domingo, 21 de diciembre de 2014

Capítulos 13, 14 y 15

Capítulo 13
Thomas estaba fascinado ante la mención de un Griever. Era aterrador pensar en la
asquerosa criatura, pero él se preguntaba por qué encontrar a uno muerto era la
gran cosa. ¿No había ocurrido antes?
Alby lucía como si alguien le hubiese dicho que podía hacerse crecer alas y volar. —
No es un buen momento para chistes —dijo.
—Mira —respondió Minho—, tampoco lo creería si fuera tú. Pero créeme, lo
encontré. Uno grande y gordo.
Definitivamente nunca habia pasado antes, pensó Thomas.
—Encontraste un Griever muerto —repitió Alby.
—Sí, Alby —dijo Minho, sus palabras llenas de fastidio—. Un par de millas lejos de
aquí, cerca del Acantilado.
Alby miró al Laberinto, y luego a Minho. —Bueno… ¿por qué no lo trajiste de
regreso contigo?
Minho se rió de nuevo, mitad gruñido, mitad risitas. —Has estado bebiendo la salsa
de Frypan? Esas cosas deben pesar media tonelada, chico. Además, no tocaría uno
de esos ni porque me dieras un boleto de salida de este lugar.
Alby continuó preguntando. —¿Cómo se veía? ¿Había púas de metal dentro o fuera
de su cuerpo? ¿Se movió en absoluto? ¿Su piel seguía húmeda?
Thomas estaba a reventar con preguntas, .Puas de metal? .Piel humeda? ¿Qué
demonios? pero se contuvo, no queriendo recordarles que él estaba allí. Y que tal
vez ellos deberían hablar en privado.
—Detente, hombre —dijo Minho—. Tienes que verlo por ti mismo. Es… extraño.
—¿Extraño? —Alby lucía confundido.
—Amigo, estoy cansado, hambriento, e insolado. Pero si quieres capturarlo ahora
mismo, podríamos ir allí y regresar antes de que las paredes de cierren.
Alby miró su reloj. —Mejor esperamos al despertar mañana.
—Es lo más inteligente que has dicho en una semana. —Minho se enderezó
apoyándose en la pared, palmeó el brazo de Alby, y luego empezó a caminar hacia
el Homestead con una ligera cojera. Habló por encima de su hombro mientras
arrastraba sus pies, parecía como si su cuerpo completo estuviera sufriendo—.Debería regresar allí fuera, pero al demonio. Voy a comer algo del asqueroso guiso
de Frypan.
Thomas sintió una oleada de decepción. Tenía que admitir que Minho si parecía
merecer un descanso y una comida, pero él quería aprender más.
Entonces Alby volteó hacia Thomas, sorprendiéndolo. —Si sabes algo y no me lo
estás diciendo…
Thomas estaba harto de ser acusado de saber cosas. ¿No era ese el problema desde
un principio? Él no sabía nada. Miró al chico directo a la cara y simplemente le
preguntó, —¿Por qué me odias tanto?
La mirada que pasó por el rostro de Alby era indescriptible, parte confusión, parte
rabia, parte shock. —¿Odiarte? Chico, no has aprendido nada desde que apareciste
en esa Caja. Esto no tiene nada que ver con odio o con gustar o con amor o con
cualquier cosa por el estilo. Todo lo que nos importa es sobrevivir. Deja a un lado tu
lado marica y empieza a utilizar ese cerebro shuck tuyo si es que lo tienes.
Thomas se sintió como si lo hubiesen abofeteado. —Pero… ¿por qué sigues
acusándome de…
—¡Porque no puede ser una coincidencia, slinthead! Apareces aquí, luego nos traes
a esa chica nueva al día siguiente, una nota loca, Ben tratando de morderte,
Grievers muertos. Algo está pasando y no voy a descansar hasta averiguarlo.
—No sé nada, Alby —Se sintió bien ponerle algo de emoción a sus palabras—. Ni
siquiera sé donde estaba hace tres días, mucho menos porque este tipo llamado
Minho encontraría una cosa muerta llamada Griever. ¡Así que para de una vez!
Alby se inclinó un poco hacia atras, miró ausentemente a Thomas por varios
segundos. Luego dijo, —Detente, Greenie. Madura y empieza a pensar. No tiene
nada que ver con acusar a nadie. Pero si recuerdas algo, si algo siquiera te parece
familiar, más te vale empezar a hablar. Prométemelo.
No, hasta que tenga una memoria estable, pensó Thomas. No, a menos que quiera
compartir.
—Sí, supongo, pero…
—¡Sólo promételo!
Thomas hizo una pausa, harto de Alby y de su temperamento. —Como sea —dijo
finalmente—. Lo prometo.
Y entonces Alby se volteó y se alejó, sin decir una palabra más.
Thomas encontró un árbol en el Deadheads, uno de los mejores al borde delbosque, con mucha sombra. Tenía pavor de regresar a trabajar con Winston el
Carnicero, y sabía que tenía que almorzar, pero no quería estar cerca de alguien por
tanto tiempo como pudiera.
Recostándose sobre el grueso tronco, deseó una brisa pero no la obtuvo.
Sólo sintió sus párpados cerrarse cuando Chuck arruinó su paz y tranquilidad.
—¡Thomas! ¡Thomas! —chilló el chico mientras corría hacia él, agitando sus brazos,
con su rostro iluminado por el entusiasmo.
Thomas frotó sus ojos y gimió; no quería nada más en el mundo que una siesta de
media hora. No fue hasta que Chuck se detuvo justo frente a él, jadeando para
recuperar el aliento, que él finalmente lo miró. —¿Qué?
Las palabras poco a poco salieron de Chuck, entre jadeos para respirar. —Ben…
Ben… él no está… muerto.
Todos los signos de fatiga se catapultaron fuera del cuerpo de Thomas. Saltó para
ponerse de pie a la misma altura que Chuck. —¿Qué?
—Él no… está muerto. Los Baggers fueron a buscarlo… la flecha no dio en su
cerebro… Med-jacks lo sanaron.
Thomas se volteó a mirar el bosque donde el chico enfermo lo había atacado la
noche anterior. —Debes estar bromeando. Yo lo vi… —¿Él no estaba muerto?
Thomas no sabía que sentía más fuertemente: confusión, alivio, miedo de que sería
atacado de nuevo…
—Bueno, también yo —dijo Chuck—. Está encerrado en el Slammer, con un
inmenso vendaje cubriendo la mitad de su cabeza.
Thomas giró para ver a Chuck de nuevo. —¿El Slammer? ¿A qué te refieres?
—El Slammer. Es nuestra prisión en la parte norte del Homestead. —Chuck
apuntó en esa dirección—. Ellos lo arrojaron allí tan rápido que los Med-jacks
tuvieron que curarlo allí arriba.
Thomas frotó sus ojos. Culpa lo consumió cuando se dio cuenta cómo se sentía, en
realidad había estado aliviado de que Ben estuviera muerto, de que no tenía que
preocuparse por enfrentarlo de nuevo. —Así que, ¿qué van a hacer con él?
—Ya los Guardianes se reunieron esta mañana y tomaron una decisión unánime,
por lo que parece. Después de todo, parece que Ben deseará que esa flecha hubiese
encontrado un hogar dentro de ese cerebro shuck suyo.
Thomas entrecerró los ojos, confundido por lo que Chuck le había dicho. —¿De qué
estás hablando?—Él va a ser Desterrado. Esta noche, por haber intentado matarte.
—¿Desterrado? ¿Qué significa eso? —Thomas tenía que preguntar, aunque sabía
que no debía de ser bueno si Chuck pensaba que era peor que estar muerto.
Y entonces Thomas vio la cosa más perturbadora desde que había llegado al Claro.
Chuck no respondió, sólo sonrió. Sonrió, a pesar todo, a pesar de lo siniestro de lo
que acababa de anunciar. Entonces, él se volteó y corrió, tal vez para decirle a
alguien más las emocionantes noticias.
Esa noche, Newt y Alby reunieron a cada habitante del Claro en la puerta Este, cerca
de media hora antes de que cerrara, los primeros vestigios de la penumbra
crepuscular arrastrándose por el cielo.
Los Corredores habían regresado y entraron en la misteriosa Sala del Mapa,
cerrando con gran estrépito la puerta de hierro; Minho había ido allí más temprano.
Alby les dijo a los Corredores que se dieran prisa con sus asuntos, los quería de
vuelta en veinte minutos.
A Thomas todavía le molestaba como Chuck había sonreído cuando le contó las
noticias acerca del Destierro de Ben. A pesar de no saber exactamente qué
significaba, definitivamente no parecía algo bueno. Especialmente porque todos
estaban de pie tan cerca del Laberinto. ¿Lo van a dejar allí afuera? Se preguntó.
¿Con los Grievers?
Los otros habitantes del Claro murmuraban sus conversaciones en voz baja, una
intensa sensación de horrible anticipación rosando sobre ellos como una nube de
espesa niebla. Pero Thomas no dijo nada, parado con los brazos cruzados,
esperando por el show. Se mantuvo de pie en silencio hasta que por fin Los
Corredores salieron de su edificio, todos ellos luciendo agotados, sus rostros
ceñudos debido a profundas reflexiones.
Minho había sido el primero en salir, lo que hizo que Thomas se preguntara si él era
El Guardián de Los Corredores.
—¡Tráiganlo fuera! —gritó Alby, sacando a Thomas de sus pensamientos.
Sus brazos cayeron mientras volteaba, buscando en El Claro alguna señal de Ben, el
miedo creciendo en su interior mientras se preguntaba que haría el chico cuando lo
viera.
Desde el lado más alejado del Homestead, tres de los chicos más grandes
aparecieron, literalmente arrastrando a Ben por la tierra. Sus ropas estaban
destrozadas, apenas sujetándose; un sangriento, grueso vendaje cubría la mitad desu cabeza y rostro. Rehusándose a apoyar sus pies o a ayudar en la marcha de
alguna manera, parecía tan muerto como la última vez que Thomas lo había visto.
Excepto por una cosa.
Sus ojos estaban abiertos, y estaban llenos de terror.
—Newt —dijo Alby en una voz más clamada; Thomas no lo habría escuchado si no
hubiese estado parado sólo a unos pocos metros de distancia—. Trae el Palo.
Newt asintió, ya caminando hacia una pequeña herramienta que Sed usaba para los
Jardines.
Thomas devolvió su atención a Ben y a los guardias. El pálido y miserable chico
todavía no hacía ningún esfuerzo por resistirse, dejando que lo arrastraran a través
de la polvorosa piedra del patio. Cuando alcanzaron a la multitud, ellos pusieron a
Ben sobre sus pies frente a Alby, su líder, donde Ben bajó la cabeza, rehusándose a
hacer contacto visual con nadie.
—Esto te lo buscaste tú solo, Ben, —dijo Alby. Luego sacudió su cabeza y miró hacia
el cobertizo donde Newt había ido.
Thomas siguió su mirada justo a tiempo para ver a Newt caminar a través de la
puerta inclinada. Estaba sosteniendo varios palos de aluminio, conectándolos por
los extremos para hacer un eje de tal vez veinte pies de largo.
Cuando hubo terminado, él agarró algo de forma extraña en uno de los extremos y
arrastró la cosa entera hasta el grupo. Un escalofrío recorrió la espalda de Thomas
debido al roce del palo de metal en el suelo de piedra mientras Newt caminaba.
Thomas estaba horrorizado por todo el asunto, no podía evitar sentirse
responsable, aun cuando él no había hecho nada para provocar a Ben.
¿Cómo podría ser algo de esto culpa suya? Ninguna respuesta llegó a él, pero sintió
la culpa de igual manera, como una enfermedad en su sangre.
Finalmente, Newt se acercó a Alby y le entregó el extremo del palo que estaba
sosteniendo. Ahora Thomas podía ver el extraño anexo. Un lazo de duro cuero,
amarrado al metal con una grapa masiva. El chasquido de un gran botón reveló que
el lazo podía abrirse y cerrarse, y el propósito de eso se hizo obvio.
Era un collar.Capítulo 14
Thomas observó mientras Alby desabotonaba el collar, después lo envolvió
alrededor del cuello de Ben; finalmente Ben miró hacia arriba mientras el lazo de
cuero se cerraba con un sonoro chasquido. Lágrimas reluciendo en sus ojos; moco
goteaba de su nariz. Los habitantes del Claro lo miraron, ni una sola palabra salió de
ellos.
—Por favor, Alby —rogó Ben, su temblorosa voz tan patética que Thomas no podía
creer que este era el mismo chico que trató de arrancarle la garganta el día
anterior—. Juro que sólo estaba mal de la cabeza por el Cambio. Nunca lo hubiese
matado… sólo perdí la cabeza por un segundo. Por favor, Alby, por favor.
Cada palabra del chico era como un puño golpeando a Thomas en las tripas,
haciéndolo sentir más culpable y confundido.
Alby no le respondió a Ben; haló el collar para asegurarse de que estaba tanto
firmemente cerrado como sólidamente atado al gran palo. Caminó dejando a Ben
atrás y a lo largo del palo, levantándolo de la tierra mientras pasaba su largo a
través de su palma y sus dedos. Cuando llegó la final, lo agarró apretadamente y
volteó para enfrentar a la multitud. Sus ojos inyectados con sangre, su rostro
arrugado por la ira, respirando dificultosamente, para Thomas, repentinamente
lucía malvado.
Y era una extraña visión de ese otro lado: Ben, temblando, llorando, con un collar
de cuero viejo mal cortado amarrado alrededor de su pálido y escuálido cuello,
atado a un largo palo que se extendía desde él hasta Alby, a veinte pies de distancia.
El eje de aluminio se dobló en la mitad, pero sólo un poco. Incluso desde donde
Thomas estaba parado, lucía sorprendentemente resistente.
Alby habló en una fuerte, casi ceremoniosa voz, mirando a nadie y a todos al mismo
tiempo. —Ben de los Constructores, has sido sentenciado al Destierro por el intento
de asesinato a Thomas, el nuevo. Los Guardianes han hablado, y su palabra no
cambiará. Y tú no regresarás. Jamás. —Una larga pausa—. Guardianes, tomen sus
posiciones en el Palo del Destierro.
Thomas odió que su conexión con Ben estaba siendo publicada, odiaba la
responsabilidad que sentía.Ser el centro de atención de nuevo, sólo podría traer más sospechas con respecto a
él. Su culpa se transformó en ira y censura. Más que nada, sólo quería a Ben fuera,
quería que todo terminara.
Uno por uno, chicos salían de la multitud y caminaban hacia el largo palo; lo
sujetaron con ambas manos, agarrándolo como si se estuviesen preparando para
una competencia de tira y jala. Newt era uno de ellos, tal como Minho, confirmando
las sospechas de Thomas de que él era el Guardián de los Corredores.
Winston, el Carnicero, también tomó su posición.
Una vez que todos estaban en sus lugares —diez Guardianes colocados igualmente
separados entre Alby y Ben— el ambiente se volvió quieto y silencioso. Los únicos
sonidos eran los ahogados sollozos de Ben, quien seguía limpiándose la nariz y los
ojos.
Él estaba mirando de derecha a izquierda, porque el collar alrededor de su cuello le
impedía mirar el palo y a los Guardianes detrás suyo.
Los sentimientos de Thomas cambiaron nuevamente. Obviamente algo estaba mal
con Ben. ¿Por qué se merecía este destino? ¿No podía hacerse nada por él?
¿Pasaría Thomas el resto de sus vidas sintiéndose responsable? Solo termina, gritó
en su cabeza. !Simplemente acaba!
—Por favor —dijo Ben, su voz aumentando por la desesperación—. ¡Por
favooooooooooooooor! Alguien, ¡ayúdeme! ¡No pueden hacerme esto!
—¡Cállate! —Rugió Alby desde atrás.
Pero Ben lo ignoró, rogando por ayuda mientras empezaba a halar el collar de cuero
alrededor de su cuello. —¡Que alguien los detenga! ¡Ayúdenme! ¡Por favor! —Miró
de chico a chico, rogando con sus ojos. Sin falla, cada uno apartó la mirada. Thomas
rápidamente se puso detrás de un chico más alto para evitar su propia
confrontación con Ben.
No puedo mirar esos ojos de nuevo, pensó.
—Si dejamos que shanks como tú escapen de esto —dijo Alby—, nunca habríamos
sobrevivido por tanto tiempo. Guardianes, prepárense.
—No, no, no, no, no —decía Ben, en voz muy baja—. ¡Juro que haré lo que sea!
¡Juro que no lo haré de nuevo! ¡Por faaaaaaavvoo…
Su agudo chillido fue interrumpido por el retumbante sonido de la Puerta Este
siendo cerrada. Chispas salieron de la roca mientras la masiva pared derecha era
deslizada hacia la izquierda, sonando como una tormenta mientras hacia sutrayectoria para cerrar El Claro del Laberinto durante la noche. La tierra se sacudió
bajo ellos, y Thomas no sabía si iba a poder observar lo que sabía que pasaría
después.
—Guardianes, ¡ahora! —gritó Alby.
La cabeza de Ben se echó hacia atrás mientras era tirado hacia adelante, los
Guardianes empujaban el palo hacia El Laberinto, fuera del Claro. Un sollozo
estrangulado salió de la garganta de Ben, más ruidoso que los sonidos de la puerta
cerrándose. Cayó sobre sus rodillas, sólo para ser levantado por el Guardián en el
frente, un grueso tipo con cabello negro y un gruñido en su rostro.
—¡Nooooooooooo! —gritó Ben, saliva volando desde su boca mientras luchaba,
halando el collar con sus manos. Pero la fuerza combinada de los Guardianes era
demasiada, forzando al chico condenado acercarse cada vez más cerca al borde del
Claro, justo mientras la puerta derecha estaba casi allí—. ¡Nooooo! —gritó una y
otra vez.
Él trató de clavar sus pies en el umbral, pero sólo duró por medio segundo: el palo
lo envió al Laberinto con una sacudida. Rápidamente, estaba cuatro pies completos
fuera del Claro, sacudiendo su cuerpo de un lado a otro mientras trataba de escapar
del collar. Las paredes de la Puerta estaban a tan sólo segundos de sellarse.
Con un último esfuerzo violento, Ben finalmente fue capaz de girar su cuello en el
lazo de cuero, para que su cuerpo completo quedara mirando de frente a los
Habitantes del Claro. Thomas no podía creer que todavía estaba mirando a un ser
humano, la locura en los ojos de Ben, la flema saliendo de su boca, la pálida piel
estirada tensamente sobre sus venas y huesos. Lucía más como un alien que como
cualquier otra cosa que Thomas pudiese imaginar.
—¡Sujétenlo! —gritó Alby.
Entonces Ben gritó, sin pausa, un sonido tan desgarrador que Thomas cubrió sus
oídos. Era un brutal y lunático llanto, que seguramente rasgaba en trozos las
cuerdas vocales del chico. En el último segundo, el Guardián del frente de alguna
manera aflojó el largo palo de la pieza atada a Ben y lo haló de regreso al Claro,
dejando al chico en su Destierro. El grito final de Ben fue interrumpido cuando las
paredes se cerraron con un terrible ‘boom’.
Thomas cerró sus ojos fuertemente y se sorprendió de sentir lágrimas goteando por
sus mejillas.
Capítulo 15
Para la segunda noche consecutiva, Thomas se fue a la cama con la imagen del
rostro atormentado de Ben quemando en su mente, atormentándolo. ¿Cómo serían
las cosas ahora mismo, si no fuera por ese solo chico? Thomas casi podía
convencerse de que estaría completamente feliz, feliz y emocionado de aprender su
nueva vida, el objetivo de su meta de ser un Corredor. Casi. En el fondo sabía que
Ben era sólo una parte de sus muchos problemas.
Pero ahora él se había ido, Desterrado al mundo de los Grievers, llevado a donde
quiera que llevaban a sus presa, víctima de lo que allí se hacía. Aunque habían
muchas razones para despreciar a Ben, el sobre todo sentía pena por él.
Thomas no podía imaginarse saliendo de esa manera, pero en base a los últimos
momentos psicóticos de Ben, Golpeando y escupiendo y gritando, ya no dudaba de
la importancia de la normas en El Claro, nadie debe entrar en el laberinto, salvo, los
Corredores y sólo durante el día. De alguna manera, Ben ya había sido picado una
vez, lo que significaba que sabía mejor que nadie tal vez exactamente lo que había
en el almacén para él.
Ese pobre chico, pensó. Ese pobre pobre chico.
Thomas se estremeció y se volcó sobre su lado. Cuanto más pensaba en ello, el ser
un Corredor, parecía menos una gran idea. Pero, inexplicablemente, todavía lo
llamaba.
A la mañana siguiente, el amanecer apenas había tocado el cielo antes de que el
trabajo de los sonidos del Claro despertara a Thomas del profundo sueño desde que
había llegado. Se incorporó, frotándose los ojos, tratando de sacudirse el
aturdimiento pesado. Dándose por vencido, se recostó, esperando que nadie le
molestara.
No duró un minuto.
Alguien tocó su hombro y él abrió los ojos para ver a Newt con la vista fija en él.
.Ahora que? pensó.
—Levántate, tu tirado.
—Sí, buenos días a ti, también. ¿Qué hora es?
—Siete en punto, Greenie —dijo Newt con una sonrisa burlona—. Calculé que debía
dejarte dormir un poco después de un par de días difíciles.Thomas estaba enrollado en una posición sentada, odiando que no sólo podría estar
allí por otras pocas horas. —¿Dormir? ¿Qué son ustedes, un grupo de granjeros? —
granjeros, ¿cómo el recordaba tanto acerca de ellos? Una vez más, su memoria
estaba borrada con desconcierto.
—Eh... sí, ahora que lo mencionas. —Newt se dejó caer al lado de Thomas y cruzó
las piernas. Se sentó en silencio durante unos momentos, mirando a todos
empezando a agitarse con el ajetreo en todo el Claro—. Voy a ponerte con los
Track-hoes hoy, Greenie. A ver si eso se adapta a tu fantasía, más que rebanar
cerditos sangrientos y esas cosas.
Thomas estaba enfermo de ser tratado como un bebé. —¿No se supone que ya no
debes llamarme así?
—¿Cómo, cerdito sangriento?
Thomas se obligó a reír y sacudió la cabeza. —No, Greenie. No soy realmente el más
nuevo Newbie, ¿verdad? La chica en coma lo es. Llámala a ella Greenie, mi nombre
es Thomas. —Pensamientos de la chica se estrellaron alrededor de su mente, le hizo
recordar la conexión que sentía. Una tristeza se apoderó de él, como si la echara de
menos, quería verla. Eso no tiene sentido, pensó. Yo ni siquiera se su nombre.
Newt se echó hacia atrás, arqueando las cejas. —Quémame, te crecieron unos
huevos de buen tamaño en la noche, ¿verdad?
Thomas no le hizo caso y siguió adelante. —¿Qué es un Track-hoe?
—Es como llamamos a los chicos trabajando su trasero afuera en los jardines,
labrando, desyerbando, sembrando y tal.
Thomas asintió con la cabeza en esa dirección. —¿Quién es el guardián?
—Zart. Buen tipo, siempre y cuando no descuides el trabajo, eso es. Él es el tipo
grande que estaba parado en frente, en la noche pasada.
Thomas no dijo nada de eso, con la esperanza de que de alguna manera pudiera
pasar todo el día sin hablar de Ben y el Destierro. El sujeto sólo lo ponía enfermo y
culpable, por lo que se trasladó a otra cosa. —Así que ¿por qué vienes a
despertarme?
—¿Qué, no te gusta que la primera cosa que veas sea mi cara cuando despiertas ?
—No especialmente. Así que… —Pero antes de que pudiera terminar la frase el
estruendo de las paredes abriéndose para el día lo interrumpió. Miró hacia la
puerta de Oriente, casi esperando ver de pie a Ben, ahí al otro lado. En su lugar, vio
a Minho, estirándose. Entonces Thomas, vio como mientras caminaba recogía algo.Era la sección de la barra con el collar de cuero atado a él. Minho parecía no pensar
en nada de eso, arrojándolo a uno de los otros corredores, que se fue y lo puso de
nuevo en el cobertizo de herramientas cerca de los Jardines.
Thomas se volvió a Newt, confundido. ¿Cómo puede Minho actuar tan indiferente a
todo? —Que car…
—Sólo he visto tres Destierros, Tommy. Todos tan desagradables como el que se
asomó en la noche pasada. Pero molesta vez, los Grievers dejan el collar en nuestra
puerta. Me para los pelos de punta como nada más.
Thomas tuvo que aceptar. —¿Qué hacen con la gente cuando las capturan? —¿De
verdad quería saber?
Newt se encogió de hombros, su indiferencia no muy convincente. Lo más probable
es que no quería hablar al respecto.
—Cuéntame de los corredores —dijo Thomas de repente. Las palabras parecían
salirle de ninguna parte. Pero él permaneció inmóvil, a pesar de su impulso extraño
de pedir perdón y cambiar de tema, él Quería saber todo acerca de ellos. Incluso
después de lo que había visto la noche anterior, incluso después de ser testigo del
Griever lanzándose a la ventana, quería saber. El tirón por saber era fuerte, y él no
comprendía por qué. Sentía que Convertirse en un Corredor era algo para lo que él
había nacido.
Newt se había detenido, mirando confundido. —¿Los corredores? ¿Por qué?
—Sólo me preguntaba.
Newt le dirigió una mirada sospechosa. —Lo mejor de lo mejor, esos tipos. Tienen
que serlo. Todo depende de ellos. —Cogió una piedra suelta y la arrojó, mirando
distraídamente al rebotar en una parada.
—¿Por qué no eres uno?
Newt volvió la mirada a Thomas, bruscamente. —Lo fui hasta que me dañe mi
pierna hace unos meses. No ha sido la misma desde entonces. —Él se agachó y se
frotó el tobillo derecho ausente, con una mirada breve de dolor intermitente en su
rostro. La mirada hizo a Thomas creer que era más que la memoria, no un dolor
físico real que aún sentía.
—¿Cómo lo haces? —preguntó Thomas, pensando en cómo él podría conseguir que
Newt hablara mas, para aprender.
—Corriendo de los molestos Grievers, ¿qué más? Casi me tienes. —Hizo una
pausa—. Todavía me da escalofríos pensar lo que me podría haber pasado por elCambio.
El Cambio. Era el tema que Thomas creía que podría conducirlo a las respuestas más
que cualquier otra cosa. —¿Qué es eso, de todos modos? ¿Qué cambia? ¿Todo el
mundo se pone como Ben, locos y empiezan a tratar de matar a la gente?
—Ben fue mucho peor que la mayoría. Pero yo creía que querías hablar de los
corredores. —Newt advirtió que el tono de la conversación sobre el Cambio había
terminado.
Esto hizo a Thomas aún más curioso, aunque estaba muy bien volver al tema de Los
Corredores. —Está bien, te escucho.
—Como he dicho, lo mejor de lo mejor.
—Entonces, ¿qué hacen? ¿Prueban a todo el mundo para ver lo rápidos que son?
Newt dio a Thomas una mirada de disgusto, a continuación, se quejó. —
Muéstrame algo de inteligencia, Greenie, Tommy, o como sea que te guste. Qué tan
rápido puedes correr es sólo una parte de ello. Una parte muy pequeña, en
realidad.
Esto despertó el interés de Thomas. —¿Qué quieres decir?
—Cuando digo lo mejor de lo mejor, me refiero a todo. Para sobrevivir al molesto
Laberinto, tienes que ser inteligente, rápido, fuerte. Tienes que ser un tomador de
decisiones, saber la cantidad correcta de riesgo a tomar. No se puede ser
imprudente, no puedes ser tímido, tampoco. —Newt enderezó las piernas y se
recostó en sus manos—. Es horriblemente sangriento allí, ¿sabes? No lo extraño.
—Pensé que los Grievers sólo salían de noche. —Destino o no, Thomas no quería
correr en una de esas cosas.
—Sí, generalmente.
—Entonces, ¿por qué es tan terrible por ahí? —¿Qué otra cosa no sabía él?
Newt suspiró. —Presión. Estrés. El Laberinto tiene diferentes patrones todos los
días, tratando de traer las cosas a tu mente, tratando de sacarnos de ahí.
Preocupados sobre los malditos mapas. La peor parte, es tener siempre miedo y es
posible que no lo logres de regreso. Un Laberinto normal es bastante difícil, pero
cuando cambia cada noche, un par de errores mentales y estás pasando la noche
con viciosas bestias. No hay espacio ni tiempo para los tontos o mocosos. —Thomas
frunció el ceño, sin entender la unidad dentro de él, animándolo. Sobre todo
después de ayer por la noche. Pero él todavía lo sentía. Lo sentía por todas partes.
—¿Por qué todo el interés? —preguntó Newt.Tomás dudó, pensando, con miedo a decirlo en voz alta otra vez. —Quiero ser un
corredor.
Newt dio la vuelta y lo miró a los ojos. —No has estado aquí una semana, shank. Un
Poco temprano para los deseos de muerte, ¿no crees?
—Hablo en serio. —Apenas tenía sentido incluso para Thomas, pero él lo sentía
profundamente. De hecho, el deseo de convertirse en un Corredor era lo único que
en el camino, lo había ayudado a aceptar su situación.
Newt no rompió su mirada. —Yo también, Olvídalo. Nadie ha llegado a ser un
corredor en sus primeros meses, y mucho menos en su primera semana. Tienes un
montón que probar antes de que te recomiende con el Guardián.
Thomas se levantó y empezó a doblar su sueño en engranajes. —Newt, lo digo en
serio. No puedo sacar las malas hierbas todos los días, me volvería loco. No tengo ni
idea de lo que hice antes de que me enviaran aquí, en esa caja de metal, pero mi
instinto me dice que ser un corredor es lo que debo hacer. Yo lo puedo hacer.
Newt seguía sentado allí, mirando a Tomás, sin ofrecer ayuda. —Nadie dijo que no
podías. Pero dale un descanso por ahora.
Thomas sintió un arrebato de impaciencia. —Pero…
—Escucha, confía en mí en esto, Tommy. Iniciar pisando fuerte en torno a este lugar
ladrando sobre cómo eres demasiado bueno para trabajar como un campesino,
cómo estas todo preparado y listo para ser un Corredor… Tú harás un montón de
enemigos. Déjalo por ahora.
Hacer enemigos era la última cosa que quería Thomas, pero aún así. Se decidió por
otra dirección.
—Muy bien, voy a hablar con Minho al respecto.
—Buen intento, tu molesto shank. La Asamblea elige a los corredores, y si crees que
soy fuerte, se reirán en tu cara.
—Para todo lo que ustedes saben, yo podría ser realmente bueno en eso. Es una
pérdida de tiempo hacerme esperar.
Newt se puso de pie para unirse a Thomas y clavó un dedo en su cara. —
Escúchame, Greenie. ¿Tú me oyes todo bien y claro?
Thomas se sorprendió al notar que no se sentía intimidado. Puso los ojos, pero
asintió con la cabeza.
—Será mejor que te dejes de tonterías, antes que otros lo sepan. No es así como
funciona todo aquí, y toda nuestra existencia depende de que las cosas funcionen.Hizo una pausa, pero Thomas no dijo nada, temiendo el sermón que sabía que se
avecinaba.
—Orden —Newt continuó—. Orden. Tu di esa maldita palabra una y otra vez en tu
shuck-head. La razón por la que todos estamos sanos por aquí es porque
trabajamos mucho y mantenemos el orden. Orden, la razón por la que sacamos a
Ben, no pueden haber locos corriendo alrededor tratando de matar a las personas,
ahora ¿verdad? Orden. Lo último que necesitamos es que tú jodas eso.
La terquedad se lavo de Thomas. Sabía que era hora de que se callara. —Sip —fue
todo lo que dijo.
Newt le dio una palmada en la espalda. —Vamos a hacer un trato.
—¿Qué? —Thomas sintió en ascenso sus esperanzas.
—Tú mantienes la boca cerrada sobre ello, y yo te pongo en la lista de participantes
potenciales tan pronto como muestres cierta influencia. Haces trampa y no cierras
la boca, y voy asegurarme de que nunca lo veas suceder. ¿Trato?
Thomas odiaba la idea de esperar, sin saber cuánto tiempo podría ser. —Eso es
un trato apestoso.
Newt enarcó las cejas.
Thomas asintió. —Trato.
—Vamos, consigamos algunos prisioneros de Frypan. Y espero que no te ahogues.
Esa mañana, Thomas conoció finalmente al infame Frypan, aunque sólo fue desde
lejos. El tipo estaba demasiado ocupado tratando de alimentar con el desayuno a
un ejército de Gladers muriendo de hambre. No podía haber tenido más de dieciséis
años, pero tenía una gran barba y el pelo le sobresalía en todo el resto de su
cuerpo, como si cada folículo estaba tratando de escapar de los confines de su ropa
manchada de alimentos. No parecía como el hombre más limpio del mundo para
supervisar toda la cocina, pensó Thomas. Hizo una nota mental para estar atento a
los desagradables pelos negros en sus comidas.
Él y Newt acababan de unirse a Chuck en el desayuno en una mesa de picnic en las
afueras de la Cocina cuando un gran grupo de Gladers se levantaron y corrieron
hacia la puerta Oeste, hablando con entusiasmo sobre algo.
—¿Qué está pasando? —preguntó Thomas, sorprendiéndose a sí mismo la forma en
que lo dijo con indiferencia. Nuevos descubrimientos en El Claro se habían
convertido en una parte de la vida.
Newt se encogió de hombros como él metió su mano en los huevos. —Sólo van amirar a Minho y Alby que van a dar un vistazo al molesto Griever muerto.
—Oye —dijo Chuck. Un pequeño trozo de tocino salió volando de su boca cuando
hablaba—. Tengo una duda sobre eso.
—¿Sí, Chucki? —preguntó Newt, un tanto sarcástico—. ¿Y cuál es tu pregunta
sangrienta?
Chuck parecía absorto en sus pensamientos. —Bueno, se encontraron con un
Griever, muerto ¿verdad?
—Sí —respondió Newt—. Gracias por ese pedacito de las noticias.
Chuck tocó distraídamente el tenedor en la mesa durante unos segundos. —Bueno,
entonces ¿quién mató a la estúpida cosa?
Excelente pregunta, pensó Thomas. Esperó a Newt para contestar, pero no dijo
nada. Él obviamente, no tenía ni idea.