Capítulo 31
Sólo después que Thomas escuchara el rechinido y retumbar de la piedra contra
piedra que anuncia el cierre de las Puertas por el día, Alby se relajó para liberarlo, lo
cual fue una gran sorpresa. El metal de la llave y la cerradura resonó; entonces la
puerta de la celda se abrió de golpe.
—¿No estás muerto, o sí, shank? —preguntó Alby. Él se veía mucho mejor que el día
anterior, Thomas no pudo evitar mirarlo. Su piel había recuperado todo su color, sus
ojos ya no estaban surcados por venas rojas; Parecía que había ganado quince libras
en veinticuatro horas.
Alby se dio cuenta de que lo estaba mirando con ojos desorbitados. —Shuck
it6, chico, ¿Qué estás mirando?
Thomas sacudió su cabeza levemente, sintiendo como si hubiese estado en un
trance. Su mente estaba corriendo, preguntándose qué era lo que Alby recordaba,
que sabía, que podría haber dicho acerca de él. —Que… nada. Es sólo que parece
loco que hayas sanado tan rápido. ¿Estás bien ahora?
Alby flexionó su bíceps derecho. —Nunca he estado mejor. Vamos afuera.
Thomas lo hizo, esperando que sus ojos no estuviesen parpadeando, evidenciando
su preocupación.
Alby cerró la puerta del Slammer con llave, y se volteó a mirarlo de frente. —En
realidad, no es cierto. Me siento como un pedazo de mierda cagado dos veces por
un Griever.
—Sí, así te veías ayer. —Cuando Alby miró, Thomas esperó que estuviese de broma
y rápidamente clarificó—. Pero hoy luces como nuevo. Lo juro.
6 Sería algo similar a Shuck face, un insulto también.
Alby puso las llaves en su bolsillo y se volvió contra la puerta del Slammer. —Así
que, en verdad acerca de esa pequeña conversación que tuvimos ayer.
El corazón de Thomas retumbó. No tenía idea de que esperar de Alby en ese punto.
—Uh… Sí, recuerdo.
—Vi lo que vi, Greenie. Está un poco difuso, pero nunca lo voy a olvidar. Fue
terrible. Traté de hablar, algo comenzó a asfixiarme. Ahora las imágenes vienen y sevan, como si ese mismo ‘algo’ no quisiese que yo recuerde.
La escena del día anterior apareció un momento en la mente de Thomas. Alby
golpeando, tratando de estrangularse a sí mismo, Thomas no hubiese creído lo que
había pasado si no lo hubiese visto por sí mismo. A pesar del miedo a una respuesta
él sabía que tenía que hacer la siguiente pregunta. —¿Qué pasaba conmigo? tú te
mantuviste mirándome. ¿Qué estaba haciendo?
Alby miró al espacio vacío a la distancia por un momento antes de responder. —Tú
estabas con los... Creadores. Ayudándolos. Pero no fue eso lo que me sacudió.
Thomas sintió como si alguien acabara de enterrarle el puño en el estómago.
¿Ayudándolos? No podía encontrar las palabras para preguntar qué era lo que eso
significaba.
Alby continuó. —Espero que el Cambio no nos dé recuerdos reales, sólo implante
unos falsos. Algunos sospechan eso, yo sólo puedo desearlo. Si el mundo es de la
manera que lo veo… —Su voz se perdió, dejándolos en un ominoso silencio.
Thomas estaba confundido, pero presionó. —¿Puedes decirme qué viste de mí?
Alby sacudió su cabeza. —De ninguna manera, shank. No voy a arriesgarme a
estrangularme a mí mismo otra vez. Puede haber algo que ellos han puesto en
nuestros cerebros para controlarnos, como el lavado de cerebro.
—Bien, si soy malvado, Tal vez deberías dejarme encerrado. —Thomas medio
esperaba eso.
—Greenie, no eres malvado. Tal vez seas un shuck-face slinthead, pero no eres
malo. —Alby mostró el más pequeño atisbo de sonrisa, un gesto raro en su cara
generalmente seria. Lo que hiciste, arriesgando tu trasero para salvarme a mí y a
Minho, eso es lo menos malo que he escuchado en mi vida. Nah, sólo me hace
pensar que el Suero del Dolor y el Cambio acarrearon algo sospechoso acerca de
ellos. Por tu bien y el mío espero eso.
Thomas estaba tan aliviado que Alby pensó que estaba bien, él sólo había
escuchado la mitad de lo que el chico mayor había dicho. —¿Que tan malo era? Tus
recuerdos que volvieron.
—Recuerdo cosas de cuando crecía, dónde vivía, en una especie de desorden. Y si
Dios en persona bajara ahora mismo y me dijera que puedo volver a casa… —Alby
miró al piso y sacudió su cabeza de nuevo—. Si fuera real, Greenie, juro que iría a
vivir con los Griever antes que volver.
Thomas estaba sorprendido de escuchar que era tan malo. Había esperado que Albyle diera detalles, describiera algo, lo que fuera. Pero sabía que la asfixia estaba
demasiado fresca en la mente de Alby como para ceder. —Bueno, tal vez no es
real. Tal vez el Suero del Dolor es una especie de droga sicótica que te hace alucinar.
—Thomas sabía que estaba tomando un clavo ardiendo.
Alby pensó por un minuto. —Una droga… alucinaciones… —Entonces sacudió su
cabeza—. Lo dudo.
Había valido la pena intentarlo. —Aún tenemos que escapar de este lugar.
—Sí, gracias Greenie, —dijo Alby sarcásticamente—. No sé que hubiésemos hecho
sin tus dinámicas charlas. —De nuevo con una media sonrisa.
El cambio de humor de Alby quitó a Thomas su pesimismo. —Deja de llamarme
Grennie. La chica es la Greenie ahora.
—Está bien, Greenie. —Alby suspiró, claramente dando por terminada la
conversación—. Ve a buscar algo para cenar. Tu terrible sentencia a prisión por un
día ya terminó.
—Uno fue suficiente —A pesar de querer respuestas, Thomas estaba listo para irse
del Slammer. Además, estaba hambriento. Le sonrió a Alby, entonces se dirigió
directamente a la cocina y la comida.
La cena fue increíble.
Frypan había sabido que Thomas podría llegar tarde, así que le había guardado un
plato lleno de carne asada y patatas; y una nota anunciando que había galletas en la
despensa. El cocinero parecía decidido a respaldar la confianza que había mostrado
a Thomas en la Reunión. Minho se unió Thomas mientras comía, preparándolo un
poco antes de su primer gran día de entrenamiento de Corredor, dándole unas
pocas estadísticas y hechos interesantes. Cosas para que pensara cuando se fuera a
dormir esa noche.
Cuando terminaron, Thomas se dirigió de vuelta al solitario lugar dónde había
dormido la noche anterior, en la esquina junto a Deadheads. Pensó en esa
conversación con Chuck, Preguntándose cómo se sentiría tener padres que te den
las buenas noches.
Varios chicos remolineaban por el Claro esa noche, pero la mayor parte estaba
tranquila, como todo el mundo, sólo querían ir a dormir al final del día y darlo por
terminado. Thomas no se quejaba, eso era exactamente lo que necesitaba.
Las mantas que alguien le había dejado la noche anterior aún estaban ahí. Él se las
llevó y se acomodó, acurrucándose contra la confortante esquina dónde la murallade piedra se encontraba con una masa de suave hiedra. Los olores mezclados del
bosque lo saludaron cuando tomó su primer respiro, tratando de relajarse. El aire se
sentía perfecto, y lo hacía preguntarse otra vez acerca del clima en este lugar.
Nunca llovía, nunca nevaba, nunca hacía demasiado frío ni demasiado calor. Si no
fuese por el pequeño hecho de que eran apartados bruscamente de sus amigos y
familiares y atrapados en el Laberinto con un puñado de monstruos, podría ser un
paraíso.
Algunas cosas aquí eran demasiado perfectas. Él lo sabía, pero no había explicación.
Sus pensamientos giraron hacia lo que Minho le había dicho acerca del tamaño y la
extensión del laberinto. Él le creía. Se había dado cuenta de su masiva extensión
cuando había estado en el Acantilado. Pero sólo no se explicaba como una
estructura como esa había sido construida. El laberinto serpenteaba por millas y
millas. Los corredores tenían que tener un estado físico casi súper-humano para
hacer lo que hacían cada día.
Y aún así ellos nunca encontraban una salida. Y a pesar de ello, a pesar de la
absoluta desesperanza de la situación, no se daban por vencidos.
En la cena Minho le había contado una vieja historia, una de las extrañas y fortuitas
cosas que recordaba de antes, sobre una mujer atrapada en un laberinto. Ella
escapó no sacando nunca la mano derecha del laberinto, deslizándola a todo lo
largo del camino. Haciendo eso, ella se vía obligada a doblar a la derecha en cada
giro, y las simples leyes de la física y geometría se aseguraron de que encontrara la
salida. Tenía sentido.
Pero no aquí. Aquí, todos los caminos conducían de vuelta al Claro. Ellos tenían que
estarse perdiendo algo.
Mañana, su entrenamiento comenzaría. Mañana, podría comenzar a ayudarlos a
encontrar ese algo perdido. Entonces Thomas tomó una decisión. Olvidar todas las
cosas raras. Olvidar todas las cosas malas. Olvidarlo todo. Él no podría dejarlo hasta
haber resuelto el puzzle y encontrado un camino a casa.
Manana.
La palabra flotó en su mente hasta que finalmente se durmió.Capítulo 32
Minho despertó a Thomas antes del amanecer, haciéndole señas con una linterna
para guiarlo de regreso al Homestead. Thomas fácilmente se desprendió de su
aturdimiento mañanero, emocionado por empezar su entrenamiento.
Se arrastró de debajo de su manta y siguió ansiosamente a su profesor,
zigzagueando entre la multitud de Habitantes del Claro que dormían en el césped,
sus ronquidos eran la única señal de que no estaban muertos. El más ligero
resplandor de la mañana iluminaba El Claro, convirtiendo todo en azul oscuro y con
sombras. Thomas jamás había visto el lugar tan pacifico. Un gallo cantó en el Blood
House.
Finalmente, en una grieta torcida cerca de una esquina trasera del Homestead,
Minho sacó una llave y abrió una desgastada puerta que llevaba a un pequeño
armario de almacenamiento. Thomas sintió un estremecimiento de anticipación,
preguntándose qué habría dentro. Vio retazos de cuerdas, cadenas y otras cosas
extrañas mientras Minho pasaba la linterna por el armario. Por fin, la pasó por una
caja abierta llena de zapatos para correr. Thomas casi se rió, parecía tan normal.
—Eso allí es el suministro número uno que recibimos —anunció Minho—. Por lo
menos para nosotros. Envían zapatos nuevos en La Caja de vez en cuando. Si
tuviésemos malos zapatos, tendríamos pies que se parecían endemoniadamente a
Marte. —Se inclinó y hurgó en el montón—. ¿Qué talla usas?
—¿Talla? —Thomas pensó por un segundo—. Yo… no lo sé. —Algunas veces era
muy extraño lo que él podía o no recordar. Se agachó, se sacó un zapato que había
estado usando desde que había llegado al Claro y miró dentro—. Talla once7.
—Demonios, shank, tienes pies grandes. —Minho se levantó sosteniendo un par de
zapatos plateado liso—. Pero parece que tengo algunos, hombre, podríamos ir en
canoa en estas cosas.
7 44 o 45 en Europa.
—Esos son lujosos. —Thomas los sujetó y caminó fuera del armario para sentarse
en la tierra, ansioso por probárselos. Minho agarró unas cuantas cosas más antes de
salir a acompañarlo.—Sólo los Corredores y los Guardianes tienen estos —dijo Minho. Antes que
Thomas pudiera subir la mirada de sus zapatos, un reloj de muñeca de plástico cayó
en su regazo. Era negro y muy simple, su pantalla mostrando la hora digitalmente—.
Póntelo y nunca te lo quites. Tu vida tal vez dependa de eso.
Thomas estaba encantado de tenerlo. Aunque el sol y las sombras le habían servido
mucho para hacerle saber aproximadamente la hora que era hasta ese momento,
probablemente ser un corredor requería de más precisión. Abrochó el reloj en su
muñeca y continuó probándose los zapatos.
Minho siguió hablando. —Aquí tienes una mochila, botellas de agua, una lonchera,
algunos shorts y camisetas, y otras cosas. —Él le dio un codazo a Thomas, quien
subió la mirada. Minho estaba sosteniendo un par de ropa de interior
estrechamente cortada, hecha de un material blanco brillante—. Estos chicos malos
son lo que nosotros llamamos Corre-riores8. Te mantienen, um, tibio y cómodo.
—¿Tibio y cómodo?
—Sí, tú sabes. Tus…
—Sí, ya entendí. —Thomas agarró la ropa interior y otras cosas—. Ustedes chicos
tienen todo esto planeado, ¿no?
—Un par de años de romperse el trasero corriendo todos los días, te sirve para
saber qué es lo que necesitas y pedirlo.
Comenzó a rellenar su propia mochila con cosas.
Thomas estaba sorprendido. —Te refieres a que, ¿puedes hacer peticiones? ¿Las
municiones que quieras? —¿Por qué la gente que los había enviando allí los
ayudarían tanto?
8 En inglés runnie-undies.
—Por supuesto que podemos. Sólo deja una nota en La Caja, y está listo. No
significa que siempre obtenemos lo que queremos de Los Creadores. Algunas veces
sí, otras no.
—¿Alguna vez pidieron un mapa?
Minho se rió. —Sí, lo intentamos. También pedimos un televisor, pero no tuvimos
suerte. Supongo que esos shuck-faces no quieren que veamos que grandiosa es la
vida cuando no vives en un endemoniado laberinto.
Thomas tuvo leve dudas sobre si la vida era tan grandiosa de regreso en casa. ¿Qué
tipo de mundo permitía a las personas hacer a sus niños vivir así? El pensamiento losorprendió, como si su fuente hubiese sido memoria real, un destello de luz en la
oscuridad de su mente. Pero ya había desaparecido. Sacudiendo la cabeza, terminó
de amarrar sus zapatos, luego se levantó y trotó en círculos, saltando para
probarlos. —Se sienten bastante bien. Creo que estoy listo.
Minho todavía estaba inclinado sobre su mochila en el suelo; observó a Thomas con
una mirada de asco. —Te ves como un idiota, dando saltos alrededor como una
shuck bailarina. Buena suerte allá fuera sin desayuno, ni lonchera, ni armas.
Thomas, que ya había dejado de moverse, sintió un escalofrío helado. —
¿Armas?
—Armas. —Minho se levantó y caminó de regreso al armario—. Ven aquí, te
mostraré.
Thomas siguió a Minho a la diminuta habitación y observó mientras él empujaba
unas cuantas cajas lejos de la pared de atrás. Debajo había una pequeña trampilla.
Minho la levantó, revelando un conjunto de escaleras de madera que llevaban a la
oscuridad. —Las ocultamos en el sótano para que shanks como Gally no las
encuentren. Vamos.
Minho fue primero. La escalera crujió con cada cambio de peso mientras
descendían la docena de escalones. El aire frío era refrescante, a pesar del polvo y
del fuerte aroma a moho.
Llegaron a un suelo sucio, y Thomas no podía ver nada hasta que Minho jaló una
cuerda y encendió una única bombilla.
La habitación era más grande de lo que Thomas había esperado, por lo menos diez
metros cuadrados. Repisas alineadas en las paredes, y había varias mesas de
madera de bloques; todo lo que estaba a la vista estaba cubierto con toda clase de
basura que le ponía los pelos de punta. Postes de madera, púas de metal, grandes
piezas de malla —como la que cubre un gallinero— rollos de alambre de púas,
sierras, cuchillos, espadas. Una pared completa estaba dedicada a arquería: arcos
de madera, flechas, cuerdas de recambio. Ver eso en seguida le recordó a Alby
disparándole a Ben en el Deadheads.
—Wow —murmuró Thomas, su voz era un sonido sordo en el espacio cerrado. Al
principio estaba aterrorizado de que necesitaran tantas armas, pero estaba aliviado
de ver que la gran mayoría estaban cubiertas con una gruesa capa de polvo.
—No usamos la mayoría de esto —dijo Minho—. Pero nunca se sabe. Todo lo que
generalmente llevamos con nosotros es un par de cuchillos afilados.El movió la cabeza hacia un gran tronco de madera en la esquina, su parte superior
abierta y apoyada contra la pared. Cuchillos de todas las formas y tamaños estaban
amontonados descuidadamente hasta la parte de arriba.
Thomas sólo esperaba que la habitación se mantuviera en secreto para la mayoría
de los habitantes del Claro. —Parece un poco peligroso tener todas estas cosas —
dijo—. ¿Qué pasa si Ben hubiese bajado aquí justo antes de que se volviera loco y
me atacara?
Minho sacó las llaves de su bolsillo y las agitó con un click-clack. —Sólo unos
cuantos afortunados tienen un set de éstas.
—Sin embargo…
—Deja de refunfuñar y agarra un par. Asegúrate de que estén bien y afilados. Luego
iremos a desayunar y a empacar nuestros almuerzos. Quiero pasar un rato en la
Habitación del Mapa antes de salir.
Thomas estaba emocionado por oír eso, siempre había tenido curiosidad por ese
pequeño edificio desde había visto por primera vez a un Corredor ir a través de su
amenazante puerta. Eligió una daga de plata corta con mango de goma, y otra con
una hoja larga negra. Su entusiasmo menguó un poco. Aunque sabía perfectamente
lo que vivía allá fuera, todavía no quería pensar por qué necesitaría armas para ir al
Laberinto.
Media hora después, alimentados y empacados, se pararon frente a la puerta de
metal remachada de la Habitación del Mapa. Thomas estaba ansioso por entrar. El
amanecer había estallado en toda su gloria, y los habitantes del Claro se
arremolinaban, preparándose para el día. El olor a tocino frito flotaba en el aire,
Frypan y su equipo tratando de mantenerse al día con las docenas de hambrientos
estómagos. Minho abrió la puerta, sujetó la manivela, y la movió hasta que desde
adentro sonó un audible click, luego jaló. Con chillido tambaleante, el trozo de
metal pesado se abrió.
—Después de ti —dijo Minho con una burlona inclinación.
Thomas entró sin decir nada. Un frío miedo, mezclado con una curiosidad intensa,
se apoderó de él, y tuvo que recordarse a sí mismo respirar.
La habitación oscura tenía un olor mohoso y húmedo, con una profunda esencia de
cobre, tan fuerte que casi podía probarla. Le vino a la cabeza un distante y
descolorido recuerdo de chupar monedas cuando era niño.
Minho golpeó un interruptor y varias hileras de luces fluorescentes parpadearonhasta que alcanzaron su máxima fuerza, mostrando con detalles la habitación.
Thomas estaba sorprendido por su simplicidad. Alrededor de veinte metros de
ancho, la Habitación del Mapa tenía paredes de concreto carentes de decoración.
Una mesa de madera estaba precisamente en el centro, ocho sillas metidas a su
alrededor. Pilas ordenadas de papeles y lápices estaban en la superficie de la mesa,
una por cada silla. Los únicos otros artículos en la habitación eran ocho troncos,
iguales al que contenía los cuchillos en el sótano de armas. Estaban cerrados,
separados igualmente, dos por pared.
—Bienvenido a la Habitación del Mapa —dijo Minho—. Un lugar tan feliz como el
que alguna vez pudiste visitar.
Thomas estaba ligeramente decepcionado, había esperado algo más profundo.
Respiró profundamente. —Lástima que huela como una mina de cobre
abandonada.
—A mí me gusta el olor. —Minho jaló dos sillas y se sentó en una de ellas—. Toma
asiento, quiero que tengas un par de imágenes en tu cabeza antes de que salgamos.
Mientras Thomas se sentaba, Minho agarró un pedazo de papel y un lápiz y
comenzó a dibujar.
Thomas se inclinó para poder ver mejor y vio que Minho había dibujado una caja
grande que llenaba casi la página entera. Luego la llenó con cajas más pequeñas
hasta que se veía casi igual a un tablero cerrado, tres filas de tres plazas, todas del
mismo tamaño. Escribió la palabra Claro en el medio, luego numeró los cuadrados
de afuera del uno al ocho, empezando en la esquina superior izquierda y
continuando en el sentido de la agujas del reloj. Por último, dibujó pequeñas
incisiones por aquí y por allá.
—Estas son las Puertas —dijo Minho—. Tú conoces las del Claro, pero hay cuatro
más en el Laberinto que llevan a las Secciones Uno, Tres, Cinco y Siete. Se
mantienen en el mismo sitio, pero la ruta allí cambia con el movimiento de las
paredes cada noche. —Él terminó, y luego deslizó el papel hasta frente a Thomas.
Thomas lo recogió, completamente fascinado de que el Laberinto estuviese tan
estructurado, y lo estudió mientras Minho seguía hablando.
—Así que tenemos El Claro, rodeado de ocho Secciones, cada una un cuadrado
completamente independiente e indescifrable en los dos años desde que
comenzamos este maldito juego. La única cosa que se aproxima a una salida es El
Acantilado, y eso no es una muy buena a menos de que te guste caer a una muertehorrible. —Minho le dio un golpecito al Mapa—Las paredes se mueven por todo el
shuck lugar cada noche, al mismo tiempo que nuestras Puertas se cierran. Al
menos, es cuando pensamos que ocurre, porque realmente nunca escuchamos
paredes moviéndose en otro momento.
Thomas miró hacia arriba, contento de poder ofrecer algo de información. —No vi
nada moverse la noche que nos quedamos atrapados allá fuera.
—Esos corredores principales justo afuera de las Puertas nunca cambian. Sólo
cambian los que están un poco más adentro.
—Oh. —Thomas regresó al mapa primitivo, tratando de visualizar el Laberinto y ver
paredes de rocas donde Minho había dibujado líneas.
—Nosotros siempre tenemos, por lo menos, ocho Corredores, incluyendo al
Guardián. Uno por cada Sección. Nos toma todo un día para recorrer nuestra área,
esperando, a pesar de todo, que haya una salida, luego regresamos y lo dibujamos,
una página separada para cada día. —Minho miró hacia uno de los troncos—. Es por
eso que esas cosas están llenas de shuck Mapas.
Thomas tuvo un deprimente —y atemorizante— pensamiento. —¿Estoy…
reemplazando a alguien? ¿Alguien fue asesinado?
Minho sacudió la cabeza. —No, sólo te estamos entrenando, probablemente
alguien quiera un descanso. No te preocupes, ha pasado bastante tiempo desde que
un Corredor fue asesinado.
Por algún motivo, ese último comentario preocupó a Thomas, pero esperó que no
se mostrara en su cara. Él apuntó a la Sección Tres. —Así que… ¿les toma todo un
día correr a través de estos pequeños cuadrados?
—Graciosísimo. —Minho se levantó y caminó hacia el tronco justo detrás de él, se
arrodilló, luego levantó la tapa y la apoyó contra la pared—. Ven aquí.
Thomas ya se había levantado; se inclinó sobre el hombro de Minho y observó. El
tronco era lo suficientemente largo como para que cuatro pilas de mapas cupieran
dentro, y cada una de las cuatro llegaba hasta la cima. Cada una de las que Thomas
podía ver eran muy similares: un boceto de un laberinto cuadrado, llenando casi
toda la página. En las esquinas superiores izquierdas, “Sección Ocho” fue
garabateado, seguido del nombre Hank, luego la palabra Día, seguida de un
número. El último decía que era el día 749.
Minho continuó. —Descubrimos que las paredes se movían desde el principio. Tan
pronto como lo hicimos, empezamos a seguirles la pista. Siempre pensamos quecomparando estos día tras día, semana tras semana, nos ayudaría a descifrar el
patrón. Y lo hicimos, básicamente los laberintos se repetían cada mes. Pero todavía
tenemos que ver que se abra una salida que nos lleve fuera del cuadrado. Nunca ha
habido una salida.
—Han pasado dos años —dijo Thomas—. ¿No han llegado a estar lo
suficientemente desesperados como para permanecer allí durante la noche, a ver si
tal vez algo se abre mientras las paredes se están moviendo?
Minho lo miró, y había un destello de ira en sus ojos. —Eso es un poco ofensivo,
amigo. En serio.
—¿Qué? —Thomas estaba sorprendido, no había pretendido que sonara así.
—Nos hemos estado rompiendo el trasero por los últimos dos años, y todo lo que
puedes preguntar es ¿por qué somos tan maricas como para no quedarnos allí
afuera durante la noche? Algunos lo intentaron al principio, todos ellos aparecieron
muertos. ¿Quieres pasar una noche allá afuera? Te gustan tus probabilidades de
sobrevivir de nuevo, ¿no?
La cara de Thomas enrojeció de vergüenza. —No. Lo lamento. —
Repentinamente se sintió como un pedazo de mierda. Y desde luego concordó, él a
lo mucho prefería regresar sano y salvo al Claro cada noche, que asegurarse otra
batalla más con los Grievers. Se estremeció con el pensamiento.
—Sí, bueno. —Minho regresó su mirada a los Mapas en el tronco, para el alivio de
Thomas—. La vida en el Claro tal vez no sea tan dulce, pero al menos es segura.
Bastante comida y protección contra los Grievers. No hay forma ni manera de que
les pidamos a los Corredores que se arriesguen quedándose allí afuera, de ninguna
manera. Al menos no todavía. No hasta que algo en estos patrones nos dé una pista
de que una salida tal vez aparezca, aunque sea temporalmente.
—¿Están cerca? ¿Algún progreso?
Minho se encogió de hombros. —No lo sé. Es un poco deprimente, pero no
sabemos qué más hacer. No podemos correr el riesgo de que un día, en un lugar, en
alguna parte, una salida pueda aparecer. No podemos rendirnos. Nunca.
Thomas asintió, aliviado por la actitud. Sin importar que tan malas fueran las cosas,
rendirse sólo las empeoraría.
Minho sacó varias hojas de los troncos, los Mapas de los últimos días. A medida que
los hojeaba, le explicó, —Los comparamos día tras día, semana tras semana, mes
tras mes, tal como te decía. Cada Corredor está a cargo del Mapa de su propiaSección. Si te soy honesto, no hemos descubierto ni jota. Y aún más honesto, no
sabemos qué es lo que estamos buscando. Realmente apesta, amigo. Maldita sea,
realmente apesta.
—Pero no podemos rendirnos —dijo Thomas en un tono tranquilo, en una
repetición resignada de lo Minho había dicho antes. Él había dicho “nosotros” sin
siquiera pensarlo, y se dio cuenta de que ahora era realmente parte del Claro.
—Muy bien, hermano. No podemos rendirnos. —Minho devolvió los papeles
cuidadosamente, cerró el tronco, y se levantó—. Bueno, tenemos que darnos prisa
ya que nos tardamos aquí, tú sólo me estarás siguiendo durante tus primeros días.
¿Listo?
Thomas sintió un hilo de nerviosismo apretarse en su interior, pellizcando sus
entrañas. Realmente estaba allí, iban en serio ahora, no más hablar o pensar en
ello. —Um… sí.
—Nada de ‘ums’ por aquí. ¿Estás listo o no?
Thomas miró a Minho, e igualó su dura mirada. —Estoy listo.
—Entonces vamos a correr.Capítulo 33
Pasaron por la puerta Oeste en la Sección Ocho, y se abrieron paso al final de varios
pasillos, Thomas estaba junto a Minho, que no paraba de caminar de un lado para
otro todo el rato. Las primeras luces de la mañana hacían que todo se viera más
nítido y brillante, la hiedra, las paredes agrietadas, los bloques de piedra de la
tierra. Ellos por fin llegaron a una entrada sin una puerta. —Esto nos conduce a la
Sección Ocho, como dije este paso es siempre el mismo punto, pero la ruta aquí
podría ser un poco diferente.
Thomas le siguió, sorprendido de lo pesada que su respiración se había vuelto ya, el
solo esperaba que fuera por los nervios. Ellos corrieron por un largo pasillo a la
derecha, pasando varias vueltas a la izquierda. Cuando llegaron al final del paso,
Minho redujo la marcha y saco una libreta y un lápiz de un bolsillo lateral de su
mochila. Él apuntó una nota. Thomas se preguntó lo que había escrito, pero Minho
le respondió antes de que pudiera formular la pregunta.
—Confío… sobre todo en la memoria —resopló Minho—. Pero cuando damos más
de quince vueltas, anoto algo que nos puede ayudar para más tarde, así puedo usar
el mapa de ayer con el de hoy.
Corrieron por un corto tiempo antes de llegar a una intersección. Tuvieron tres
opciones posibles, pero Minho fue a la derecha sin vacilar. Mientras lo hacía, sacó
uno de sus cuchillos del bolsillo y, sin perder el ritmo, cortó un pedazo grande de la
hiedra de la pared. La tiró en el suelo detrás de él y siguió corriendo.
—¿Migaja de pan? —preguntó Thomas, un viejo cuento de hadas apareció en su
mente.
—Sí migajas —Contestó Minho—. Yo soy Hansel, y tú eres Gretel.
Ellos siguieron su curso en el laberinto, a veces giraban a la derecha y otras a la
izquierda. Después de cada vuelta, Minho corta y deja caer un pedazo de hiedra de
tres pies de largo, Thomas estaba impresionado ya que Minho no tenía que reducir
la velocidad para hacer todo eso.
—Está bien —dijo Minho con la respiración un poco acelerada—. Ahora es tu turno.
—¿Qué? —Thomas no había esperado hacer otra cosa que correr desde el primer
día.—Corta la Hiedra, ahora tienes que aprender hacerlo a la carrera, cuando estemos
de regreso lo recogemos o sólo lo quitamos del camino.
Thomas era más feliz de lo que pensaba que estaría en tener algo que hacer,
aunque le tomó un tiempo para ser bueno en eso. Al principio le costaba poder
cortar la hiedra, pero al tiempo casi podría emparejar el trabajo con el de Minho.
Después de un rato corriendo Thomas no sabía cuánto habían avanzado o cuánto
les faltaba, Minho redujo la marcha para después parar completamente. —Tiempo
de descansar —Y saco de su mochila una manzana y una botella de agua.
Thomas siguió el ejemplo de Minho y saco su agua dio un trago y se lavo la cara.
—¡Más despacio! —gritó Minho—. Trata de guardar un poco para más tarde.
Thomas dejó de beber, respiró satisfecho grande, luego eructó. Él le dio un
mordisco de su manzana, sintiéndose sorprendentemente fresco. Por alguna razón,
su pensamiento se volvió hacia el día en que Minho y Alby habían ido a buscar a los
Griever. —Tú nunca me dijiste lo que le paso a Alby ese día, por qué estaba en tan
mal estado. Obviamente, el Griever despertó, pero ¿qué pasó?
Minho se puso su mochila listo para irse, —Bueno, la cosa no estaba muerta y Alby
el muy idiota lo empujo con su pie, y el chico malo de repente saltó a la vida, este
no peleaba como debería, parecía que lo único que le importaba era salir de ahí, y
Alby estaba en su camino.
—¿Así que se escapó de ustedes? —Por lo que Thomas había visto sólo unas noches
antes, él no podía imaginárselo.
Minho se encogió de hombros. —Sí, supongo que tal vez necesitaba obtener
recarga o algo así. No lo sé.
—¿Qué le pudo haber pasado?, ¿Has visto a una lesión o algo? —Thomas no sabía
qué tipo de respuesta buscaba, pero estaba seguro que tenía que ser una pista o
una lección que aprender de lo sucedido.
Minho pensó por un minuto. —No, sólo parecía estar muerto, y de repente volvió a
la vida.
La mente de Thomas se revolvía, tratando de ponerse en algún sitio, sólo que no
sabía a dónde o en qué dirección. —Sólo me pregunto ¿a dónde fue?, ¿donde es
que ellos van? —Él guardó silencio durante un segundo, entonces—. ¿No has
pensado alguna vez en seguirlos?
—Hombre tú tienes ganas de morir ¿verdad?, vamos tenemos que irnos ya —y
entonces Minho empezó a correr.Thomas no podía dejar de pensar en el asunto, ¿el Griever estaba muerto en un
momento, y de repente estaba con vida?, donde se fue cuando se escapo.
Thomas corrió como más de dos horas, tomando unos pequeños descansos que
parecían no durar mucho. Finalmente Minho se detuvo y se quito la mochila una
vez más, se sentaron en la tierra mientras se disponían a comer, ninguno de ellos
habló mucho, Thomas disfrutaba cada bocado de su sándwich y verduras, comía lo
más lentamente posible. Él sabía que cuando terminara Minho diría para seguir, así
que se tomo todo el tiempo que pudo.
—¿Algo diferente hoy? —Thomas preguntó, curioso.
Minho le dio unas palmaditas su mochila, donde sus notas estaban, —
Solamente los movimientos habituales de la pared. Nada para que tu trasero flaco
se entusiasme.
Thomas tomó un largo trago de agua, mirando a la pared cubierta de hiedra frente
a ellos. Captó un destello de plata y rojo, algo que él había visto más de una vez ese
día.
—¿Cuál es el trato con las hojas del escarabajo? —El preguntó. Ellos parecen estar
por todas partes. Entonces Thomas recordó lo que él había visto en el Laberinto,
había pasado tanto que él no había tenido la posibilidad para mencionarlo—. ¿Y por
qué tienen la palabra ‘malvado’ escrita sobre sus espaldas?
—Nunca he podido coger una —Minho terminó su comida y guardo la caja de
almuerzo—. Y no sabemos lo que aquella palabra quiere decir probablemente sólo
es algo para asustarnos. Pero ellos tienen que ser espías.
—¿Quiénes son ellos de todos modos? —preguntó Thomas, listo para más
respuestas. Odiaba a la gente detrás del laberinto—. ¿Alguien tiene una pista?
—No sabemos nada de los estúpidos creadores —La cara de Minho se puso roja por
el enojo—. No puedo esperar para romper su…
Antes de que Minho pudiera terminar, Thomas se puso en pie de un salto. —¿Qué
es eso? —El interrumpió, dirigiéndose a una luz tenue embotada de color gris que él
acababa de notar detrás de la hiedra sobre la pared.
—Oh, sí, eso —dijo Minho, su voz por completo indiferente.
Thomas se acercó para poder mirar, detrás de la pared de hiedra, un cuadrado de
metal clavado en la piedra con palabras escritas en letras a través de ella.
MUNDO EN CATÁSTROFE:
DEPARTAMENTO DE EXPERIMENTO DE LA ZONA MUERTALeyó las palabras en voz alta, y luego miro a Minho. —¿Qué es esto? —Le dio un
escalofrío, tenía que tener algo que ver con los Creadores.
—No lo sé, ellos están por todos lados, dejé de tomarme la molestia de mirar hace
mucho tiempo.
Thomas volvió a mirar en la señal, tratando de reprimir la sensación de muerte que
se había levantado en su interior. —No hay nada aquí que suene muy bien.
Catástrofe. Experimento. Muy bonito.
—Sí, es muy agradable, Greenie. Vámonos.
De mala gana Thomas tomo su mochila, y las palabras del muro quemaban su
mente.
Después de una hora Minho paro a lo largo de un pasillo, la paredes eran sólidas y
sin más pasillos para desviarse.
—El último callejón sin salida —Le dijo a Thomas—. Es hora de volver.
Thomas respiro profundo, tratando de no pensar en todo el camino que hicieron en
el día. —¿Nada nuevo?
—Sólo cambiamos de camino para llegar —Contestó Minho mientras miraba su
reloj—. Ya es tiempo de volver —Sin esperar una respuesta, el custodio se volvió y
salió a correr en la dirección de la que acababa de venir.
Thomas se frustro por no poder examinar las paredes un poco más, se apresuro
para seguir a Minho, —Pero…
—Sólo tienes que tener cuidado amigo, recuerda lo que te dije antes. No puedes
correr el riesgo. Además piensa en ello ¿De verdad crees que hay una salida
secreta?, o una salida por alguna parte, o algo parecido.
—No sé... tal vez. ¿Por qué lo preguntas de esa manera?
Minho negó con la cabeza —No hay salida, es más de lo mismo. Una pared es una
pared, sólida.
Thomas sintió la verdad pesada de ello, pero la aparto de todos modos. —¿Cómo
lo sabes?
—Esa gente está dispuesta a enviar Grievers detrás de nosotros, eso significa que
no hay salida fácil.
Esto hizo que Thomas dudara por un momento. —¿Entonces por qué te molestas en
venir hasta aquí?
Minho se volvió a Thomas. —¿Por qué me molesto?, para estar aquí debe haber
una razón, si tú crees que vamos a encontrar una pequeña puerta que nos lleve a laCuidad Feliz, entonces eres un idiota.
Thomas miró hacia delante, sintiéndose tan desesperado. —Esto apesta.
—Es lo más inteligente que has dicho Greenie.
Minho suspiro y siguió corriendo, Thomas hizo lo único que sabía hacer, y lo siguió.
El resto del día fue agotador para Thomas. Minho y él volvieron al Claro, escribió
encima de la ruta de laberinto del día, y lo comparo con el del día anterior.
Después se pusieron a descansar, Minho trato de hablar con él varias veces pero
Thomas solo podía asentir y mover la cabeza. El estaba tan cansado.
Antes de anochecer se acurrucó contra la hiedra, preguntándose si alguna vez
podría correr de nuevo. Se preguntaba cómo podría hacer lo mismo mañana. Sobre
todo cuando parecía tan inútil. La promesa a sí mismo para reunir a Chuck con su
familia, todo, se desvaneció. Él estaba en algún sitio muy cerca del sueño cuando
una voz habló en su cabeza, una voz bonita, femenina, que sonaba como si viniera
de una diosa atrapada en su cráneo. A la mañana siguiente, se preguntaría si la voz
había sido real o parte de un sueño. Pero él recordaba cada palabra:
Tom, yo he activado el final.