domingo, 21 de diciembre de 2014

Capítulo 41, 42, 43, 44 y 45

Capítulo 41
—Regresaré —dijo Thomas, volviéndose para ir. Su estómago estaba lleno de
ácido—, tengo que encontrar a Newt, ver si alguno de los mapas sobrevivió.
—¡Espera! —gritó Teresa—. ¡Sácame de aquí!
Pero no había tiempo, y Thomas se sentía horrible por esto. —No puedo…
regresaré, lo prometo —Él se volvió antes de que ella pudiera protestar y se lanzó a
una carrera a toda velocidad hacia la Habitación de los Mapas y a su neblinosa nube
negra de humo. Pinchazos de dolor punzaban en su interior. Si Teresa tenía razón, y
ellos habían estado cerca de descubrir alguna clase de pista que los ayudara a salir
de ahí, sólo para verla literalmente perdida en las llamas… Era tan molesto que
dolía.
La primera cosa que Thomas vio cuando corrió fue un grupo de habitantes del Claro
agrupados justo afuera de la gran puerta de acero, aún entreabierta, su borde
exterior oscurecida con hollín. Pero mientras se acercaba, se dio cuenta que
estaban rodeando algo en el suelo, todos ellos miraban abajo hacia eso. Vislumbró a
Newt, arrodillado ahí en medio, inclinándose sobre un chico.
Minho estaba parado detrás de él, viéndose angustiado y sucio, y notó a Thomas
primero. —¿A dónde fuiste? —preguntó él.
—A hablar con Teresa… ¿Qué ocurrió? —Él esperó ansiosamente por el próximo
montón de malas noticias.
La frente de Minho se arrugó con ira. —¿Nuestro cuarto de mapas comienza a arder
y tú corres a hablar con tu novia shuck? ¿Qué está mal contigo?
Thomas sabía que la reprimenda debería escocerle, pero su mente estaba
demasiado preocupada. —No creí que fuera algo que importara ya más… si ustedes
aún no han descifrado los mapas hasta ahora…
Minho se veía disgustado, la pálida luz y niebla de humo volviendo su cara casi
siniestra. —Sí, éste debe ser un maldito buen momento para rendirse. Qué
demonios…
—Lo siento… sólo dime lo que ocurrió —Thomas se inclinó sobre el hombro de un
delgaducho niño de pie frente a él para poder observar al cuerpo en el suelo.
Era Alby, acostado sobre su espalda, con un enorme y profundo corte en su frente.La sangre se corría hacia abajo desde ambos lados de su cabeza, alguna hasta sus
ojos, incrustándose ahí. Newt la estaba limpiando con un trapo húmedo,
cuidadosamente, haciendo preguntas en un susurro demasiado bajo como para
escucharlo. Thomas, preocupado por Alby a pesar de su reciente temperamento
enfermizo, se volvió hacia Minho y repitió su pregunta.
—Winston lo encontró aquí afuera, medio muerto, con la Habitación de los Mapas
en llamas. Algunos shanks entraron ahí y lo apagaron, pero era demasiado tarde.
Todos los troncos están quemados hasta malditas cenizas. Sospeché de Alby al
principio, pero quien fuera que hizo esto azotó su estúpida cabeza contra la mesa…
puedes ver dónde. Es desagradable.
—¿Quién piensas que lo hizo? Thomas estaba dudoso de decirle sobre el posible
descubrimiento que Teresa y él habían hecho. Sin mapas, el punto era discutible.
—¿Tal vez Gally antes de aparecer en el Homestead y volverse psicópata? ¿Tal vez
los Grievers? No lo sé, y no me importa. No es importante.
Thomas estaba sorprendido ante su repentino cambio de pensamientos.
—¿Ahora quién es el que se está rindiendo?
La cabeza de Minho se levantó tan súbitamente, que Thomas dio un paso hacia
atrás. Había un flash de rabia ahí, pero rápidamente se convirtió en una extraña
expresión de sorpresa y confusión. —Eso no es a lo que me refiero, shank.
Thomas levantó sus cejas con curiosidad. —Qué quisiste…
—Sólo cierra tu boca por ahora —Minho puso sus dedos en sus labios, sus ojos
moviéndose alrededor para ver si alguien más los estaba mirando— Sólo cierra tu
boca. Lo averiguarás lo suficientemente pronto.
Thomas tomó una respiración profunda y pensó. Si él esperaba que el otro chico
fuera honesto, él debía ser honesto también. Él decidió que sería mejor que
compartiera sobre los posibles códigos del Laberinto, con o sin Mapas. —Minho,
necesito decirles algo a ti y a Newt. Y necesitamos dejar salir a Teresa… ella está
probablemente hambrienta y nosotros podemos usar su ayuda.
—Esa estúpida niña es la última cosa de la que estoy preocupado.
Thomas ignoró el insulto. —Sólo regálanos un par de minutos… tenemos una idea.
Tal vez aún funcione si suficientes corredores recuerdan sus mapas.
Eso pareció atraer la completa atención de Minho… pero de nuevo, estaba la misma
extraña mirada, como si Thomas estuviera evitando lo obvio. —¿Una idea?
¿Qué?—Sólo ven al Slammer conmigo. Tú y Newt.
Minho pensó por un segundo. —¡Newt! —lo llamó a gritos.
—¿Sí? —Newt se puso de pie, replegando su trapo con sangre para encontrar un
punto limpio. Thomas no pudo evitar notar que cada centímetro estaba teñido con
rojo.
Minho apuntó abajo a Alby. —Deja que los med-jacks se ocupen de él. Necesitamos
hablar.
Newt le dio una mirada interrogativa, entonces le entregó el trapo al habitante del
Claro más cercano. —Ve a buscar a Clint… dile que tenemos peores problemas que
chicos con molestas astillas —Cuando el chico corrió para hacer lo que se le dijo,
Newt se alejó de Alby—. ¿Hablar sobre qué?
Minho asintió hacia Thomas, pero no dijo nada.
—Sólo ven conmigo —dijo Thomas. Entonces se volvió y se encaminó hacia el
Slammer sin esperar una respuesta.
—Déjenla salir —Thomas se paró cerca de la puerta de la celda, con los brazos
cruzados—. Déjenla salir, y luego hablaremos. Confíen en mí… quieren escucharlo.
Newt estaba cubierto de hollín y tierra, su cabellos empapados con sudor. Él
ciertamente no parecía estar de muy buen humor. —Tommy, esto es…
—Por favor. Sólo ábranla… déjenla salir. Por favor —No se rendiría esta vez.
Minho se paró frente a la puerta con las manos en sus caderas. —¿Cómo podemos
confiar en ella? —preguntó él—. Tan pronto como despertó, todo el lugar comenzó
a caerse a pedazos. Incluso admitió haber desencadenado algo.
—Él tiene un punto —dijo Newt.
Thomas hizo un gesto a través de la puerta hacia Teresa. —Podemos confiar en ella.
Cada vez que he hablado con ella, es algo sobre intentar salir de aquí. Ella fue
enviada aquí justo como el resto de nosotros… es estúpido pensar que ella tiene la
responsabilidad de cualquiera de estas cosas.
Newt gruñó. —¿Entonces a que maldita mierda se refería diciendo que ella
desencadenó algo?
Thomas tragó, negándose a admitir que Newt tenía un buen punto. Tenía que haber
una explicación. —Quien sabe… su mente estaba haciendo toda clase de cosas raras
cuando despertó. Tal vez todos pasamos por eso en la Caja, hablando tonterías
antes de que estuviéramos totalmente despiertos. Sólo déjenla salir.
New y Minho intercambiaron una larga mirada.—Vamos —insistió Thomas—. ¿Qué va a hacer ella, correr alrededor y apuñalar a
cada habitante del Claro hasta la muerte? Por favor.
Minho suspiró. —Está bien. Sólo deja salir a la estúpida chica.
—¡No soy estúpida! —gritó Teresa, su voz amortiguada por las paredes—. ¡Y puedo
escuchar cada palabra que ustedes idiotas están diciendo!
Newt puso unos ojos como platos. —Que chica realmente dulce has elegido,
Tommy.
—Sólo apresúrate —dijo Thomas—. Estoy seguro que tenemos un montón de cosas
que hacer antes de que los Grievers regresen ésta noche… si es que ellos no viene
durante el día.
Newt gruñó y se adentró al Slammer, sacando sus llaves mientras lo hacía. Un par
de clics después la puerta se abrió de par en par. —Vamos.
Teresa salió de la pequeña construcción, mirando ceñudamente a Newt mientras lo
pasaba. Ella le dio una mirada igual de desagradable a Minho.
Entonces se detuvo y se quedó parada justo al lado de Thomas. Su brazo rozándose
contra el suyo; hormigueos se dispararon a través de su piel, y él se sintió
mortalmente avergonzado.
—Está bien, habla —dijo Minho—. ¿Qué es tan importante?
Thomas miró hacia Teresa, preguntando cómo decirlo.
—¿Qué? —dijo ella—. Tú habla… ellos obviamente piensan que yo soy una asesina
serial.
—Sí, te ves tan peligrosa —murmuró Thomas, pero volvió su atención a Newt y
Minho—. Ok, cuando Teresa estaba saliendo de su sueño en un principio, tenía
recuerdos apareciendo en su mente. Ella, um… —él se detuvo justo antes de decir
que ella había dicho esto dentro de su mente—, ella me dijo más tarde que
recordaba que el Laberinto tenía un código. Que tal vez en lugar de intentar
resolver el encontrar una forma de salir, está tratando de mandar un mensaje.
—¿Un código? —preguntó Minho—. ¿Cómo es un código?
Thomas sacudió su cabeza, deseando poder contestar. —No lo sé bien… tú estás
mucho más familiarizado con los Mapas de lo que lo estoy yo. Pero tengo una
teoría. Eso es por qué yo estaba esperando que ustedes chicos recordaran algunos
de ellos.
Minho miró a Newt, sus cejas levantadas interrogativamente. Newt asintió.
—¿Qué? —preguntó Thomas, harto con su resguardo de información hacia él—.Ustedes chicos siguen actuando como si tuvieran un secreto.
Minho se frotó los ojos con ambas manos, tomó una profunda respiración. —
Nosotros escondimos los Mapas, Thomas.
Al principio él no lo procesó. —¿Huh?
Minho apuntó hacia el Homestead. —Nosotros escondimos los malditos Mapas en
la habitación de las armas, pusimos copias en su lugar. Debido a la advertencia de
Alby. Y debido a la supuesta finalización que tu novia desencadenó.
Thomas estaba tan emocionado de escuchar estas noticias que temporalmente
olvidó lo horribles que se habían vuelto las cosas. Él recordaba a Minho actuando
sospechosamente el día anterior, diciendo que tenía una asignación especial.
Thomas miró a Newt, quien asintió.
—Todos ellos están sanos y salvos —dijo Minho—. Hasta el último de ésos retoños.
Así que si tienes una teoría, comienza a hablar.
—Llévame a ellos —dijo Thomas, ansioso por echarles un vistazo.
—Muy bien, vamos.Capítulo 42
Minho encendió la luz, haciendo que entrecerrara los ojos por un segundo hasta
que éstos se acostumbraron. Amenazadoras sombras colgaban de las cajas de
armas dispersas alrededor de la mesa y el suelo, cuchillos y estacas y otros recursos
de mal aspecto parecían esperar allí, preparados para tomar una vida por sí mismos
y matar a la primera persona lo suficientemente estúpida para acercárseles. El frío y
húmedo, mohoso olor sólo se añadía a la escalofriante sensación de la habitación.
—Allí atrás hay un closet escondido de almacenamiento —Minho explicó, pasando
algunos estantes entrando a un oscuro rincón—. Sólo un par de nosotros sabemos
sobre él.
Thomas escuchó el crepitar de una antigua puerta de madera, y entonces Minho
estaba arrastrando una caja de cartón por el suelo; el roce de ésta sonaba como un
cuchillo contra un hueso. —Puse lo que servía de cada uno de los baúles en su
propia caja, ocho cajas en total. Todas están allí dentro.
—¿En cuál de ellos? ¿Es ésta? —Thomas preguntó; se arrodillo al lado de ella,
ansioso por empezar.
—Sólo ábrela y mira… cada página está marcada. ¿Recuerdas?
Thomas tiró de las tapas hasta que ellas estuvieron abiertas. Los Mapas de la
Sección Dos estaban tendidos en una pila desordenada. Thomas se extendió y sacó
un montón.
—Muy bien —dijo—. Los Corredores siempre han comparado estos día a día,
buscando para ver si había un patrón que de alguna manera ayudara a encontrar
una salida. Tú incluso dijiste que realmente no sabían que era lo que estaban
buscando, pero seguían estudiándolo de todas maneras. ¿Cierto?
Minho asintió, con los brazos cruzados. Lucía como si alguien estuviera a punto de
revelar el secreto de la vida inmortal.
—Bueno —Thomas continuo—. ¿Y que si los movimientos de los muros no tenían
nada que ver con un mapa o un laberinto o algo como eso? ¿Qué tal si en lugar de
eso el patrón decía palabras? Alguna clase de pista que nos ayudaría escapar.
Minho apuntó a los Mapas que estaban en la mano de Thomas, dejando escapar un
suspiro de frustración. —¿Amigo, tienes alguna idea de cuánto hemos estudiadoestas cosas? ¿No crees que habríamos notado si estuvieran diciendo alguna maldita
palabra?
—Tal vez sea demasiado difícil para verse a simple vista, sólo comparando un día
con el siguiente. ¿Y si tal vez no se suponía que ustedes compararan un día con el
siguiente, sino mirar un día a la vez?
Newt se rió. —Tommy, puede que no sea el tipo más astuto del Claro, pero suena
como si estuvieras hablando pura mierda.
Mientras había estado hablando, la mente de Thomas había estado girando aún
más rápido. La respuesta estaba a su alcance… sabía que casi la había conseguido.
Solo que era muy difícil de ponerlo en palabras.
—Está bien, de acuerdo —dijo, volviendo a empezar—. Siempre has tenido un
Corredor asignado a una sección, ¿cierto?
—Cierto —contestó Minho. Parecía genuinamente interesado y listo para entender.
—Y ese Corredor hace un Mapa cada día, y luego lo compara con los Mapas de los
días anteriores, de ésa sección. ¿Qué tal si, en lugar de eso, se suponía que ustedes
deberían comparar las ocho secciones entre ellas, cada día? ¿Siendo cada día una
pista o un código por separado? ¿Alguna vez compararon las secciones entre ellas?
Minho se rascó su barbilla, asintiendo. —Sí, algo así. Tratamos de ver si ellas
formaban algo cuando las poníamos juntas… por supuesto que hicimos eso. Lo
intentamos todo.
Thomas se puso en pie, estudiando los Mapas que había sobre su regazo. Él apenas
podía ver las líneas del Laberinto dibujadas en la segunda página a través de la
página que había encima de ella. En ese instante, supo lo que ellos tenían que
hacer. Levanto la mirada hacia los otros.
—Papel encerado…
—¿Ah? —Minho preguntó— ¿Que de…
—Sólo confía en mí. Necesitamos papel encerado y tijeras. Y cada marcador negro y
lapicero que puedan encontrar.
Frypan no estaba demasiado contento de que le quitaran una caja completa de sus
rollos de papel encerado, especialmente cuando sus suministros habían sido
cortados. Alegó que esa era una de las cosas que siempre había pedido, que lo
usaba para hornear. Finalmente tuvieron que decirle para qué lo necesitaban para
poder convencerlo de que cediera.
Después de diez minutos de cacería de lapiceros y marcadores (la mayoría habíanestado en la Habitación del Mapa y habían sido destruidos en el incendio), Thomas
se sentó alrededor de la mesa de trabajo en el depósito de armas con Newt, Minho
y Teresa. No habían encontrado ningunas tijeras, así que Thomas había agarrado el
cuchillo más filoso que había podido encontrar.
—Será mejor que esto sea bueno —dijo Minho. Su voz tenía un tono de
advertencia, pero sus ojos mostraban algo de interés.
Newt, se inclinó hacia adelante, colocando sus codos sobre la mesa, como si
estuviera esperando por un truco de magia. —Ponte en ello, Greenie.
—Está bien —Thomas estaba ansioso por hacerlo, pero también estaba asustado
hasta la muerte de que terminara siendo nada. Le entregó el cuchillo a Minho,
entonces apunto al papel encerado—. Comienza a cortar rectángulos, más o menos
del tamaño de los Mapas. Newt y Teresa, ustedes pueden ayudarme agarren los
primeros diez de los Mapas de cada una de las cajas de las secciones.
—¿Qué es esto?, ¿Tiempo de manualidades para niñitos? —Minho sostuvo el
cuchillo y lo observo con disgusto—. ¿Por qué no nos dices porque mierda estamos
haciendo esto?
—He terminado con las explicaciones —Thomas dijo, sabiendo que sólo tenían que
ver lo que se estaba imaginando en su cabeza. Se levantó para ir a hurgar en el
clóset de almacenamiento—. Será más fácil enseñarles. Si estoy equivocado, estoy
equivocado, y podemos volver a correr por el Laberinto como ratones.
Minho suspiró, claramente irritado, entonces murmuró algo bajo su aliento. Teresa
se había quedado en silencio por un rato, pero habló dentro de la cabeza de
Thomas.
Creo que se lo que estas haciendo. Realmente brillante.
Thomas estaba sorprendido, pero trato de ocultarlo lo mejor que pudo. Sabía que
tenía que pretender que no tenía voces en la cabeza… los otros pensarían que
estaba lunático.
Solo… ven… a… ayudarme, trató de responder, pensando cada palabra por
separado, tratando de visualizar el mensaje, enviarlo. Pero ella no respondió.
—Teresa —dijo en voz alta—. ¿Puedes ayudarme un segundo? —asintió hacia el
clóset.
Los dos entraron al polvoriento cuarto pequeño y abrieron todas las cajas,
agarrando pequeñas pilas de Mapas de cada una de ellas. Regresando a la mesa,
Thomas encontró que Minho ya había cortado veinte pedazos, creando unadesordenada pila a su derecha con cada nuevo pedazo que tiraba encima.
Thomas se sentó y agarró algunos de ellos. Levantó uno de los papeles hacia la luz,
vio como brilló a través de él con un resplandor lechoso. Eso era exactamente lo
que él necesitaba.
Agarró un marcador. —Muy bien, cada uno trace los últimos diez o algo así en uno
de estos pedazos. Asegúrense de escribir la información arriba para que podamos
seguir la pista de que es qué. Cuando hayamos terminado, creo que podremos ver
algo.
—¿Qué…? —Minho comenzó.
—Sólo corta hasta que sangres —Newt ordenó—. Creo que sé a dónde quiere llegar
con esto.
Thomas estaba aliviado de que alguien al fin lo estuviera captando.
Se pusieron a trabajar, trazando los Mapas originales en el papel encerado, uno por
uno, tratando de mantenerlo limpio y correcto mientras se apuraban tanto como
les era posible. Thomas usó el lado de un trozo recto de madera como regla,
manteniendo sus líneas rectas. Pronto había terminado cinco mapas, luego cinco
más. Los otros mantenían el mismo paso, trabajando fervorosamente.
Mientras Thomas dibujaba, comenzó a sentir un cosquilleo de pánico, una
enfermiza sensación de que lo que estaban haciendo era una total pérdida de
tiempo. Pero Teresa, sentada a su lado, estaba estudiando en concentración, su
lengua pegada en una esquina de su boca mientras trazaba líneas hacia arriba y
abajo, de lado a lado. Parecía mucho más confiada de que ellos definitivamente
estaban llegando a algo.
Caja a caja, sección a sección, ellos continuaron.
—He tenido suficiente —Newt finalmente anunció, rompiendo el silencio—. Mis
dedos están ardiendo en sangre. Veamos si está funcionando.
Thomas bajó su marcador, luego flexionó sus dedos, esperando estar en lo correcto
respecto a esto.
—Muy bien, denme los últimos días de cada sección… hagan pilas alrededor de la
mesa, en orden de la Sección Uno hasta la Sección Ocho. El Uno aquí… —apuntó
hasta el final— …hasta el Ocho allá —Apuntó hacia el otro final.
Silenciosamente, hicieron lo que les pidió, buscando a través de lo que habían
dibujado hasta que ocho pequeñas pilas de papel encerado estaban alineadas a
través de la mesa.Ansioso y nervioso, Thomas levantó una página de cada pila, asegurándose que
todas fueran del mismo día, manteniéndolas en orden. Entonces las puso una
encima de la otra para que cada uno de los dibujos del Laberinto coincidiera con el
mismo día debajo y encima de él, hasta que estuvo mirando ocho secciones del
Laberinto a la vez. Lo que vio lo sorprendió. Casi mágicamente, como enfocando
una fotografía, una imagen se desarrolló. Teresa dejó salir un pequeño jadeo.
Las líneas se cruzaban una sobre la otra, arriba y abajo, tantas veces que lo que
Thomas sostenía en sus manos parecía más una cuadrícula accidentada. Pero
ciertas líneas en el medio… formaban una imagen ligeramente más oscura que las
demás. Era sutil, pero lo era, sin ninguna duda, estaba allí.
Asentada exactamente en el centro de la página estaba la letra F.Capítulo 43
Thomas sintió una oleada de emociones diferentes: alivio de que había funcionado,
sorpresa, emoción, asombro por lo que podría ocasionar.
—Hombre —dijo Minho, resumiendo los sentimientos de Thomas con una palabra.
—Podría ser una coincidencia —dijo Teresa—. Haz más, rápido.
Thomas lo hizo, juntando las ocho páginas de cada día, en orden desde la Sección
Uno hasta la Sección Ocho. Cada vez, una letra evidente se formaba en el centro de
la masa de entrecruzadas líneas. Después de la F era una L, a continuación, una O,
luego, una A y una T. Entonces C... A... T.
—Mira —dijo Thomas, apuntando hacia abajo a la línea del montón que habían
formado, confundido, pero feliz de que las letras fueran tan obvias—. Deletrea
FLOAT (flotador) y luego deletrea CAT (gato).
—¿Gato flotador? —preguntó Newt—. No me suena como un maldito código de
rescate.
—Sólo tenemos que seguir trabajando —dijo Thomas.
Otro par de combinaciones les hicieron darse cuenta de que la segunda palabra era
en realidad CATCH (coger).
Flotador y Coger.
—Definitivamente no es una coincidencia —dijo Minho.
—Definitivamente no —coincidió Thomas. No podía esperar para ver más.
Teresa gesticuló hacia el armario de almacenamiento.
—Tenemos que examinar a fondo todo eso, todas esas cajas de allí.
—Sí —asintió Thomas—. Vamos a ponernos en eso.
—No podemos ayudar —dijo Minho.
Los tres lo miraron. Les devolvió sus miradas furiosas. —Por lo menos yo no, y
Thomas tampoco. Tenemos que sacar a los Corredores al Laberinto.
—¿Qué? —preguntó Thomas—. ¡Este es el camino más importante!
—Tal vez —respondió con calma Minho—. Pero no podemos faltar un día ahí fuera.
No ahora.
Thomas sintió una oleada de decepción. Trabajar en el Laberinto parecía como una
gran pérdida de tiempo comparado con descifrar el código. —¿Por qué, Minho?Dijiste que el patrón ha estado básicamente repitiéndose durante meses, un día
más no significará nada.
Minho golpeó fuertemente su mano contra la mesa. —¡Eso es una chorrada,
Thomas! De todos los días, este podría ser el más importante para salir ahí. Algo
podría haber cambiado, algo podría haberse abierto. De hecho, con las paredes
raras que no se cierran más, creo que deberíamos intentar tú idea, quedarnos allí
afuera durante la noche y hacer alguna exploración más profunda.
Eso despertó el interés de Thomas habia estado queriendo hacer eso. Estando en
conflicto, preguntó:
—Pero ¿qué pasa con este código? ¿Qué pasa con…
—Tommy —Newt dijo con una voz consoladora—. Minho tiene razón. Ustedes
shanks vayan y alcancen a los Corredores. Reuniré a algunos habitantes del Claro en
los que podamos confiar y seguiremos trabajando en esto. —Newt sonó más como
un líder que incluso antes.
—Yo también —coincidió Teresa—. Me quedaré y ayudare a Newt.
Thomas la miró. —¿Estás segura?
Estaba ansioso por descubrir el código por sí mismo, pero decidió que Minho y
Newt tenían razón.
Sonrió y se cruzó de brazos. —Si vas a descifrar un código oculto en un complejo
conjunto de diferentes laberintos, estoy bastante segura de que necesitan el
cerebro de una chica para llevar la voz cantante. —Su sonrisa se volvió una sonrisa
burlona.
—Si tú lo dices. —Cruzó sus propios brazos, mirándola fijamente con una sonrisa, de
repente no queriendo irse de nuevo.
—Bien eso. —Minho asintió con la cabeza y se volvió para marcharse—. Todo está
bien y excelente. Vamos. —Echó a andar hacia la puerta, pero se detuvo cuando se
dio cuenta de que Thomas no estaba detrás de él.
—No te preocupes, Tommy —dijo Newt—. Tu novia estará bien.
Thomas sintió que un millón de pensamientos pasaban por su cabeza en ese
momento. Una comezón por aprender el código, vergüenza porque Newt pensó en
él y Teresa, intriga de lo que podrían averiguar en el Laberinto… y miedo.
Pero empujó todo eso a un lado. Sin ni siquiera decir adiós, finalmente siguió a
Minho y subieron las escaleras.
Thomas ayudó a Minho a reunir a los Corredores para darles las noticias yorganizarlos para el gran viaje. Se sorprendió por como de fácil todos coincidieron
en que era el momento de hacer alguna exploración más a fondo del Laberinto y
permanecer allí afuera durante la noche. Aunque estaba nervioso y asustado, le dijo
a Minho que podía tomar una de las secciones por sí mismo, pero el Guardián se
negó. Tenían ocho Corredores experimentados para hacer eso. Thomas iba a ir con
él, lo que hizo que Thomas estuviera tan aliviado que casi estaba avergonzado de sí
mismo.
Él y Minho empacaron sus mochilas con más suministros de lo usual, no se sabía
decir cuánto tiempo estarían ahí afuera. A pesar de su miedo, Thomas no podía
dejar de estar excitado también, quizás este era el día en que encontrarían una
salida.
Él y Minho estaban estirando sus piernas en la Puerta Oeste, cuando Chuck se
acercó para decir adiós.
—Iría con ustedes —dijo el chico en una voz demasiado jovial—, pero no quisiera
morir de una muerte atroz.
Thomas se rió, sorprendiéndose. —Gracias por las palabras de aliento.
—Tengan cuidado —dijo Chuck, su tono rápidamente transformándose en una
preocupación genuina—. Me gustaría poder ayudarlos chicos.
Thomas estaba emocionado, apostó que si realmente se presentaba la ocasión,
Chuck saldría de ahí si se lo pedía. —Gracias, Chuck. Definitivamente tendremos
cuidado.
Minho gruñó. —Tener cuidado no nos ha puesto en cuclillas. Es todo o nada ahora,
pequeño.
—Mejor nos ponemos en marcha —dijo Thomas. Las mariposas pululaban en su
estómago, y sólo quería moverse, para dejar de pensar en eso. Después de todo,
salir al Laberinto no era peor que quedarse en el Claro con las puertas abiertas.
Aunque la idea no le hacía sentirse mucho mejor.
—Sí —respondió Minho uniformemente—. Vamos.
—Bueno —dijo Chuck, mirando hacia abajo a sus pies antes de devolver su mirada
hacia Thomas—. Buena suerte. Si tu novia se queda sola por ti, le daré algo de
amor.
Thomas rodó sus ojos. —No es mi novia, shuck-face.
—Wow —dijo Chuck—. Ya estás usando las sucias palabras de Alby. —Era obvio que
estaba tratando duramente fingir que no estaba asustado de todos losacontecimientos recientes, pero sus ojos revelaban la verdad—. En serio, buena
suerte.
—Gracias, eso significa mucho, —contestó Minho rodando sus propios ojos—. Nos
vemos, shank.
—Sí, nos vemos —masculló Chuck y luego se volvió para alejarse.
Thomas sintió una punzada de tristeza, era posible que nunca pudiera ver a Chuck o
a Teresa o a cualquiera de ellos de nuevo. Un repentino impulso lo poseyó. —¡No
olvides mi promesa! —gritó—. ¡Te llevaré a casa!
Chuck se volvió y le dio una señal de aprobación, sus ojos brillaron con lágrimas.
Thomas echó hacia arriba los dos pulgares, luego él y Minho se pusieron sus
mochilas y entraron al laberinto.Capítulo 44
Thomas y Minho no se detuvieron hasta que estuvieron a medio camino del último
callejón sin salida de la Sección Ocho. Tuvieron buen tiempo —Thomas estaba
contento de su reloj de pulsera, con los cielos volviéndose grises— porque
rápidamente se hizo evidente que las paredes no se habían movido desde el día
anterior. Todo estaba exactamente igual. No hubo necesidad de hacer cartografía o
tomar notas, su única tarea era llegar al final y comenzar a hacer su camino de
regreso, buscando cosas previamente desapercibidas, cualquier cosa. Minho
concedió un descanso de veinte minutos y después estaban de vuelta con ello.
Permanecieron en silencio mientras corrían. Minho había enseñado a Thomas, que
hablar malgastaba energía, por lo que se concentró en su ritmo y sus respiraciones.
Regulares. Constantes. Adentro, afuera. Adentro, afuera. Más profundo y más
profundo hacia el Laberinto donde iban, sólo con sus pensamientos y los sonidos de
sus pies golpeando contra el suelo de piedra dura.
En la tercera hora, Teresa le sorprendió, hablando en su mente de vuelta hacia el
Claro.
Estamos haciendo progresos, ya hemos encontramos un par de palabras mas. Pero
nada de eso tiene sentido todavia.
El primer impulso de Thomas fue ignorarla, negar una vez más que otra vez alguien
tenía la capacidad de entrar en su mente, de invadir su privacidad. Pero él quería
hablar con ella.
.Puedes oirme? preguntó, imaginando las palabras en su mente, mentalmente
proyectándoselas a ella de alguna forma que nunca hubiera podido explicar.
Concentrándose, lo dijo de nuevo. .Puedes oirme?
!Si! respondió. En realidad claramente la segunda vez que lo dijiste.
Thomas estaba sorprendido. Tan sorprendido que casi dejó de correr. ¡Había
funcionado!
Me pregunto por que podemos hacer esto, gritó con su mente. El esfuerzo mental
de hablar con ella le estaba ya agotando, sintió un dolor de cabeza formándose
como una protuberancia en su cerebro.
Tal vez somos amantes, dijo Teresa.Thomas tropezó y cayó al suelo. Sonriendo tímidamente a Minho, que se había
vuelto a mirar sin pararse, Thomas consiguió levantarse y le alcanzó. .Que?
finalmente preguntó.
Sintió la risa de ella, una imagen acuosa llena de color. Esto es tan extrano, dijo ella.
Es como si fueras un desconocido, pero se que no lo eres.
Thomas sintió un escalofrío agradable a pesar de que estaba sudando. Siento
interrumpirte, pero somos desconocidos. Pense simplemente que te conocia,
.recuerdas?
No seas estupido, Tom. Creo que alguien altero nuestros cerebros, puso algo ahi
para que pudieramos hacer esta cosa telepatica. Antes de que vinieramos aqui. Lo
que hace que piense que nos conociamos ya el uno al otro.
Era algo sobre lo que se había preguntado, y pensaba que ella probablemente tenía
razón. Lo esperaba, de todos modos, le estaba realmente empezando a gustar.
.Cerebros alterados? preguntó. .Como?
No lo se… algo de la memoria que no puedo comprender. Creo que hemos hecho
algo grande.
Thomas pensó en cómo se había sentido siempre conectado a ella, incluso desde
que llegó al Claro. Quería comprender un poco más y ver lo que decía. .De que
estas hablando?
Ojala lo supiera. Solo estoy tratando de intercambiar ideas contigo para ver si se
precipita alguna cosa en tu mente.
Thomas pensó en lo que Gally, Ben y Alby habían dicho de él, sus sospechas de que
estaba en contra de ellos de alguna manera, que no era alguien en quien confiar.
Pensó en lo que Teresa le había dicho, también, la primera vez que él y ella habían
hecho todo esto de alguna manera.
Este codigo tiene que significar algo, añadió. Y lo que escribi en mi brazo, MALVADO
es bueno.
Tal vez eso no importa, respondió él. Quiza encontraremos una salida. Nunca se
sabe.
Thomas cerró los ojos durante unos segundos mientras corría, tratando de
concentrarse. Una bolsa de aire parecía flotar en su pecho cada vez que ellos
hablaban, una hinchazón que medio le molestaba y medio le emocionaba. Sus ojos
se volvieron a abrir cuando se dio cuenta que tal vez ella podía leer sus
pensamientos, aun cuando él no estuviera tratando de comunicarse.Esperó una respuesta, pero no llegó ninguna.
.Todavia estas ahi? , preguntó.
Si, pero esto siempre me da dolor de cabeza.
Thomas se sintió aliviado al oír que no era él único. Me duele la cabeza, tambien.
Bueno, dijo ella. Te veo mas tarde.
!No, espera! No quería que se marchara, estaba ayudando a que el tiempo pasara.
Haciendo la carrera más fácil de alguna manera.
Adios, Tom. Te hare saber si desciframos algo.
Teresa, .que pasa con lo que escribiste en tu brazo?
Pasaron varios segundos. Ninguna respuesta.
.Teresa?
Ella se había ido. Thomas sintió como si esa burbuja de aire en su pecho hubiera
estallado, liberando toxinas por su cuerpo. Su dolor de estómago, y el pensamiento
de correr el resto del día de repente lo deprimieron.
De alguna manera, quería contarle a Minho sobre como él y Teresa podían hablar,
compartir lo que estaba sucediendo antes de que eso hiciera estallar su cerebro.
Pero no se atrevió. Contar toda la situación de la telepatía no parecía la mejor de las
ideas. Todo era lo bastante raro ya.
Thomas bajó su cabeza e inhaló una larga y profunda respiración. Debería
simplemente mantener su boca cerrada y correr.
Dos descansos después, Minho finalmente bajó el ritmo a un paseo mientras se
dirigían por un largo pasillo que terminaba en una pared. Se detuvo y se sentó
contra el callejón sin salida. La hiedra era especialmente gruesa allí, haciendo que el
mundo pareciera verde y exuberante, ocultando la piedra dura, e impenetrable.
Thomas se unió a él en el suelo y se abalanzaron sobre sus modestos almuerzos de
sándwiches y fruta cortada en rodajas.
—Esto es —dijo Minho después de su segundo mordisco—. Hemos recorrido ya
toda la sección. Sorpresa, sorpresa, no hay salidas.
Thomas ya lo sabía, pero el oírlo hizo que su corazón se hundiera aún más abajo. Sin
una palabra más, por parte suya o de Minho, terminó su comida y se dispuso a
explorar. Para buscar algo que reconociera.
Durante las siguientes horas, él y Minho inspeccionaron el suelo, palparon a lo largo
de las paredes, se subieron a la hiedra en distintos puntos. No encontraron nada, y
Thomas se puso cada vez más desalentado. La única cosa interesante era otro deesos signos extraños en que se leía El Mundo en catastrofe, Departamento de
experimentacion de la zona muerta. Minho ni siquiera le echó un segundo vistazo.
Tomaron otro almuerzo, y buscaron un poco más. No encontraron nada, y Thomas
estaba empezando a estar listo para aceptar lo inevitable, que no había nada que
encontrar. Cuando estaban cerca del tiempo de cierre de la pared, empezó a buscar
señales de Grievers, siendo golpeado por una indecisión glacial en cada esquina. Él y
Minho siempre tenían los cuchillos estrechados firmemente con ambas manos. Pero
nada apareció hasta casi la medianoche.
Minho vio un Griever desapareciendo por una esquina frente a ellos, y no regresó.
Treinta minutos más tarde, Thomas vio a uno hacer exactamente lo mismo. Una
hora después de eso, llegó un Griever que vino embistiendo a través del laberinto
derecho junto a ellos, ni siquiera se paró. Thomas casi se derrumbó de la súbita
oleada de terror.
Él y Minho siguieron.
—Creo que están jugando con nosotros —dijo Minho un rato más tarde.
Thomas se dio cuenta que había renunciado a la búsqueda de las paredes y estaba
con la cabeza hacia atrás mirando hacia el Claro hacía un camino mustio. De la
misma forma que se veía, era como Minho se sentía.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Thomas.
El Guardián suspiró. —Creo que los creadores quieren que sepamos que no hay
salida. Las paredes ni siquiera se mueven más, es como si todo esto hubiera sido
sólo un juego estúpido y fuera hora de acabar. Y quieren que regresemos y se lo
digamos a los otros habitantes del Claro. ¿Cuánto quieres apostar a que cuando
volvamos nos encontramos con que un Griever tomó a uno de ellos al igual que la
noche anterior? Creo que Gally estaba en lo cierto, ellos sólo van a mantenernos
para matarnos.
Thomas no respondió, sintiendo la realidad de lo que dijo Minho. Cualquier
esperanza que hubiera sentido mucho antes, cuando ellos se habían puesto en
camino se había estrellado hacía mucho tiempo.
—¡Simplemente vayámonos a casa! —dijo Minho, con voz cansada.
Thomas odiaba a admitir la derrota, pero asintió estando de acuerdo. El código
parecía su única esperanza ahora, y decidió centrarse en eso.
Él y Minho se abrieron paso en silencio de nuevo al Claro. No vieron a otro Griever
durante todo el camino.Capítulo 45
Por lo que Thomas vio, era media mañana cuando él y Minho entraron por la Puerta
Occidental de nuevo al Claro. Thomas estaba tan cansado que quería acostarse allí
mismo y tomar una siesta. Habían estado en el laberinto aproximadamente
veinticuatro horas.
Sorprendentemente, a pesar de la luz mortecina y todo cayéndose a pedazos, el día
en el Claro parecía estar aconteciendo con los trabajos de costumbre: agricultura,
jardinería, limpieza. No pasó mucho tiempo hasta que alguno de los chicos los vio
allí. Newt fue avisado y vino corriendo.
—Son los primeros en regresar —dijo mientras se acercaba a ellos—. ¿Qué pasó? —
La mirada infantil de esperanza en su rostro rompió el corazón de Thomas, ya que
obviamente pensaba que habían encontrado algo importante—. Díganme que
tienen buenas noticias.
Los ojos de Minho estaban muertos, mirando a un punto en algún lugar de la
distancia gris. —Nada —dijo—. El Laberinto es una gran maldita broma.
Newt miró a Thomas, confundido. —¿Qué está diciendo?
—Sólo está desanimado —dijo Thomas, con un cansado encogimiento de
hombros—. No hemos encontrado nada diferente. Las paredes no se han movido,
no salió nada. ¿Los Grievers llegaron anoche?
Newt hizo una pausa, la oscuridad pasó por su cara. Por último, asintió con la
cabeza. —Sí. Se llevaron a Adam.
Thomas no conocía el nombre, y se sentía culpable por no sentir nada. Solo una
persona otra vez, pensó. Tal vez Gally tenia razon.
Newt estaba a punto de decir algo más cuando Minho enloqueció, sorprendiendo a
Thomas.
—¡Estoy harto de esto! —Minho escupió en la hiedra, las venas de su cuello se
hincharon—. ¡Estoy harto de esto! ¡Se acabó! ¡Eso es todo! —Se quitó la mochila y
la arrojó al suelo—. No hay salida, nunca la hubo, nunca la habrá. Todos estamos
jodidos.
Thomas observó, con la garganta seca, como Minho pisoteaba hacia el Homestead.
Esto le preocupaba, si Minho se daba por vencido, todos estarían en seriosproblemas.
Newt no dijo una palabra. Dejó a Thomas allí de pie, ahora en su propio
aturdimiento. La desesperación colgaba en el aire como el humo de la Habitación
de Mapas, espesa y acre.
Los otros corredores volvieron a las horas, y por lo que Thomas oyó, ninguno había
encontrado nada y habían perdido las esperanzas también. Los rostros
apesadumbrados estaban por todas partes en todo el Claro, y la mayoría de los
trabajadores habían abandonado sus puestos de trabajo del día.
Thomas sabía que el código del laberinto era su única esperanza ahora. Tenía que
revelar algo. Tenía que hacerlo. Y después de vagar sin rumbo por el Claro
escuchando las historias de los otros corredores, salió desanimado.
.Teresa? dijo en su mente, cerrando los ojos, como si ese fuera el truco. .Donde
estas? .Descifraste algo?
Después de una larga pausa, casi se dio por vencido, pensando que no funcionó.
.Eh? Tom, .has dicho algo?
Si, dijo, emocionado de que hubiera logrado ponerse en contacto de vuelta.
.Puedes oirme? .Estoy haciendo esto bien?
A veces se entrecorta, pero funciona. Un poco extrano, .eh?
Thomas pensó en eso, en realidad, de alguna forma se había acostumbrado a ella.
No era tan malo. .Estan todavia en el sotano? Vi a Newt pero luego volvio a
desaparecer.
Aun esta aqui. Newt cogio a tres o cuatro habitantes del Claro para que nos
ayudaran a trazar el mapa. Creo que tenemos todo el codigo.
Thomas le dio un vuelco con el corazón en la garganta. .En serio?
Ven aqui.
Ya voy. Ya estaba en movimiento mientras lo decía, de alguna manera no se sentía
tan agotado ya.
Newt lo dejó entrar
—Minho todavía no ha aparecido —dijo mientras caminaban por las escaleras hasta
el sótano—. A veces se vuelve molestamente impulsivo.
Thomas se sorprendió de que Minho estuviera de mal humor, sobre todo con las
posibilidades del código. Empujó a un lado el pensamiento al entrar en la
habitación. Varios habitantes del Claro que él no conocía estaban reunidos
alrededor de la mesa, de pie, todos parecían exhaustos, con los ojos hundidos.Montones de mapas se hallaban esparcidos por todo el lugar, incluyendo el suelo.
Parecía como si un tornado hubiera aterrizado justo en el centro de la habitación.
Teresa estaba apoyada contra una torre de estantes, leyendo una sola hoja de
papel. Ella levantó la vista cuando entró, pero luego volvió la mirada hacia lo que
fuera que sostenía. Esto le entristeció un poco: tenía esperanzas de que estuviera
feliz de verlo, pero luego se sintió muy estúpido por siquiera tener ese
pensamiento. Estaba obviamente ocupada tratando de entender el código.
Tienes que ver esto, le dijo Teresa mientras Newt despedía a sus ayudantes, que
subieron por la escalera de madera, un par de ellos quejándose de hacer todo ese
trabajo para nada.
Thomas comenzó, por un breve momento, a preocuparse de que Newt supiera lo
qué estaba pasando. No hables en mi cabeza mientras Newt esta alrededor. No
quiero que sepa sobre nuestro... don.
—Ven mira esto —dijo en voz alta, apenas ocultando la sonrisa que cruzó su rostro.
—Voy a ponerme de rodillas y besar tus malditos pies si puedes resolverlo —dijo
Newt.
Thomas se acercó a Teresa, deseoso de ver lo que sostenía. Ella le tendió el papel,
con las cejas enarcadas.
—Sin duda esto es correcto —dijo—. Simplemente no tenemos ni idea de lo que
significa.
Thomas tomó el papel y lo escaneó rápidamente. Había círculos numerados
corriendo por el lado izquierdo, del uno al seis. Al lado de cada uno había una
palabra escrita en grandes letras mayúsculas.
FLOTAR
AGARRAR
SANGRAR
MORIR
CADÁVER
EMPUJAR
Eso era todo. Seis palabras.
La decepción se apoderó de Thomas, había pensado que el propósito del código
sería obvio una vez que lo hubieran descubierto. Miró a Teresa con el corazón
hundido. —¿Eso es todo? ¿Estás segura de que están en el orden correcto?
Ella tomó el papel de nuevo. —El Laberinto ha venido repitiendo esas palabrasdurante meses, lo dejamos finalmente cuando eso se hizo evidente. Cada vez,
después de la palabra EMPUJAR, pasa una semana sin mostrar ninguna palabra en
absoluto, y luego empieza otra vez con FLOTAR. Así que nos dimos cuenta de que es
la primera palabra, y ese es la orden.
Thomas se cruzó de brazos y se apoyó en los estantes junto a Teresa. Sin pensarlo,
había memorizado las seis palabras, grabándolas en su mente. Flotar. Coger.
Sangrar. Morir. Cadaver. Empujar. Eso no sonaba bien.
—Alegre, ¿no crees? —dijo Newt, reflejando su pensamiento con exactitud.
—Sí —respondió Thomas con un gemido frustrado—. Tenemos que traer a Minho
aquí, tal vez él sepa algo que nosotros no. Si sólo tuviéramos más pistas… —Se
quedó paralizado, afectado por un mareo, él se habría caído al suelo si no hubiera
tenido los estantes para apoyarse. Se le acababa de ocurrir una idea. Una horrible,
terrible, horripilante idea. La peor idea en la historia de las horribles, terribles,
horripilantes ideas.
Pero el instinto le dijo que tenía razón. Eso era algo que tenía que hacer.
—Tommy —preguntó Newt, acercándose con una mirada de preocupación que
arrugaba su frente—. ¿Qué te pasa? Tu cara se puso blanca como la de un
fantasma.
Thomas negó con la cabeza, recomponiéndose. —Oh... nada, lo siento. Mis ojos
están perjudicados… Creo que necesito dormir un poco. —Se frotó las sienes para
lograr el efecto.
.Estas bien? Preguntó Teresa en su mente. La miró para ver que estaba tan
preocupada como Newt, eso le hacía sentir bien.
Si. En serio, estoy cansado. Solo necesito descansar un poco.
—Bueno —dijo Newt, llegando a apretarle el hombro—. Has pasado toda la maldita
noche en el Laberinto vete a tomar una siesta.
Thomas miró a Teresa y luego a Newt. Quería compartir su idea, pero decidió no
hacerlo. En cambio, se limitó a asentir y se dirigió a las escaleras.
De todos modos, Thomas ahora tenía un plan. Tan malo como era, pero tenía un
plan.
Necesitaban más pistas sobre el código. Necesitaban recuerdos.
Así que iba a conseguir ser picado por un Griever. Pasar por el Cambio. A propósito