domingo, 21 de diciembre de 2014

Capítulo 3 y 4

Capítulo 3
Thomas se sentó ahí por un momento, demasiado abrumado para moverse.
Finalmente se obligó a ver hacia un edificio en ruinas. Un grupo de chicos estaban
congregados afuera, mirando ansiosos las ventanas superiores como si esperaran
que una horrible bestia saliera en una explosión de cristal y madera.
Un tintineo metálico que sonó desde las ramas llamó su atención, lo hizo levantar la
vista; un destello plateado y rojizo atrapo su mirada justo antes de desaparecer por
el otro lado del tronco. Se puso de pie y camino alrededor del árbol, estirando el
cuello para ver una señal de lo que sea que había oído, pero sólo vio ramas
desnudas, grises y cafés, sobresaliendo como dedos de esqueletos y viéndose sin
vida.
—Eso era uno de esos escarabajos navaja —alguien dijo.
Thomas giró a su derecha para ver a un chico parado cerca, pequeño y rechoncho, y
viéndolo fijamente. Era joven, probablemente el más joven de todos los que había
visto hasta ese momento en el grupo, tal vez tenía 12 o 13 años. Su cabello castaño
colgaba bajo sus orejas y cuello, rozando sus hombros. Unos ojos azules brillaban en
una cara lastimera, flácida y sonrojada.
Thomas asintió en su dirección —¿Un escarabajo qué?
—Un escarabajo navaja —dijo el chico, apuntando a la cima del árbol—. No te hará
daño a menos que sea lo suficientemente estúpido como para tocar uno —hizo una
pausa—. ¡Cañas! —No se oía cómodo al decir la última palabra. Como si aún no
dominara el vocabulario del Claro.
Otro grito, pero este era largo y ponía los nervios de punta, como si cortara el aire y
el corazón de Thomas dio un vuelco. El miedo era como un rocío helado en su piel.
—¿Qué está pasando allá? —preguntó apuntando al edificio.
—No lo sé —replicó el gordito; su voz aún tenía el timbre alto de la niñez—. Ben
está ahí, mas enfermo que un perro, ellos lo atraparon.
—¿Ellos? —A Thomas no le gustó el tono de malicia con el que el chico había dicho
la palabra.
—Sí.
—¿Quiénes son ellos?—Esperemos que nunca lo descubras —respondió el niño, que parecía muy cómodo
con la situación. Extendió su mano—. Mi nombre es Chuck, yo era el novato hasta
que llegaste.
.Este es mi guia por esta noche? Pensó Thomas. No podía desprenderse de su
incomodidad, y ahora el enojo también lo acechaba. Nada tenía sentido y le dolía la
cabeza.
—¿Porqué todos me llaman “novato”? —preguntó, estrechando rápidamente la
mano de Chuck para soltarla.
—Porque eres el más nuevo —Chuck apuntó a Thomas y se rió. Otro grito llegó
desde la casa, un sonido como de un animal hambriento siendo torturado.
—¿Cómo puedes reírte? —preguntó Thomas, horrorizado por el ruido—. Pareciera
que alguien se está muriendo ahí.
—Él va a estar bien, nadie se muere si regresan a tiempo para ponerles el suero, es
todo o nada. Muerto o Vivo, sólo que duele mucho.
Esto le dio a Thomas un momento para interrumpir —¿Qué es lo que duele mucho?
Los ojos de Chuck vieron a todas partes como si no estuviera seguro de qué decir
—Um, que te piquen los Grievers2.
—¿Los Grievers? —Thomas sólo estaba confundiéndose más y más. Picar, Grievers.
Las palabras pesaban con terror sobre él, y de pronto no estaba muy seguro de
querer saber de lo que Chuck le estaba hablando.
2 El nombre al español se traduce como penantes, dolientes, etc...
Chuck se encogió de hombros, y luego desvió la vista con los ojos enroscados.
Thomas suspiró con frustración y se recargó en el árbol. —Parece que apenas sabes
un poco más que yo —dijo, pero sabía que no era verdad. Su pérdida de memoria
era extraña. Recordaba más que nada como funcionaba el mundo, pero sin
especificaciones, caras, nombres. Como un libro intacto pero que le faltaba una
palabra de cada docena. Haciendo que la lectura fue miserable y confusa. Ni
siquiera sabía su edad.
—Chuck, ¿Cuántos años crees que tengo?
El chico lo vio de arriba a abajo —Diría que 16, y en caso de que te lo preguntes,
mides 1.75 m, cabello castaño, ¡Ah! Y feo como un hígado frito en un palo. —soltó
una carcajada.
Thomas estaba tan aturdido que apenas escuchó la última parte. ¿16? ¿Tenía 16? Sesentía mucho mayor.
—¿Lo dices en serio? —se detuvo buscando las palabras—. ¿Cómo... —ni siquiera
sabía qué preguntar.
—No te preocupes te sentirás extraño por unos días, pero luego te acostumbraras a
este lugar. Yo ya lo hice. Vivimos aquí, así es. Es mejor que vivir en una pila de klunk.
—entrecerró los ojos, tal vez anticipando la pregunta de Thomas—. Klunk es otra
manera de decir mierda, Klunk es el sonido que la mierda hace cuando cae en
nuestras vacinicas.
Thomas vio a Chuck incapaz de creer que estaban teniendo esta conversación. —
Eso es genial —fue todo lo que pudo decir. Se puso de pie y caminó pasando a
Chuck hacia el edificio viejo; Cabaña, era un mejor nombre para el lugar. Se veía
como de 3 o 4 pisos y a punto de caerse en cualquier instante, era una madeja de
troncos y tablas atados con cuerdas, y ventanas que parecían haberse construido al
azar, las enormes piedras color granito se levantaban detrás de él. Mientras cruzaba
el patio, el distintivo olor de una hoguera y algún tipo de carne asándose hizo a
Thomas sentirse mejor. Hasta que pensó en cuál era la causa.
—¿Cómo te llamas? —Chuck preguntó a sus espaldas, apresurándose para
alcanzarlo.
—¿Qué?
—¿Tu nombre? Aun no nos lo dices, y sé que lo recuerdas.
—Thomas —apenas se escuchó a sí mismo decirlo, sus pensamientos habían girado
en una nueva dirección. Si Chuck tenía razón acababa de descubrir algo en común
con los otros chicos. Un patrón común para las pérdidas de sus memorias. Todos
recordaban sus nombres, ¿Por qué no el nombre de sus padres? ¿Por qué no el de
un amigo? ¿Por qué no sus apellidos?
—Gusto en conocerte, Thomas —dijo Chuck—. No te preocupes. Yo te cuidaré. He
estado aquí un mes completo, y conozco el lugar al derecho y al revés, puedes
contar con Chuck, ¿está bien?
Thomas casi había llegado a la puerta principal de la cabaña y el pequeño grupo de
chicos que estaba congregado ahí, cuando la ira lo golpeó de lleno. Se volvió a
encarar a Chuck. —No puedes ni decirme algo. Yo no llamaría a eso cuidarme. —
Regresó la vista a la puerta con la intención de entrar y conseguir algunas
respuestas. ¿De dónde venían esta resolución y coraje tan repentino? No tenía idea.
Chuck se encogió de hombros —Nada de lo que diga te hará bien —dijo—.Básicamente sigo siendo nuevo también, pero puedo ser tu amigo...
—No necesito amigos —lo interrumpió Thomas.
Había llegado a la puerta, un horrible pedazo de madera desteñida por el sol. La
abrió sólo para descubrir a un grupo de chicos con caras estoicas parados al pie de
la torcida escalera, los escalones y pasamanos estaban doblados y volteados en
todas direcciones. Un tapiz oscuro cubría las paredes del vestíbulo y el pasillo, la
mitad de éste se estaba descarapelando. Las únicas decoraciones a la vista eran un
jarrón polvoriento en una mesa de tres patas y una foto en blanco y negro de una
mujer vetusta en un vestido blanco antiguo, esto le recordó a Thomas una película
de una casa embrujada o algo así. Incluso faltaban tablas de la madera del piso.
El lugar olía a polvo y moho, un contraste enorme con el agradable olor de afuera.
Luces fluorescentes titilaban desde el techo, no lo había pensado aún, pero se tuvo
que preguntar de donde venía la electricidad en un lugar como el Claro.
Thomas se quedó viendo a la mujer en la foto, ¿Había vivido ella ahí? ¿Había
cuidado de ésta gente?
—¡Hey!, miren, es el novato —uno de los chicos mayores dijo, con sorpresa Thomas
se dio cuenta que era el mismo chico de cabello negro que le había lanzado aquella
mirada de muerte antes. El chico se veía como de 15 años, alto y delgado, su nariz
era del tamaño de un puño pequeño y se parecía a una papa deforme—. Este Shank
seguro se hizo klunk en sus pantalones cuando oyó al bebé Benny gritar como niña,
¿Necesitas otro pañal, cara de cáscara?
—Me llamo Thomas —tenía que alejarse de este chico, y sin otra palabra se dirigió a
las escaleras, sólo porque estaban cerca y porque no tenía idea de que decir o
hacer, pero el fanfarrón se paró frente a él con una mano extendida.
—Un momento novato —apuntó un dedo al piso de arriba—. Los nuevos no tienen
permitido ver a alguien que ha sido… tomado. Newt y Alby no lo permitirán.
—¿Cuál es tu problema? —preguntó Thomas tratando de no mostrar el miedo en su
voz, tratando de no pensar en lo que el chico se refería por “tomado”—. Ni siquiera
sé donde estoy, lo que quiero es ayuda.
—Escúchame novato —el chico arrugó su cara y dobló sus brazos—. Te he visto
antes, y algo esta raro en eso de que ahora vengas aquí, y voy a averiguarlo.
Una ráfaga de calor recorrió las venas de Thomas. —Yo nunca te había visto antes
en mi vida. No tengo idea de quién eres, y no puede importarme menos —
escupió. Pero en realidad, ¿cómo podía saberlo? ¿Y cómo podía éste chicorecordarlo?
El fanfarrón se rió, una risa corta mezclada con un resoplido lleno de flema. Luego
su cara se puso seria, sus párpados se entrecerraron. —Te he visto, shank. No
muchos en estos lugares pueden decir que han sido picados —apuntó a las
escaleras—. Yo puedo decirlo. Sé por lo que el viejo bebote de Benny está pasando,
he estado ahí. Y te vi durante el cambio.
Se acercó y golpeó a Thomas en el pecho. —Y apuesto tu primera comida de Frypan
a que Benny dirá que te ha visto también.
Thomas se negó a romper el contacto visual, pero decidió no decir nada. El pánico
lo carcomió de nuevo. ¿alguna vez las cosas pararían de ponerse peor?.
—¿Los Grievers hicieron que te mojaras? —dijo el chico en un resoplido—. ¿Estás
un poco asustado ahora? ¿no quieres que te piquen o sí?
Ahí estaba esa palabra de nuevo, picado. Thomas trató de no pensar en eso y
apuntó hacia las escaleras, desde donde los quejidos del chico enfermo hacían eco
por el edificio. —Si Newt está ahí arriba, entonces quiero hablar con él.
El chico no dijo, vio fijamente a Thomas por un segundo y luego negó con la cabeza
—¿Sabes qué? Tienes razón Tommy, no debería ser tan malo con los nuevos. Sube y
estoy seguro de que Alby y Newt te contarán todo, en serio, ve, lo siento.
Dio unas palmadas suaves en el hombro de Thomas, y luego dio un paso atrás,
haciendo gestos de que subiera. Pero Thomas sabía que el chico tramaba algo.
Perder partes de tu memoria no te hacía idiota.
—¿Cómo te llamas? —preguntó Thomas, robando tiempo mientras intentaba
decidir si debía subir o no después de todo.
—Gally, y no dejes que nadie te haga tonto, soy el líder real aquí, no los dos viejos
shanks de arriba. Yo. Puedes llamarme capitán Gally si quieres —sonrió por primera
vez, sus dientes hacían juego con su asquerosa nariz. Dos o tres faltaban y ninguno
se aproximaba al color blanco, su aliento se acercó lo suficiente para que Thomas lo
oliera, lo que le trajo un recuerdo horrible que estaba fuera de su alcance. Lo que
hizo que su estómago se revolviera.
—Claro —dijo, demasiado asqueado del chico como para gritar, golpearlo en la
cara—. Capitán Gally será —exageró un saludo sintiendo una ola de adrenalina,
sabía que acababa de pasarse de la raya.
Algunas risas se escaparon de la multitud y Gally miró a su alrededor, su cara estaba
roja. Regresó la vista a Thomas, con el odio haciendo surco en sus cejas y arrugandosu nariz.
—Sólo sube —dijo Gally—. Y aléjate de mí, slinthead —apuntó hacia arriba de
nuevo, pero no quito la vista de Thomas.
—Bien —Thomas vio a su alrededor una vez más, apenado, confundido, enojado.
Sintió el calor de la sangre en su cara. Nadie se movió para detenerlo mientras hacía
lo que Gally le había pedido, excepto Chuck, que estaba de pie en la puerta principal
negando con la cabeza.
—No deberías —el chico dijo—. Eres nuevo, no puedes subir.
—Ve —dijo Gally con un resoplido—. Sube.
Thomas se arrepintió de haber entrado ahí en primer lugar, pero quería hablar con
el tal Newt.
Empezó a subir las escaleras. Cada escalón se quejaba con su peso, pudo haberse
detenido por miedo a caer por la madera podrida si no hubiera sido porque había
dejado una situación demasiado incómoda abajo. Subió, haciendo una mueca con
cada crujido astillado.
Las escaleras llegaban a un rellano que giraba a la izquierda, luego desembocaba en
un viejo pasillo que llevaba a varias habitaciones. Sólo una puerta tenía luz saliendo
por la ranura inferior.
—¡El cambio! —Gally gritó desde abajo—. ¡Búscalo, shuck-face!
Como si la provocación le hubiera dado a Thomas algo de coraje, caminó hacia la
puerta iluminada, ignorando las tablas del piso que tronaban y las risas de abajo,
ignorando el ataque con palabras que no entendía, reprimiendo los terribles
sentimientos que le provocaban, tomó la perilla, la giró y abrió la puerta.
Dentro de la habitación, Newt y Alby estaban inclinados sobre alguien en una cama.
Thomas se acercó más para ver de qué se trataba todo el alboroto, pero cuando
tuvo una visión clara de las condiciones del paciente, su corazón se heló. Tuvo que
contener la bilis que subió por su garganta.
Lo que vio fue rápido, sólo unos segundos, pero fue suficiente para que lo
persiguiera por siempre. Una figura torcida y pálida retorciéndose en agonía, con el
pecho desnudo y repulsivo. Tensas y rígidas cuerdas de un verde enfermizo
surcaban el cuerpo y apéndices del chico, como cuerdas bajo su piel. Moretones
púrpuras lo cubrían, erupciones rojas y arañazos ensangrentados. Sus ojos
inyectados en sangre salían de sus órbitas, moviéndose hacia el frente y atrás de sus
cuencas. La imagen se había grabado en la mente de Thomas antes de que Alby sepusiera de pie bloqueándole la vista pero no los quejidos y gritos, empujando a
Thomas fuera de la habitación, luego cerrando la puerta atrás de ellos.
—¿Qué estás haciendo aquí novato? —gritó Alby, sus labios apretados con ira, sus
ojos encendidos.
Thomas se sintió débil. —Yo, uh, quiero respuestas —murmuró, pero no pudo
poner fuerza en sus palabras y se sintió a sí mismo darse por vencido por dentro.
¿Qué le pasaba a ese chico? Thomas se recargó en el pasamanos del pasillo y vio el
piso, no muy seguro de lo que debía hacer ahora.
—Baja tu trasero por esas escaleras, ahora mismo —ordenó Alby—. Chuck te
ayudará. Si te veo de nuevo antes de mañana en la mañana. No verás otro más vivo.
Te aventaré del risco yo mismo, ¿Me entendiste?
Thomas se sentía humillado y asustado. Se sentía como si se hubiera encogido al
tamaño de una rata. Sin decir una palabra, empujo a Alby para pasar y se dirigió a la
escalera, yendo tan rápido como podía. Ignorando las vistas anonadadas de todos
abajo, especialmente la de Gally, salió por la puerta, jalando a Chuck del brazo
mientras lo hacía.
Thomas odiaba a esta gente. A todos. Menos a Chuck. —Aléjame de estos chicos —
dijo Thomas, y se dio cuenta de que Chuck en realidad podía ser el único amigo que
tenía en este mundo.
—Claro —contestó Chuck, con su voz animada, como si estuviera feliz de que lo
necesitaran—. Pero primero deberíamos conseguirte comida con Frypan.
—No sé si pueda comer de nuevo —no después de lo que acababa de ver.
—Sí, sí lo harás, te veré en el mismo árbol de antes en 10 minutos.
Thomas estaba más que feliz de alejarse de la casa, y se dirigió de nuevo al árbol.
Acababa de saber cómo era vivir aquí y ya quería que terminara. Deseaba con todo
poder recordar algo de su vida pasada. Algo, su madre, su padre, su escuela, un
pasatiempo, una chica.
Parpadeó varias veces, tratando de sacar la imagen de la cabaña de su mente.
El cambio, Gally lo había llamado el cambio.
No hacía frío pero Thomas tiritó una vez más.Capítulo 4
Thomas se recargó en el árbol mientras esperaba a Chuck. Estudio el Claro. Este
nuevo lugar de pesadillas donde parecía estar destinado a vivir. Las sombras de las
paredes se habían alargado considerablemente, trepando ya por los lados de las
caras de piedra cubiertas de hierba del otro lado.
Por lo menos esto le ayudo a Thomas a saber las direcciones, el edificio de madera
agazapado en la esquina noroeste, sumergido en la sombra que se iba
oscureciendo. Una arboleda en el suroeste, la granja, donde algunos trabajadores
aun caminaban por los campos, se extendía por todo el cuarto noreste del Claro.
Los animales estaban en la esquina sureste, mugiendo, croando y balando.
Exactamente en el medio del patio, el oscuro hoyo de la Caja aún estaba abierto,
como si lo invitara a saltar dentro y regresar a casa. Cerca de ahí, tal vez a unos 6m
al sur, estaba un edificio grande hecho de bloques de áspero concreto, una
amenazante puerta de acero, su única entrada. No había ventanas. Una enorme
manija redonda que se parecía a un volante de acero enseñaba la única manera de
abrirla, exactamente como algo dentro de un submarino. A pesar de lo que acababa
de ver, Thomas no sabía que es lo que más sentía, curiosidad de saber que estaba
adentro, o temor de descubrirlo.
Thomas acababa de poner atención a las 4 grandes aberturas de la puerta principal
en el medio de las paredes principales del Claro cuando Chuck llegó, con un par de
sandwiches en sus manos acompañados por manzanas y dos tazas metálicas con
agua. El alivio que recorrió a Thomas lo sorprendió, no estaba completamente solo
en este lugar.
—Frypan no estaba muy feliz de que invadiera su cocina antes de la cena —dijo
Chuck, sentándose al lado del árbol, haciéndole un gesto a Thomas para que hiciera
lo mismo. Lo hizo, tomó el sandwich, pero vaciló, la imagen monstruosa y viva de lo
que había visto en la cabaña regresó a su mente. Aun así, pronto su hambre ganó y
dio una enorme mordida. El maravilloso sabor del jamón y queso y mayonesa llenó
su boca.
—Oh, hombre —murmuró Thomas a través de un bocado—. Moría de hambre.
—Te lo dije —Chuck mordió su sandwich.Después de otro par de mordidas, Thomas finalmente preguntó lo que le había
estado preocupando.
—¿Qué le pasa a Ben? Ya ni se ve humano.
Chuck volteó a ver la casa. —No lo sé bien —murmuró ausente—, no lo vi.
Thomas sabía que el chico no estaba siendo honesto pero decidió no presionarlo, —
Bueno, no quieres verlo, créeme —continuó comiendo, mordiendo las manzanas
mientras estudiaba las enormes grietas de las paredes. Aunque era difícil
distinguirlo desde donde estaba sentado, había algo extraño en las orillas de las
piedras de la salida a los corredores de afuera. Sintió un incómodo vértigo viendo
las enormes paredes, como si flotara sobre ellas en lugar de estar en su base.
—¿Qué hay ahí afuera? —preguntó, finalmente rompiendo el silencio—. ¿Es esto
parte de un castillo o algo?
Chuck vaciló y se puso incómodo. —Um, nunca he estado fuera del Claro.
Thomas hizo una pausa. —Me escondes algo —dijo finalmente, pasando su último
bocado y tomando un gran trago de agua. La frustración al no obtener respuestas
de nadie estaba empezando a terminar con sus nervios, sólo lo hacía peor pensar
que si alguna vez conseguía respuestas, no sabría si le estarían diciendo la verdad—.
¿Por qué son tan reservados?
—Así es como es, las cosas son raras por aquí, y la mayoría de nosotros no lo
sabemos todo, o la mitad de todo.
A Thomas le molestaba que a Chuck no pareciera molestarle lo que acababa de
decir. Que le parecía indiferente que le hubieran quitado su vida. ¿Qué le pasaba a
ésta gente? Thomas se levantó y empezó a caminar a la abertura del este. —Bueno,
nadie dijo que no podía echar un vistazo. —Necesitaba saber algo o se volvería loco.
—¡Hey, espera! —gritó Chuck, corriendo para alcanzarlo—. Ten cuidado, esos
cachorros están a punto de cerrar. —Ya se oía sin aliento.
—¿Cerrar? —repitió Thomas—. ¿De qué estás hablando?
—Las puertas, tonto.
—¿Puertas?, no veo ningunas puertas. —Thomas sabía que Chuck no lo estaba
inventando, sabía que se estaba perdiendo algo que era obvio. Empezó a sentirse
incómodo y redujo el paso, ya sin tantas ganas de llegar a los muros.
—¿Cómo le dices a esas enormes aberturas? —Chuck apuntó a los enormes huecos
en las paredes, estaban a sólo unos metros ahora.
—Yo los llamaría enormes aberturas —dijo Thomas, tratando de calmar suincomodidad con sarcasmo y decepcionado de que no estuviera funcionando.
—Bueno, pues son puertas, y se cierran cada noche.
Thomas se detuvo, pensando en que Chuck debía haber dicho algo mal. Vio hacia
arriba, y de lado a lado, examinó las enormes lozas de piedra mientras la
incomodidad se convertía en pena. —¿Qué quieres decir con cierran?
—Lo veras por ti mismo en un minuto, los corredores volverán pronto, y esas
enormes paredes se moverán hasta que los huecos queden cerrados.
—Estás mal de la cabeza —murmuró Thomas. No podía ver cómo es que las
paredes inmensas podían moverse, se sintió tan seguro de ello, que se relajó,
pensando que Chuck le estaba jugando una broma.
Llegaron a la enorme abertura que llevaba afuera, a más pasadizos de piedra.
Thomas abrió la boca, su mente se vació de pensamientos al ver que lo veía todo de
cerca.
—Esta se llama la puerta este —dijo Chuck, como si revelara con orgullo una obra
que él había hecho.
Thomas apenas lo escuchó, atónito por lo grande que era aún más de cerca.
Por lo menos tenía 6m de ancho, la abertura en la pared llegaba hasta la cima. Las
orillas que bordeaban la abertura eran lisas, excepto por un extraño patrón
repetitivo en ambos lados. En el lado izquierdo de la puerta del este, hoyos
profundos de varios centímetros de diámetro y espaciado por un pie estaban
grabados en la piedra, empezando cerca de la tierra y continuando hacia arriba.
En el lado derecho de la puerta, barras de un pie de largo salían de la orilla de la
pared, también de varios centímetros de diámetro, en el mismo patrón de los hoyos
en el otro lado, su propósito era obvio.
—¿Estás bromeando? —preguntó Thomas, la pena volviendo a invadir su
entrañas—. ¿No estabas bromeando? ¿Las paredes realmente se mueven?
—¿Qué mas pude haber querido decir?
Thomas tuvo dificultades para que su mente procesara esa posibilidad. —No lo
sé. Pensé que habría una puerta que se cerraría o una pequeña pared que saldría de
la grande, ¿cómo pueden moverse estos muros? Son enormes, y parecen haber
estado ahí por miles de años. —Y la idea de que esas piedras se cerraran y lo
dejaran atrapado dentro de este lugar que llamaban el Claro era aterrorizante.
Chuck levantó sus brazos, claramente frustrado. —No lo sé, sólo se mueven, con un
ruido espantoso, lo mismo sucede en el laberinto, esas paredes se mueven cadanoche también.
La atención de Thomas se volvió de repente hacia un detalle y giró para ver de
frente a Chuck. —¿Qué acabas de decir?
—¿Uh?
—Lo acabas de llamar un laberinto, dijiste que lo mismo pasaba en el laberinto.
La cara de Chuck enrojeció. —Me rindo contigo, me rindo. —Y caminó de regreso al
árbol que acababan de abandonar.
Thomas lo ignoró, más interesado que nunca en las afueras del Claro. ¿Un
laberinto? Frente a él, a través de la puerta este, podía ver pasajes que llevaban a la
izquierda, a la derecha y hacia el frente, y las paredes de estos eran parecidas a las
paredes que rodeaban el Claro, el piso estaba hecho de los mismos bloques
inmensos del patio. La hierba parecía aun más espesa ahí afuera. En la distancia,
mas aberturas en el camino conducían a otros caminos, y más lejos, tal vez a cientos
de metros el pasaje en línea recta llegaba a un camino cerrado.
—Parece un laberinto —susurró Thomas, casi riéndose para sí mismo, como si las
cosas no pudieran haberse vuelto más extrañas. Habían borrado su memoria y lo
habían puesto dentro de un enorme laberinto. Parecía todo tan loco que también
parecía gracioso.
Su corazón se detuvo un segundo cuando un chico apareció dando la vuelta en una
esquina frente a él, entrando al sendero principal desde uno de los pasajes a la
derecha, corriendo hacia él y el Claro. Cubierto en sudor, su cara roja, la ropa
pegada a su cuerpo, el chico no se detuvo, apenas viendo a Thomas mientras lo
pasaba. Se dirigió directamente al edificio de concreto que estaba cerca de La Caja.
Thomas se volvió a verlo mientras lo pasaba, sus ojos pegados al corredor exhausto,
inseguro de porque este nuevo acontecimiento lo sorprendía tanto, ¿por qué la
gente no saldría a explorar el laberinto? Luego se dio cuenta de que otros entraban
por las otras tres aberturas, todos corriendo y con un aspecto tan harapiento como
el chico que lo había asustado. No podía haber nada bueno en el laberinto si estos
chicos volvían tan asustados y lastimados.
Observo, con curiosidad, mientras se congregaban ante la enorme puerta de acero
del edificio, uno de los chicos giró la manija oxidada, gruñendo por el esfuerzo,
Chuck había dicho algo de corredores antes, ¿qué habían estado haciendo allá
afuera?
La enorme puerta se abrió por fin, y con un fuerte sonido de metal contra metal, loschicos la abrieron más. Desaparecieron adentro, cerrándola detrás con un fuerte
clonk.
Thomas se quedó viendo, su mente trabajando para tener una explicación posible
para lo que acababa de ver. Nada, pero algo acerca de ese espantoso y viejo edificio
le daba escalofríos y un temblor alarmante.
Alguien tiró de su manga, alejándolo de sus pensamientos, Chuck había vuelto.
Antes de que Thomas pudiera pensar, las preguntas se estaban saliendo de su boca.
—¿Quiénes son ellos y qué hacen? ¿Qué hay en ese edificio? —se dio vuelta y
apuntó a la puerta este—. Y ¿por qué viven dentro de un laberinto? —sintió una
creciente inseguridad que hacía que su cabeza se partiera de dolor.
—No diré una palabra más —dijo Chuck, con una nueva autoridad llenando su voz—
. Creo que deberías ir a la cama temprano, vas a necesitar el descanso, ¡ah! —se
detuvo y levantó un dedo, apuntando a su oreja derecha—. Está a punto de
suceder.
—¿Qué? —preguntó Thomas extrañado de que Chuck estuviera actuando como un
adulto en lugar del niñito desesperado por un amigo que había sido sólo unos
momentos antes.
Un fuerte sonido rasgó el aire, haciendo a Thomas saltar, le siguió un horrible
crujido aplastante. Thomas trastabilló hacia atrás y cayó al piso, se sentía como si
toda la tierra temblara, vio a su alrededor, con pánico. Las paredes se estaban
cerrando, las paredes en realidad se estaban cerrando, atrapándolo dentro del
Claro. Un sentimiento de claustrofobia lo invadió, comprimiendo sus pulmones,
como si se llenaran de agua.
—Tranquilo novato —gritó Chuck por encima del ruido—. Sólo son las paredes.
Thomas apenas lo escuchó, demasiado fascinado, demasiado conmocionado
porque las puertas se habían cerrado. Se puso de pie y dio unos cuantos pasos
temblorosos hacia atrás para ver mejor, encontrando difícil de creer lo que sus ojos
veían.
La enorme pared de piedra de su derecha parecía haber violado todas las leyes de la
física mientras se deslizaba por la tierra, arrojando chispas y polvo mientras se
tallaba piedra con piedra
El sonido aplastante había estremecido sus huesos. Thomas se dio cuenta de que
sólo esa pared se movía, dirigiéndose a la de la izquierda, lista para sellarse con sus
barras salientes deslizándose en los hoyos grabados en la otra. Vio a su alrededor alas otras aberturas. Sintió que su cabeza giraba más rápido que su cuerpo, y su
estómago saltó con vértigo. En los cuatros lado del Claro sólo las paredes de la
derecha se estaban moviendo, hacia la izquierda, cerrando el hoyo de las puertas.
Imposible —pensó— .como pueden hacer eso? Reprimió la urgencia de correr de
ahí, y pasar entre las lozas de piedra antes de que se cerraran, dejar el Claro, pero el
sentido común ganó, el laberinto tenía más incógnitas que su situación ahí adentro.
Trató de imaginarse en su mente cómo funcionaba la estructura. Enormes paredes
de piedra, de cientos de metros de altura, moviéndose como puertas de vidrio
deslizantes, una imagen de su vida pasada que llegó a sus pensamientos. Trató de
aferrarse al recuerdo, retenerlo, completar la imagen con cara, nombres, lugares
pero desapareció en la oscuridad. Una punzada de tristeza se unió a sus otras
emociones.
Vio como la pared derecha llegaba al final de su camino, sus barras encontrando su
marca y entrando sin obstáculos, el eco de un boom retumbó en el Claro cuando las
4 puertas se cerraron para pasar la noche. Thomas sintió un momento final de
miedo, un pequeño sentimiento de terror a través de su cuerpo que luego se
desvaneció.
Un sorpresivo sentimiento de calma tranquilizó sus nervios, y dejó salir un largo
suspiro de alivio. —Wow —dijo, sintiéndose tonto por la gran declaración.
—No es nada, como diría Alby —murmuró Chuck—. Te acostumbras después de un
tiempo.
Thomas vio a su alrededor una vez más, la sensación del lugar era completamente
diferente ahora que las paredes estaban cerradas y sin salida. Trató de pensar en el
propósito de eso, y no supo cual de las opciones era peor, estaban siendo
encerrados o estaban siendo protegidos de algo allá afuera. El pensamiento terminó
con su pequeño momento de calma, poniendo en su mente un millón de
posibilidades de lo que podía vivir en el laberinto, todas aterrorizantes. El miedo se
apoderó de él de nuevo.
—Vamos —dijo Chuck halando la manga de Thomas por segunda vez—. Créeme
cuando llega la noche quieres estar en tu cama.
Thomas sabía que no tenía otra opción, hizo lo mejor por reprimir todo lo que
sentía y lo siguió.