendo como si las paredes dieran vueltas a
su alrededor.
Teresa se volteo a mirarlo. —No lo sé. Algo sobre antes de llegar al Laberinto. Algo
sobre nosotros. Pero esta básicamente vacío, como dije.
—¿Sabes sobre el Laberinto? ¿Quién te lo dijo? Pero acabas de despertar.
—Yo… todo es tan confuso ahora mismo. —Ella extendió la mano—. Pero sé que
eres mi amigo.
Casi aturdido, Thomas se quito la manta completamente y tomó su mano.
—Me gusta cuando me dices Tom. —Tan pronto como lo dijo, no estaba seguro de
haber podido decir algo más estúpido.
Teresa viro los ojos. —Ese es tu nombre, ¿O no?
—Sí, pero la mayoría de la gente me llama Thomas. Bueno, excepto Newt; él me
dice Tommy. Tom me hace sentir… como en casa o algo así. Aunque no se qué es
estar en casa. —Dejo salir una risa de amargura—. ¿Estamos mal o qué?
Ella sonrió, por primera vez, y él casi tuvo que voltear para otro lado, como si algo
así de lindo no perteneciera un lugar tan sombrío y gris como este, como si no
tuviera derecho a ver su expresión.
—Sí estamos mal —dijo—. Y tengo miedo.
—Yo también, créeme. —Aunque eso era definitivamente una subestimación.
Paso un momento, ambos mirando hacia el suelo.
—¿Que…? —Comenzó, pero sin saber cómo preguntar—. ¿Cómo… cómo hablas en
mi cabeza?
Teresa negó con la cabeza. No tengo idea; solo lo hago, dijo en su cabeza. Luego
hablando en voz alta otra vez. —Es como si intentaras montar en bicicleta aquí; si
tuvieran una. Apuesto a que podrías hacerlo sin pensarlo. Pero, ¿Te acuerdas como
aprendiste?
—No. Quiero decir, recuerdo montarla, pero no como aprendí. —Tomo una pausa,
sintiendo una ola de tristeza—. O quien me enseño.
—Bueno —dijo, parpadeando, como si estuviese avergonzada de la repentina
tristeza que le causo—. Como sea, es algo así.
—Eso realmente aclara las cosas.
Teresa encogió los hombros. —Tú no se lo dijiste a nadie, ¿verdad? Pensaran queestamos locos.
—Bueno, cuando paso por primera vez, sí. Pero creo que Newt solo cree que estaba
muy estresado o algo así. —Thomas se sintió nervioso, como que si no se movía se
volvería loco. Se puso de pie, empezando a moverse frente a ella—. Tenemos que
averiguar ciertas cosas. Esa nota que traías, la que decía que eras la ultima que iba a
venir aquí, tu coma, el hecho de que me puedes hablar telepáticamente. ¿Alguna
idea?
Teresa lo siguió con los ojos mientras él iba de aquí a allá. —Ahorra tu tiempo y deja
de preguntar. Todo lo que tengo son débiles impresiones, de que tu y yo éramos
importantes, que de alguna forma fuimos usados. Que somos inteligentes. Que
llegamos aquí por una razón. Sé que yo desencadené el final, sea lo que sea que eso
signifique. —Ella gimió, con la cara enrojecida—. Mis recuerdos son tan inútiles
como los tuyos.
Thomas se arrodillo en frente de ella. —No, no lo son. Quiero decir, el hecho de que
supieras que había perdido la memoria sin preguntarme, y todo lo demás. Estás
mucho más adelantada que yo y que cualquiera.
Sus ojos se encontraron por un largo rato; parecía que la cabeza le daba vueltas,
como si intentara entenderlo todo.
Simplemente no lo se, le dijo.
—Ahí vas de nuevo —dijo Thomas en voz alta, aunque muy agradecido de que eso
ya no le asustara—. ¿Cómo lo haces?
—Sólo puedo, y estoy segura que tu también.
—Bueno, no puedo decir que estoy ansioso por intentarlo. —Se volvió a sentar y
abrazo las rodillas, como ella lo había hecho—. Tú me habías dicho algo, en mi
mente, justo antes de ser encontrada. Dijiste “El Laberinto es un código”. ¿A qué te
referías?
Ella negó con la cabeza ligeramente. —Cuando desperté por primera vez, fue como
haber despertado en un asilo para enfermos mentales, todos estos extraños sobre
mi cama, el mundo girando a mi alrededor, memorias dando vuelta en mi mente.
Intente verlas todas y entendí algunas, y esa era una de ellas. No puedo recordar
por qué lo dije.
—¿Había algo más?
—En realidad, sí. —Ella levanto la manga de su brazo izquierdo, dejando al
descubierto sus bíceps. Letras pequeñas escritas a lo largo.—¿Qué es eso? —pregunto, acercándose para ver mejor.
—Léelo tú mismo.
Las letras estaban revueltas, pero pudo entenderlas mejor al acercarse más.
Lo MALVADO es bueno.
El corazón de Thomas se acelero. —He visto esa palabra antes; malvado. —Busco
en su mente para intentar descifrar el significado de la frase—. Una de las
pequeñas criaturas que viven aquí. Los escarabajos navaja.
—¿Qué son? —ella pregunto.
—Son unas pequeñas máquinas para espiarnos por los Creadores, la gente que nos
mando aquí.
Teresa lo considero por un momento, mirando hacia el espacio. Luego se concentro
en su brazo. —No recuerdo por qué escribí esto —dijo mientras se mojaba los
dedos y se quitaba la tinta—. No dejes que se te olvide; tiene que significar algo.
Las tres palabras resonaban en la cabeza de Thomas una y otra vez.
—¿Cuándo lo escribiste?
—Cuando desperté. Tenían un lapicero y una mascota al lado de mi cama. Entre
toda la conmoción lo escribí.
Thomas estaba desconcertado por esta chica, primero la conexión que sintió con
ella desde un principio, luego la telepatía, y ahora esto. —Todo sobre ti es raro. ¿Lo
sabías?
—Al juzgar por tu lugar de escondite, yo diría que no eres muy normal tampoco. Te
gusta vivir en el bosque, ¿eh?
Thomas intento fruncir el ceño y luego sonrió. Se sentía patético, y avergonzado por
estarse escondiendo. —Bueno, te ves familiar y dices que somos amigos. Creo que
confiaré en ti.
Le extendió una mano para otro apretón, y ella la tomo, agarrándola por un largo
rato. Un escalofrío recorrió por el cuerpo de Thomas, y era sorprendentemente
complaciente.
—Todo lo que quiero es volver a casa —dijo, finalmente soltando su mano—. Como
el resto de ustedes.
Thomas sintió como se le encogía el corazón al regresar a la realidad y recordar lo
siniestro que se había vuelto el mundo. —Sí, el mundo apesta ahora mismo. El sol
desapareció y el cielo se volvió gris, no nos mandaron los suministros de la semana;
al parecer todo terminara de una forma u otra.Pero antes de que Teresa pudiera responder, Newt estaba corriendo hacia ellos. —
Como día… —dijo mientras aparecía frente a ellos. Alby y unos cuantos más estaban
detrás de él. Newt miro a Teresa—. ¿Cómo llegaste hasta aquí? Med-jack dijo que
estabas y después de un segundo habías desaparecido.
Teresa se paró, sorprendiéndole a Thomas toda su confianza. —Tal parece que se le
olvido decirte cuando le pateé la ingle y salí por la ventana
Thomas casi se río cuando Newt se volteo a ver un chico más grande parado cerca,
cuya cara estaba roja.
—Felicidades, Jeff —dijo Newt—. Oficialmente eres el primer hombre aquí al que
una chica le pateo el trasero.
Teresa no paro. —Sigue hablando así y serás el siguiente.
Newt se volteo a darle la cara, mostrando todo menos miedo. Estaba ahí,
silenciosamente, sólo observándolos. Thomas lo observo también, preguntándose
qué le estaría pasando por la cabeza.
Alby se paro frente a ellos. —¡Estoy harto de esto! —apunto al pecho de Thomas,
casi golpeándolo—. Quiero saber quién eres, quien demonios es esta chica, y como
se conocen.
—Alby, juro que…
—¡Ella vino directo hasta ti después de despertar, shuck-face!
La furia lleno a Thomas, y miedo de que Alby se fuera al igual que Ben. —¿Y qué?
Yo la conozco, ella a mí; o al menos nos conocíamos. ¡Eso no significa nada! Yo no
recuerdo nada. Y ella tampoco.
Alby miro a Teresa. —¿Qué hiciste?
Thomas, confundido por la pregunta, miro a Teresa. Pero ella no respondió.
—¡Que hiciste! —gritó Alby—. Primero el cielo y ahora esto.
—Desencadené algo —respondió con la voz calmada—. No fue a propósito, lo juro.
El Final. No sé qué significa.
—Newt, ¿Qué pasa? —pregunto Thomas, no queriendo hablar con Alby
directamente—. ¿Qué pasó?
Pero Alby lo agarró por la camisa. —¿Que paso? Yo te diré que paso, shank.
¿Estabas tan ocupado con tu chica que no te diste cuenta de lo que pasaba a tu
alrededor? ¡Tan ocupado para saber qué hora era!
Thomas miro su reloj, dándose cuenta con horror de lo que se había perdido, y
sabiendo lo que Alby iba a decir antes de decirlo.—Las Paredes, estúpido. Las Puertas. No cerraron esta noche.Capítulo 37
Thomas no hablaba. Todo sería diferente ahora. Sin Sol, sin provisiones, sin la
protección de los Grievers. Teresa había tenido la razón desde el principio, todo
había cambiado. Thomas sentía como si su respiración se hubiera solidificado, y
quedara atrapada en su garganta.
Alby apuntó a la chica. —La quiero encerrada. Ahora. ¡Billy! ¡Jackson! Pónganla en
la Slammer, e ignoren cada palabra que salga de su estúpida boca.
Teresa no reaccionó, pero Tomás lo hizo por ambos. —¿De qué estás hablando?
Alby no puedes… —Él se detuvo cuando los fieros ojos de Alby le lanzaron una
mirada con tanta rabia que sintió a su corazón tartamudear—. Pero… ¿Cómo
puedes culparla a ella porque los muros no se cerraran?
Newt se adelantó ligeramente, colocó una mano en el pecho de Alby y lo empujó
hacia atrás. —¿Cómo podríamos no hacerlo Tommy? Ella misma sangrientamente lo
admitió.
Thomas cambió su mirada a Teresa, palideciendo ante la tristeza en sus ojos azules.
Se sentía como si algo se hubiera extendido a través de su pecho y estrujara su
corazón.
—Sólo siéntete contento de que no estarás yendo allí con ella, Thomas —dijo
Alby; él les dio una última mirada a ambos antes de irse. Thomas nunca antes había
querido golpear a alguien tanto como ahora.
Billy y Jackson se adelantaron y agarraron a Teresa de ambos brazos, y comenzaron
a guiarla lejos de ahí.
Antes de que pudieran entrar en los árboles, sin embargo, Newt los detuvo. —
Quédense con ella. No me importa lo que pase, nadie va a tocar a ésta chica.
Júrenlo con sus vidas.
Los dos guardias asintieron, y luego caminaron lejos. Remolcando a Teresa con
ellos. Hirió incluso más a Thomas ver cuán gustosamente ella se iba. Y no podía
creer lo triste que se sentía, él quería seguir hablando con ella. Pero acabo de
encontrarmela, pensó él. Ni siquiera la conozco. Pero aun así sabía que eso no era
verdad. Él ya sentía una cercanía que sólo podía provenir de haberla conocido
desde antes que le hubieran borrado la memoria por la existencia del Claro.Ven a verme, dijo ella en su mente.
Él no sabía cómo hacerlo, como hablarle a ella de esta forma. Pero lo intentó de
todos modos.
Lo hare. Por lo menos estaras segura alli.
Ella no respondió.
.Teresa?
Nada.
Los siguientes 30 minutos fueron una explosión en masa de confusión.
A pesar de que no había habido ningún cambio notorio en la luz ya que el sol y el
cielo azul no habían aparecido esa mañana, aún se sentía una especie de oscuridad
extendiéndose sobre El Claro. Mientras Newt y Alby reunían a todos los Guardianes
y los ponían a cargo de las distintas tareas y enviando sus grupos dentro del
Homestead durante la hora, Thomas se sentía como nada más que un espectador,
sin estar seguro de cómo podía ayudar.
Los Constructores —sin su líder, Gally, quien aún estaba perdido— recibieron la
orden de instalar barricadas en cada puerta abierta; ellos obedecieron, aunque
Thomas sabía que no había tiempo suficiente y no había materiales suficientes para
hacerlo bien. A él casi le parecía como si los Guardianes quisieran a la gente
ocupada, queriendo retrasar los inevitables ataques de pánico. Thomas ayudó
mientras los Constructores agruparon cada objeto perdido que pudieron encontrar
y los apilaron en los huecos, clavando las cosas juntas lo mejor que pudieron. Lucía
feo y patético y lo asustaba a muerte, no había forma de que eso mantuviera a los
Grievers afuera.
Mientras Thomas trabajaba, captó vistazos de los otros trabajos que se estaban
realizando a través del Claro.
Cada linterna en el complejo fue reunida y distribuida a tanta gente como fue
posible: Newt dijo que planeaba que todos durmieran en el Homestead esa noche,
y que apagarían todas las luces, excepto por emergencias. La tarea de Frypan era
sacar todos los alimentos imperecederos de la cocina y guardarlos en el Homestead,
en caso de que quedaran atrapados allí, Thomas sólo podía imaginar lo horrible que
eso sería. Otros estaban reuniendo suministros y herramientas; Thomas vio a Minho
cargando armas desde el sótano hacia el edificio principal. Alby había dejado claro
que no podían arriesgarse: ellos habían hecho del Homestead su fortaleza, y debían
hacer lo que fuera para defenderla.Thomas finalmente se escabulló de los Constructores y ayudó a Minho, cargando
cajas con cuchillos y palos envueltos de alambre de púas. Luego Minho dijo que
tenía una asignación especial de Newt, y que Thomas más o menos se perdiera,
negándose a responder cualquiera de sus preguntas.
Eso hirió los sentimientos de Thomas, pero se fue de todos modos, realmente
queriendo hablar con Newt de algo más. Finalmente lo encontró, cruzando el Claro
en camino hacia el Blood House.
—¡Newt! —lo llamó él, corriendo para alcanzarlo—. Tienes que escucharme.
Newt se detuvo tan repentinamente que Thomas estuvo a punto de chocar contra
él. El chico mayor se volteó para darle a Thomas una mirada tan molesta que él lo
pensó dos veces antes de decir cualquier cosa.
—Que sea rápido —dijo Newt.
Thomas casi retrocedió, sin estar seguro de cómo decir lo que estaba pensando. —
Tienes que dejar ir a la chica. Teresa. —Él sabía que ella sólo podía ayudar, que
quizás ella aún recordara algo valioso.
—Ah, estoy feliz de saber que ustedes son amigos ahora. —Newt comenzó
alejarse—. No desperdicies mí tiempo, Tommy.
Thomas sujetó su brazo. —¡Escúchame! Hay algo sobre ella, pienso que ella y yo
fuimos enviados aquí para ayudar a terminar con todo esto.
—Sí ¿Terminarlo dejando que los sangrientos Grievers hagan su vals aquí y nos
maten? He oído algunos planes idiotas en mis días, Greenie, pero éste le gana a
todos.
Thomas gruñó, queriendo que Newt supiera lo frustrado que se sentía. —No, no
creo que sea eso lo que signifique que los muros no se cierren.
Newt se cruzó de brazos; se veía exasperado. —Greenie, ¿de qué estás hablando?
Desde que Thomas había visto las palabras en el muro del Laberinto —Mundo
en Catastrofe: Departamento de Experimento— había estado pensando en ellas. Él
sabía que si había alguien que le creería, ese sería Newt. —Yo creo… creo que
estamos siendo parte de un extraño experimento, o prueba, o algo como eso. Pero
se supone que de algún modo tiene que terminar. No podemos vivir aquí por
siempre, quien sea que nos enviara aquí quiere que se termine. De una u otra
forma.
Thomas se sentía aliviado por sacarlo de su pecho.
Newt giró sus ojos. —Y se supone que eso tiene que convencerme de que todo esalegre ¿Qué debería dejar ir a la chica? Porque ella llega y todo repentinamente es
¿hacer-o-morir?
—No, no estás viendo el punto. Yo no creo que ella tenga nada que ver con
nosotros estando aquí. Ella es sólo un peón, ellos la enviaron aquí como nuestra
última herramienta o pista o lo que sea para salir. —Thomas tomó una respiración
profunda—. Y creo que me enviaron a mí, también, Sólo porque ella fuera el gatillo
para El Final no la hace mala.
Newt miró hacia la Slammer. —Sabes qué, me importa un bledo en éste momento.
Ella puede manejar una noche ahí dentro, de cualquier forma, estará más segura
que nosotros.
Thomas asintió, sintiendo un compromiso. —Ok, atravesaremos esto esta noche, de
algún modo. Mañana, cuando tengamos un día completo de seguridad, podemos
decidir lo que haremos con ella. Decidiremos lo que se supone que tenemos que
hacer.
Newt bufó. —Tommy, ¿qué va a hacer que mañana sea diferente? Han sido dos
sangrientos años, sabes.
Thomas tuvo un arrollador sentimiento de que todos esos cambios eran un
estímulo, un catalizador para el final del juego. —Porque ahora tenemos que
resolverlo. Estaremos forzados a hacerlo. No podemos vivir de ésta forma más, día a
día, pensando que lo que más importa es regresar al Claro antes de que La Puerta se
cierre, quedándonos cómodos y a salvo.
Newt pensó por un minuto mientras se quedaba parado ahí, la agitación de los
movimientos de los habitantes del Claro los rodeaba a ambos.
—Investiga más a fondo. Y Mantente fuera de ahí mientras las murallas se mueven.
—Exactamente —dijo Thomas—. Eso es justo de lo que estoy hablando. Y tal vez
podamos bloquear o destruir la entrada a El Agujero de los Grievers. Comprar algo
de tiempo para analizar El Laberinto.
—Alby es quien no permitirá liberar a la chica —dijo Newt asintiendo hacia el
Homestead—. El tipo no tiene una opinión muy elevada de ustedes dos shanks.
Pero en este momento sólo debemos ser hábiles y lograr despertar.
Thomas asintió. —Podemos ganarles.
—Lo has hecho antes, ¿no es así, Hércules? —Sin siquiera reír o incluso esperar una
respuesta, Newt se alejó, gritándole a las personas que terminaran y entraran al
Homestead.Thomas estaba contento con la conversación, había ido tan bien cómo él podía
haber esperado. Decidió apresurarse y hablar con Teresa antes de que fuera
demasiado tarde. Mientras corría a toda velocidad por la Slammer en la parte
posterior del Homestead, él vio a los habitantes del Claro comenzar a moverse hacia
adentro, la mayoría de ellos con los brazos completamente cargados de una cosa u
otra.
Thomas empujó hacia afuera la pequeña celda y mantuvo su aliento.
—¿Teresa? —preguntó finalmente a través de la ventana con barrotes de la oscura
celda.
Su cara se levantó desde el otro lado, mirándolo.
Él dejo salir un pequeño grito antes de poder detenerlo, le tomó un segundo
recuperar la calma. —Puedes ser extremadamente espeluznante, ¿sabes?
—Eso es muy dulce —dijo ella—. Gracias. —En la oscuridad sus ojos azules parecían
brillar como los de un gato.
—De nada —contestó él, ignorando su sarcasmo—. Escucha, he estado pensando.
—Él se detuvo para ordenar sus pensamientos.
—Eso es más de lo que puedo decir de ese idiota de Alby —murmuró ella.
Thomas asintió, pero estaba ansioso por decir lo que había venido a contarle. —
Tiene que haber una salida de este lugar, sólo debemos encontrarlo, permanecer en
el Laberinto más tiempo. Y lo que escribiste en tu brazo, y lo que dijiste sobre un
código, todo eso tiene que significar algo, ¿no es cierto? —Tiene que hacerlo, pensó
él. No podía evitar sentir algo de esperanza.
—Sí, he estado pensando lo mismo. Pero primero ¿no puedes sacarme de aquí? —
Sus manos aparecieron, agarrándose a los barrotes de la ventana.
Thomas sintió la ridícula urgencia de alargar sus manos y tocarlas.
—Bueno, Newt dijo que tal vez mañana. —Thomas estaba feliz de haber logrado
esa concesión—. Tendrás que pasar la noche aquí. Puede que en realidad sea el
lugar más seguro en todo el Claro.
—Gracias por preguntarle. Debería ser divertido dormir en este suelo frío.
Ella se apuntó hacia atrás con su pulgar. —Aunque supongo que un Griever no
puede deslizarse a través de esta ventana, así que estaré feliz, ¿no es cierto?
La mención de los Grievers lo sorprendió, él no recordaba haberle hablado sobre
ellos aún. —¿Teresa estás segura que olvidaste todo?
Ella lo pensó por un segundo. —Es raro, supongo que debo recordar algunas cosas.A menos que haya oído a la gente hablar mientras estaba en el coma.
—Bueno, supongo que eso no importa en este momento. Sólo quería verte antes de
ir adentro por la noche. —Pero él no quería irse; casi deseaba poder quedarse en la
Slammer con ella. Él sonrió ampliamente en su interior, ya podía imaginar la
respuesta de Newt ante esa petición.
—¿Tom? —dijo Teresa.
Thomas se dio cuenta que estaba ahí mirando aturdido. —Oh, lo siento. ¿Sí?
Sus manos se deslizaron de vuelta al interior, desapareciendo. Todo lo que él podía
ver eran sus ojos, el brillo pálido de su piel blanca. —No sé si puedo hacer esto,
permanecer en esta prisión toda la noche.
Thomas sintió una increíble tristeza. Quería robarle a Newt las llaves y ayudarla a
escapar. Pero sabía que esa era una idea ridícula. Ella sólo tendría que sufrir y pasar
por esto. Él miro a esos brillantes ojos. —Al menos no se pondrá completamente
oscuro, parece como si estuviéramos estancados en este crepúsculo las veinticuatro
horas del día ahora.
—Sí… —Ella miró atrás de él hacia el Homestead, y luego se enfocó en él otra vez—.
Soy una chica dura, estaré bien.
Thomas se sentía horrible por dejarla aquí, pero sabía que no tenía otra opción. —
Me aseguraré de que ellos te dejen salir a primera hora mañana, ¿ok?
Ella sonrió, haciéndolo sentir mejor. —Esa es una promesa, ¿cierto?
—Es una promesa. —Thomas golpeó su sien derecha—. Y si te sientes sola, puedes
hablar conmigo con tu… truco todo lo que quieras. Intentaré contestarte de vuela.
—Él lo había aceptado ahora, casi queriéndolo. Sólo esperaba poder descifrar como
responderle, para que ellos pudieran tener una conversación.
Lo lograras pronto, dijo Teresa en su mente.
—Eso espero. —Él se quedó parado ahí, realmente no queriendo irse. Para nada.
—Es mejor que te vayas —dijo ella—. No quiero tu brutal asesinato en mi
consciencia.
Thomas logró hacer una sonrisa ante eso. —Está bien. Te veo mañana.
Y antes de que pudiera cambiar de opinión, él se deslizó lejos, avanzando alrededor
de la esquina para dirigirse a la puerta frontal del Homestead, justo mientras la
última pareja de habitantes del Claro ingresaba, con Newt empujándolos como a un
par de gallinas errantes. Thomas avanzó hacia el interior, seguido por Newt, quien
cerró la puerta detrás de él.Justo antes de que se cerrara por completo, Thomas pensó haber oído el primer
escalofriante gruñido de los Grievers, proveniente de algún lugar dentro de las
profundidades del Laberinto.
La noche había comenzado.